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Me ha dado un aire

20 Mar

Por San José amainó la furia de marzo ventoso. Que haga viento en este mes es lo propio para que nos salga un mayo florido, hermoso… y alérgico. Yo, como estoy bajo el signo de la primavera, me libro todavía de los estornudos.

Se ve que el Santo Patriarca se mueve bien en el soplo del Espíritu. Le pasa como a Elías, que por sensible, encontró a Dios en un airecillo suave. Llegada su fiesta, calló el vendaval. Pero ya se sabe que cuando en marzo mayea… Los discípulos en el cenáculo tuvieron que soportar un ventarrón de espanto que abrió puertas y ventanas para enterarse de la Resurrección. Y a mí me haría falta una traca valenciana.

Me hubiera gustado que el levante me trajera un cohete de castillo de fuegos de Valencia. Hace mucho que no voy por allí. Ya sabéis que soy medio valenciana y medio gaditana. Una vez alguien me dijo en el transcurso de un almuerzo: “¿eres valenciana?”. “Casi sí, ¿cómo lo sabes?”. “Porque lo primero que te comes de la paella es el arroz, como los valencianos”. Y hace poco, al decir que pasé mi infancia allí, me urgieron: “¿Pero te vestiste de fallera?” “Sí, un año”. “Entonces, vale; eres valenciana”.

El aire es la materia más próxima al espíritu: el pneuma. Y la más voluble e imprevisible, como esta entrada que está resultando un papelillo conducido por el viento caprichoso. “La donna è mobile”, ya se sabe, aunque ahora dudo que pudiera componerse algo así sin arriesgarse a recibir las furias de las feministas. Pero es verdad, que a veces a las mujeres nos pasa como al viento de estos días: que en Cádiz se llama de levante y en Valencia, de poniente. Está claro que, con mis orígenes levantino-sureños, corro serio peligro de perder el norte. Que San José me proteja.