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Contemplaciones

5 Mar

Vuelta al bullicio después de un largo fin de semana en el Aljarafe sevillano. La vida se impuso a las promesas infundadas de soledad, estudio sereno, trabajo y lecturas. 

Allá me fui pertrechada con el ordenador, varios libros (“Maestro Huidobro, de Jiménez Lozano; “Dos ciudades”, de Adam Zagajewski; “Cuentos completos”, de Flannery O’Connor; “El silencio creador”, de Delclaux; “El misterio del Bellona club”, de Dorothy Sayers);  varios artículos de interés, apuntes…Ilusa de mí. Nadie más que yo me hizo esas promesas de feliz sosiego. Siempre igual, sin acabar de comprender que los deseos, como las mentiras, tienen las patas cortas. Pero es preciso mantener la ilusión para progresar, aun a riesgo de verse tentado por la frustración.  La vuelta a lo cotidiano me muestra entre las hojas atrasadas del periódico que en el mundo las cosas no mejoraron, que el mirlo no interrumpió sus silbos burlones, pero también que mis amigos fueron fieles a pesar de mi silencio. Finalmente la realidad y sus exigencias dejaron saldo positivo en el corazón y unas intuiciones felices que quizá acaben en historia.Y la terquedad me permitió terminar “Maestro Huidobro” y leerme varios cuentos y artículos sueltos con ideas muy sugerentes:  

“Sto Tomás dice que  la certeza del pensar se apoya en lo que nosotros inmediatamente vemos; pero la ineludibilidad del pensar se basa en el fallo de la facultad de intuir. La facultad de pensar es una forma imperfecta de la facultad de intuir. Contemplación es, por tanto, intuir, esto es, una forma del conocimiento que no se mueve hacia su objeto, sino que descansa en él. El objeto está presente, de la misma forma que para el ojo está presente un rostro o un paisaje, en cuanto que la mirada ‘reposa en él’. No hay en el contemplar la ‘tensión futura’, el anhelo dirigido al futuro, que corresponde a la naturaleza del pensar. El que contempla ha encontrado lo que busca el que piensa; está presente y ‘ante los ojos’. Pero la actualidad, la presencia, se pueden cambiar en un momento en la significación del ‘presente’, que es el ‘tiempo’ verbal de la eternidad”. 

(“Hay un modo contemplativo de ver el mundo”, Pieper. Recogido en “El silencio creador”, de Federico Delclaux).