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Reflexión post-electoral

10 Mar

Un gato funambulista pasea sus andares por la guía de la lona de la pérgola. Se ha parado sobre el travesaño metálico y mira hacia abajo muy fijo, con el lomo arqueado y tenso. 

Es el primer gato de la temporada y me alegro de que sea negro y de que haya venido a verme o a dejarse ver en un día plomizo y desguarnecido. Me consuela y me da tema de conversación hoy que, por prurito periodístico, hay que decir algo para no dejar la reflexión pre-electoral colgada de su soga hasta dentro de cuatro años que es lo que me sale del cuerpo en estos momentos: dejar a los muertos que entierren a sus muertos.

Hoy es muy lunes de resaca post-electoral. No quiero añadir más valoraciones. Ojeras, cansancio, depresión. Esto no lo arregla Bourjois “efecto 10 horas de sueño”, Adaldrida. Me duele hasta la piel. Soy Tauro, que es lo mismo que decir que soy española por los cuatro costados: el norte, el sur, el este y el oeste. Y me pesa el sur, sobre todo. Este sur que se hunde en su folklore y en su desidia, aunque Antonio Burgos en su pregón de ayer se atreva a decir:

“En estos tiempos del relativismo que ha borrado las fronteras entre el bien y el mal; del laicismo de una sociedad que niega todos los valores y principios morales y éticos, y se burla de la religión, y la desprecia, y la margina en los colegios… En una España que pone en duda la tradición de su fe, Sevilla, saliendo en masa a ver sus cofradías, emocionándose ante un Crucificado, conmoviéndose con el andar humano de un Cristo Nazareno, diciéndole a una Virgen sencillamente la oración sin palabras de unas lágrimas… En estos ritos no aprendidos que traemos en la masa de la sangre, el pueblo llano y soberano de Sevilla proclama colectivamente el sentimiento y la emoción de su fe, la cercanía familiar de lo divino”.

No me consuela la idisincrasia andaluza, Antonio, este a Dios rogando sin dar palo al agua, ni martillo al clavo, esta fe un tanto fiducial, en la que caben la saeta y el cobro de las peonás no trabajadas; la levantá y la llave de la cámara de los horrores; Y sin embargo hoy me agarro a ella, como el gato negro se aferra a su travesaño mientras mira con espanto el vacío de cuatro años por delante.

No ha terminado la Cuaresma y el azahar rompe la vigilia con sus excesos. Son las cosas de esta ciudad, de este pueblo andaluz:

“¿Que por qué la Semana Santa aquí no es triste? Pues porque hemos visto muchas veces esta película, usted. Siglos la llevamos viendo. Y sabemos que termina bien. Vamos, divinamente, porque es cosa de Dios. Sabemos que aunque lo pase muy malamente, al final, el bueno, el Muchacho, el Hijo de la Señora Guapa, gana y se sale con la suya, que es morir para salvarnos. Y que después, además, resucita el Domingo: en Santa Marina concretamente. Y si sabemos que la película tiene un final feliz, ¿a qué ponernos tan tristes y tomarnos las cosas por la tremenda como en Castilla?”.

  Sí, éste es el único consuelo verdadero. El mundo no es de la derecha ni de la izquierda, el mundo es de Dios, pero Dios lo alquila a los valientes. Aquí no vale vivir de okupa ni de las rentas de señorito andaluz latifundista. Hay que trabajar la tierra con las manos, porque hay muchas bocas ávidas de verdad, de dignidad, de libertad: “la libertad con que Cristo nos ha liberado”. 

Miro a la pérgola de nuevo. No queda rastro del gato negro. Me pregunto si habrá caído de pie o, por el contrario, habrá consumido alguna de sus siete vidas.

Hijos de Cabra

13 Feb

Me contaba una cordobesa lo acontecido durante un discurso que Franco pronunció con motivo de las fiestas patronales de nuestra Señora de la Sierra de Cabra.

El municipio cordobés siempre da mucho juego. Yo recordaba lo de los egabrenses de Solís, pero esto, la verdad, no lo había oído en la vida, y aún me cabe duda de que no sea una invención maliciosa.  

Se dirigía el Generalísimo a los devotos momentos antes de comenzar la Romería y, ya en el culmen de su intervención, cuando el pueblo apenas podía contener el aliento y el fervor, remató con genial aplomo:   

“Y ahora, hijos de Cabra, id al monte a saludar a vuestra Madre”.      

La anécdota o chascarrillo –que algún entendido lo confirme- me hizo muchísima gracia y ya he comenzado a aplicarla en su vertiente jocosa y nada irreverente, con muy buenos resultados. Hoy, sin ir más lejos, al saber de la perorata de ZP en la antigua iglesia de San Pedro Mártir de Toledo, ante un crucifijo y bajo el lema “Razones para creer”. (Debería de aprender el presidente de sus antecesores lo arriesgado de mezclar churras con merinas, ovejas con cabritos, y lo mundano con lo celeste).  

A partir de ahora cuando algún episodio político me levante el estómago y me hunda la moral, en lugar de desquitarme con palabras gruesas y malsonantes, utilizaré la frase de marras, que, además de ser sugerente y fina le deja a un espíritu libre como el mío un gustirrinín de licencia transgresora, políticamente incorrecta y hasta escandalosa.   

Hijos de Cabra… –y que me perdonen los egabrenses.

Greatest hits “Gibraltareña” (nv)

13 Feb

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El último grito musical en Londres es una versión actualizada de aquella canción de Los Tres Sudamericanos que hizo furor en España a finales de los sesenta y que ahora se baila con frenesí hasta en el 10 de Downing Street.   

De aceite y de chapapote se viste el mar
hay risas en las casitas de Whitehall.
Narbona mostró el camino de la verdad
por eso le estoy cantando a su libertad.
 

 Gibraltareña, gibraltareña
fueron muchas noches las que soñamos
con nuestro amor.

Gibraltareña, gibraltareña
cruzaré tus aguas para besarte
junto al peñón.


Ole, ole y olé, ole, ole y olé
hundido con el New Flame brindaré.

Zeja, zeja

11 Feb

zapatero3.jpg Cejar o no cejar (*), esa es la cuestión. 

(*) DRAE: intr. Aflojar o ceder en un empeño o una determinación.

Los 40 del príncipe

30 Ene

Las niñas de mi generación soñábamos con casarnos con el príncipe. Lo hacíamos en contra de la opinión de nuestros padres, fueran monárquicos o franquistas. Los unos porque pensaban que a príncipe le corresponde princesa y los otros, por considerarlo un mal menor de la sacrosanta dictadura.  

Supongo que las niñas procedentes de familia republicana, soñarían con destinos plebeyos, aunque tengo dudas, porque la imaginería infantil es terca y seguro que más de una desearía secretamente un descendiente de sangre azul, como anhelarían la llegada de los Reyes Magos cada 6 de enero. 

Nosotras, las niñas españolas de los años 70, teníamos príncipe, el príncipe de todos los cuentos pero en carne mortal, que nos sacaba los años suficientes como para jugar a ser bellas durmientes del bosque a la espera de un beso principesco. Las madres, más comprensivas, por madres y por mujeres, daban alas a nuestras quimeras y decían por lo bajo cuando nadie las veía: ¡A que es guapo el príncipe! 

En nuestra adolescencia y primera juventud crecimos a la sombra cada vez más alargada de Felipe. Con los años, el tiempo fue cincelando angulosidades en aquella belleza angelical y oscureciendo sus cabellos dorados y sus ojos azules. Pero seguía siendo una promesa aunque su gesto se agravase. El príncipe ya no era tan guapo como antes y estaba triste como una versión femenina del poema de Rubén Darío.  

Preso en sus oros y en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real no quería sangre azul sino roja, común y corriente. Que la sangre azul es venosa y perjudicial para la salud.  

Al príncipe Felipe le agobió el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas. Y al final, después de varios intentos que ocuparon las portadas de cuché, el zapatito de cristal encajó en el pie de una periodista de mundo, que dio también que hablar pero ventiló las estancias palaciegas, y al cabo le ha dado dos hijas y la felicidad.  

Las niñas de los 70 -algunas al menos- nos sentimos representadas en aquella periodista, aunque no ocuparíamos su lugar por nada del mundo, ni en palacio ni en el estrecho tallaje de su vestuario.

La monarquía a estas alturas ni nos quita el sueño ni nos hace confiar en exceso; el rey, como conviene a toda democracia parlamentaria, ni reina ni gobierna, aunque a veces cumple cierto papel en la defensa de los derechos de la patria, mandando a callar si hiciera falta.

Pero, a pesar de que la época de los sueños acabó hace mucho, las niñas de los 70 no podemos evitar cierto sabor amargo al ver los titulares de los periódicos de hoy que nos recuerdan que también nosotras vamos camino de los cuarenta.

Y eso ¡ay! resulta demasiado realista.

Sin comentarios

10 Ene

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ZP y los conejos de Doñana

26 Dic

Zapatero pasa estos días de Navidad en el Palacio de las Marismillas de Doñana, lugar pródigo en oryctolagus.

Yo acudí una vez a este lugar, a una rueda de prensa, cuando era ministra de Medio Ambiente Isabel Tocino y se merendaba a los periodistas con ademanes felinos: “Esa pregunta carece de fundamento, otra por favor”.

Llegamos en jeep dando botes entre dunas pobladas de enebros y estuvimos todo el día sin cobertura, cosa que entusiasmó a los colegas de la radio y la televisión. Los de prensa, en cambio, disfrutamos como jabatos del día de excursión, llegamos a media tarde, hicimos nuestra crónica, y a casa.

De las Marismillas, en pleno corazón del parque nacional, muy cerca ya de la desembocadura del Guadalquivir, sólo recuerdo los váteres de porcelana decorados con flores de los cuartos de baño, no sé porqué.

La historia del palacio está muy ligada a las de los reyes y presidentes de gobierno. A principios del siglo XX el rey Alfonso XIII ya cazaba en sus inmediaciones. No sé cuáles serían las preferencias del soberano. Supongo que no la caza menor. Allí hay ciervos, jabalíes, gamos…, ejemplares soberbios a los que orientar el punto de mira.

Desde entonces han pasado sus periodos de asueto ilustres mandatarios: Tony, Blair, Lionel Jospin, Vicente Fox, Andrés Pastrana, Helmut Kohl, etc.

Las Marismillas es lugar conciliador y democrático. Ha sido destino predilecto de Felipe González y de José María Aznar, que se encargó de convertirlo en residencia, aunque creo que quien más lo está disfrutando es ZP, ya que es la cuarta vez consecutiva que viene con su familia.

Pero se ve también que la afición cinegética se está devaluando. Ahora los presidentes cazan conejos por indicación de Solbes, que es lo más coherente para reducir el gasto público, aunque no sé si lo más ecológico, habida cuenta de que constituyen la dieta básica de los linces y las águilas y que su escasez motivó este verano una suelta de 15.000 ejemplares. Además, la última vez que vino ZP dejó a la comarca sin guardia civil y sin protección contraincendios.

Dice la prensa que al llegar ayer tarde a Doñana, el presidente acudió a un conocido restaurante y preguntó al propietario por su familia y por la celebración de las fiestas navideñas. Supongo que también se interesaría por el menú y que no dejaría propina.