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Inconclusiones

29 Jun

Necesitamos creernos lo que somos. Necesitamos gritar nuestro nombre y abrazarnos, da igual el motivo; y meterle un gol definitivo a los mezquinos generadores del odio y la disgregación.

 

En esos noventa minutos, yo estaré llegando al corazón de ESPAÑA, me bajaré del tren durante el segundo tiempo, me montaré en un taxi o en el metro. El taxi tendrá sus ventajas porque el taxista llevará la radio encendida, seguro. Quizá pasemos cerca de Colón y tendré tentaciones de bajarme, pero voy sola y me esperan. Se oirán clamores, las banderas colgarán de las ventanas y de las sonrisas. También habrá atascos. Si tomo el metro, los vagones irán vacíos y la tierra aguantará la respiración. No podré oír los goles, si los hay. Quizá no lo resista.

 

Pase lo que pase, el lunes esta entrada estará obsoleta, pero yo no regreso hasta el miércoles. Por favor, que para entonces alguno de mis lectores pite final de partido.

Que San Gil nos proteja

13 May

“Yo no estoy en el PP por el cambio climático. Aquí hay un problema de suicidio colectivo”, sentenció ayer la presidenta del PP vasco.

 

El partido, como barco desarbolado, sin capitán ni carta de navegación, va a la deriva. Es triste pero es el fruto amargo de nuestra cultura cainita.

 

Su situación me evoca ciertas reflexiones de Jiménez Lozano en Advenimientos:

 

“Europa, sin una sola convicción seria, cansada de sí misma, odiando lo que ha sido y que refleja su estúpido rostro de ahora mismo, encuentra gran placer en suicidarse como sea. La da igual. Es el nihilismo alegre y desaprensivo, la irresistible pulsión de una experiencia de servidumbre y muerte, tras haber averiguado que ‘la carne es triste y habiendo leído ya todos los libros’, que decía Mallarmé. Una sociedad, y una cultura de esta clase están irresistiblemente atraídas por la nada”.

 

“Noticias de que la idea misma, no ya la realidad de España, vuelve a ponerse en juego. España es quizás el único país, la única nación del mundo, en la que una parte de ella nunca está conforme con que la Historia la haya hecho como la ha hecho, y pretende su refundición, borrando antes esa misma Historia. Y tales irracionalismos son para muchos españoles ideas salvadoras. Estamos siempre en la metahistoria, o en una historia de las salvaciones, y, especialmente ahora, en la hora que dicen de la laicidad. Es chusco, pero es, sobre todo, desolador e inquietante”.

 

“Todos necesitan la corrección política, y, para ellos, no ya la diferencia en el pensar y sentir, sino el hecho de no adherirse ardientemente a lo políticamente correcto en cada caso es lo que constituye la herejía intolerable que hay que liquidar.

 

Lo que no sé es si ya estamos ineluctablemente destinados a esta Granja, en la que solamente unas cuantas ocas más o menos pintorescas –fool people- graznan por su cuenta, pero sin significación alguna, y son condescendientemente toleradas, porque este tipo de condescendencia se llama tolerancia, y también forma parte del escaparate virtual de la corrección política”.