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RR.MM

5 Ene

Hace un par de días por una calle peatonal de Sevilla rematábamos algunas compras. Era un día desapacible y yo llevaba un abrigo largo y un poco mágico que por fuera es como una paleta de colores y por dentro como un oso de peluche.

Andábamos deprisa por la urgencia y por el frío. Las calles del centro parecían ríos a punto de desbordar. De cuando en cuando la corriente se arremolinaba en un recodo sin que supiésemos porqué hasta que llegaba a nuestros oídos el zumbido telúrico de un cuerno tibetano o adivinábamos los pasos de tango de una pareja de bailarines.

En esas, saqué el teléfono para hacer una consulta. El rumor era creciente, como de cascada, y alcé la voz. ¡Oye!, que he salido a comprar regalos de Reyes… Delante de mí una niña de unos cuatro años se volvió y me miró con ojos de espanto.

Aún no sé si rompí el encanto de su fe o si se pensó que era un paje de Sus Majestades. Quiero imaginar que el abrigo ayudó a lo segundo, porque si no me espera una buena de los Reyes Magos cuando lleguen esta noche. Hay cosas que son sagradas.

Al mediar la noche su carrera…

30 Dic

Qué hermosas prosopopeyas en la antífona de entrada de la Misa de hoy: “Un silencio lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos”. Y en el salmo, “Alégrese el cielo y goce la tierra”. Viene a la imaginación la serena vigilia de Belén apenas rota por las esquilas de las ovejas y los pasos apresurados de los pastores.

 Y qué susto morrocotudo, al hallar el origen del texto en el libro de la Sabiduría (18, 14-15):  “(…) Tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable, se detuvo y sembró la muerte por doquier; y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra”.

En el pesebre, sobre pajas doradas, al contraluz de la lumbre, duerme el que dirá que no ha venido a traer la paz a la tierra sino la espada. Extraña paradoja. Chesterton la clava:

 ¡Oid! La risa despierta como un león
Y ruge sobre la llanura que resuena;
el cielo entero grita y se estremece,
porque Dios mismo ha nacido de nuevo,
y nosotros somos niños que andan
A través de la nieve y de la lluvia.

 Se nos olvida que la Encarnación del Verbo continúa removiendo los cimientos de los déspotas. Herodes lo sabe y tiembla pero, aunque sea un cretino, es más sincero que los tiranos de hoy que nos contagian su buenismo laico ahíto de paz, concordia y armonía mundiales. Al menos él reconoce el poder del Niño aunque busque aniquilarlo.

Nosotros continuemos caminando hacia Belén… sin miedo a las inclemencias del tiempo presente.

Minuto de Teozoología, de d’Ors

28 Dic

(…)

Pero, con mi respeto

para la Teología, aquí no acaba todo;

aquí falta

un minuto de lo que se debiera,

con todo mi respeto, llamar Teozoología.

Sí, que al buey y a la mula que allí estaban, oscuros,

alguien debió de darles también algún aviso,

pues ya veis – caso raro de veras – que, en lugar

de alborotarse trompicando en la penumbra,

todo pezuñas, costaladas y bufidos,

ante aquella invasión de su tibio descanso,

se quedaron echados, rindieron los testuces

y con algo que era casi amor, enfocaron

el vaho de sus morros hacia aquel puñadito

de carne sonrosada y llorona.

Si pienso

qué hubiera sucedido si a Dios aquella noche

le falta aquel aliento, que fue como una manta

de ternura gaseosa; lo distinta que pudo

haber sido la vida de los hombres, 

concluyo

que la mula y el buey – benditos para siempre

ellos y sus estirpes-, a su modo, sabían

lo que estaban haciendo. Lo que estaba naciendo.

 

D’ORS, M., Sol de Noviembre, Sevilla 2005, pp. 70 – 71.

 

(y a pie de página de esta teozoología digo yo que qué bueno es Dios que quiere que aun los más testarudos tengamos nuestro hueco y nuestra misión en el Portal).

Feliz Navidad

24 Dic
Detalle de la Navidad en La Sagrada Familia de Gaudí

Detalle de la Navidad en La Sagrada Familia de Gaudí

“En este episodio de la naturaleza humana, que es el Nacimiento, hay un carácter individual y peculiarísimo, algo psicológicamente sustancial, que no puede interpretarse como una mera leyenda o la simple historia de la vida de un gran hombre. Porque no inclina nuestras mentes, sistemáticamente, a la grandeza, hacia esa admiración ampulosa y exagerada de los reyes y de los dioses, a que, en todas las edades, se encontró propicia la mente humana, sino que es algo consustancial en
nosotros, que nos sorprende desde dentro de nuestro propio ser, como si, explorando nuestra habitación espiritual, diéramos, de pronto, con un aposento ignorado hasta entonces, del que saliera una clara luminosidad.
Algo que, aun a los más endurecidos corazones, traiciona con una irresistible atracción hacia el bien. Algo que no está hecho con lo que el mundo llamaría “materia fuerte”. Algo que es todo lo que hay en nosotros de ternura eterna.
Algo que es la palabra rota y la razón perdida, que se concretan y se hacen positivas. Algo por lo que los reyes exóticos llegaron de un país lejano y por lo que los pastores dejaron sus correrías por la montaña, y por lo que la noche y la caverna imperaron solas, recibiendo algo que era más humano que la Humanidad misma.

(G.K. Chesterton, El hombre eterno, LEA, Bs. As., 1987, pp. 201-221)

Nada nuevo bajo el sol

5 Ene

“La Navidad, que en el siglo XVII tuvo que ser rescatada de la tristeza, tiene que ser rescatada en el siglo XX de la frivolidad.

La Navidad, como tantas otras creaciones cristianas y católicas, es una boda. Es la boda del más indómito espíritu de gozo humano con el más elevado espíritu de humildad y sentido místico. Y el nuevo peligro que amenaza la Navidad es el mismo que hace tiempo ha vulgarizado y viciado las bodas. (…)

De manera parecida la gente está perdiendo el poder gozar de la Navidad porque la han identificado con el regocijo. (…)

Que se nos diga que nos alegramos el día de Navidad es razonable e inteligente, si se entiende el nombre de la fiesta. Que se nos diga que nos alegramos en un 25 de diciembre es como si alguien nos dijera que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana.

No se puede empezar una francachela para celebrar un milagro del que se sabe que no es más que un engaño de milagro. El resultado de desechar el aspecto divino de la Navidad y de exigir sólo el humano es que se exige demasiado de la naturaleza humana. Es pedir a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar.

Nuestra tarea hoy día consiste por lo tanto en rescatar la festividad de la frivolidad. Esa es la única manera en la que volverá de nuevo a ser festiva.

El buzón de Gilbert

Querido Señor Chesterton:

¿No le parece que los únicos que, de verdad, disfrutan de la Navidad son los niños, porque hay turrón y regalos?

Firmado: Un lector

Querido lector:

Algunas veces festejan con exceso en lo que se refiere a comer una tarta o un pavo, pero no hay nunca nada frívolo en su actitud hacia la tarta o el pavo o con respecto a los Reyes Magos. Los niños poseen el sentido serio de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre.

Firmado: Su amigo G.K. Chesterton”

 

(G.K. Chesterton. Fragmentos de El nuevo ataque contra la Navidad, 1925)

 

Per víscera misericórdiae Dei nostri

29 Dic

Quinto día de la infraoctava de Navidad. Como en Pascua, es tal la bulla en el Cielo que la tierra se contagia de eternidad y los días en vez de tener 24 horas tienen 192. Y por ponerle un tope y no perder el carácter histórico de la Encarnación del Verbo, que si no estaríamos cantando villancicos todos los días del año, porque a ver si no nace Dios cada día en cada misa, en cada alma que se abre a la gracia, en cada niño que se bautiza, en cada obra bien hecha.

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado el Sol que nace de lo alto” reza la antífona de Comunión de hoy. Es bonito, pero en latín es mucho más impresionante, más carnal, diría: “Per víscera misericórdiae Dei nostri, visitávit nos Oriens ex alto”.

Cuando Dios habla de su Amor por el hombre habla desde el corazón, las vísceras, los riñones. Al traducir, lo englobamos en el término entrañable y nos quedamos tan contentos con ese tono menor y sentimental. Pero el texto habla de las entrañas de Dios, del Logos, de la Palabra de Dios, de su Inteligencia creadora. Y eso es revolucionario y escandaloso.

“Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios”. Palabras de San Agustín que recordaba ayer el comentarista en la Misa de las familias de Colón. Qué distinto de aquel “Seréis como dioses” que sigue siendo la tentación del hombre moderno ante el árbol de la ciencia del bien y del mal, ante el árbol de la vida.

 

Javier Prades en Dios salve la razón dice:

 “la razón no puede reflexionar si no descubre su relación necesaria con la unidad e integridad de la experiencia humana. Existe un vínculo insoluble entre el orden de la razón, expresado en el lenguaje racional, y el orden del deseo que impulsa y provoca a la razón a su apertura a la realidad. Aquí aparecería el camino de reconciliación de la esfera de la razón, la esfera afectiva-volitiva (deseo) y la corporalidad, como primera instancia para salvar una verdadera reflexividad de la razón y una verdadera apertura de sus preguntas, más allá del encerramiento de la razón sobre sí misma. Si queremos salvar la razón lo primero que hay que recuperar es la unidad de la experiencia humana en todas sus dimensiones”.  

Ahí es todo. Ante la razón pura, encerrada en sí misma, consumida y ahogada, la Razón encarnada en un niño necesitado de cariño que tirita entre las pajas de un pesebre.