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Skay

24 Oct

Resbala la lluvia sobre el skay. El sillón aguarda un día más el peso leve y familiar de su ama. Hasta ayer, la anciana se aferraba a las páginas otoñales del periódico en el hueco de su abrazo. Yo la veía desde la otra orilla de la pérgola que este año no visitaron los gatos. Pero hoy hace frío y el suelo se ha cubierto de hojas caducas de almanaque. Llora el sillón su orfandad bajo la custodia perenne de la araucaria.

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Typical sevillian

10 Abr

La calle Valparaíso es la arteria en la que cada mañana le tomo el pulso a la ciudad.  

No es una calle particular, es como el patio de mi casa, cuando llueve se moja como los demás, y tiene el defecto de atravesar el Porvenir -barrio bien de Sevilla- pero es la que transito a diario y es señal de sensatez no esperar la situación perfecta y sacarle partido a lo que uno tiene, más que conformarse con, que es actitud un tanto estoica y comodona. “Lo mejor es enemigo de lo bueno”, reza un refrán popular con gran acierto (señalando el error que supone no comprender que a veces lo bueno es medio para llegar a lo óptimo, y, añado yo, si mucho me apuráis, hasta la malo).

A fuerza de pisarla, he comprobado que la calle Valparaíso está llena de detalles, historias e imágenes insólitas como ésta, que es una representación gráfica del genuino carácter sevillano, aunque el señor sorprendido en la foto no parezca opinar lo mismo. Valga esta entrada para ilustrar la de ayer.

Escenas sabatinas de Doñana

26 Mar

Acto de fe en la playa del Coto

Vestigios marineros entre las dunas

Mª José, yo y el viento impetuoso de un Pentecostés muy madrugador

Sol y sombras de atardecer en las marismas

Lirios para la Virgen

Canta la fuente: “Pocito del río. ¡Siempre manando!/¡Lo mismo que la Virgen: siempre escuchando!/ ¡Rocío hermoso! Cuando la Virgen sale/ rebosa el Pozo”.

Para la Madre, todo el tiempo

Si no es Cielo, es su reflejo

Recuerdo para encontrar el camino de vuelta

Buenos días…

23 Mar

 

…a la mitad norte peninsular, para que ejercite la esperanza, y a la mitad sur insular, donde habrá quien agradezca esta primicia de ofrenda floral a La Paz. (Fotos tomadas en Sevilla al día siguiente del equinoccio, o sea ayer, y publicadas hoy, Día Meteorológico Mundial, por lo visto).

Remembranzas

13 Mar

Una amiga gadita, bueno, cañaílla -que no es lo mismo-, me envía fotografías de un Cádiz de mediados del siglo pasado, que me trae remembranzas al cuadrado: de los veranos de mi madre niña, y de mi infancia y adolescencia en la Tacita de Plata.

Yo llegué a Cádiz con Naranjito y la muñeca Rosaura. La fisonomía del Paseo Marítimo había cambiado considerablemente. Apenas quedaban casitas bajas, y en su lugar habían emergido grandes edificios que hacían sombra sobre la playa -que tiene delito-, pero aún quedaban algunos vestigios de la época que recoge esta imagen: el murete donde acabábamos todos los bañistas -con toallas y sombrillas incluídas- cuando subía la marea y se comía literalmente la costa; los vestuarios de rayas, aunque ya no fueran de tela sino de obra; y el antiguo Hotel Playa Victoria que siempre conocí en estado de abandono, pero donde, si prestaba atención, aún podía oír los compases de la música en las veladas nocturnas, mientras mi madre, con trenzas, soñaba con bailar con un chico guapo y atento, como sus hermanas mayores.

Y otro sonido que no percibo en esta foto, pero que seguro que está: la salmodia del vendedor ambulante de mariscos: ¡Hay cangrejo, camarone y booooooca!

Paisajes del alma

26 Feb

Hórreos asomados a la ría. Combarro

Sol escondido tras las Cíes 

Otra vez, tras la lucha que rinde
y la incertidumbre amarga
del viajero que errante no sabe
dónde dormirá mañana,
en sus lares primitivos
halla un breve descanso mi alma.

Rosalía de Castro.

(Para Anacó. Lo prometido es deuda).

Ut iumentum

13 Feb

Me decido a compartir con vosotros esta instantánea, aunque antes he tenido que vencer mi aversión a mostrar fotografías personales en el blog y la resistencia de la técnica a subir imágenes del tipo que sean -gracias, Alejo.

Es una foto insólita que tomó mi amiga Pilipa el sábado durante un paseo por los campos de Villanueva Mesía (Granada), junto al Molino de Don Felipe, donde celebramos su redondo cumpleaños con una barbacoa memorable sobre una rueda de molino igualmente redonda. Cada vez que la miro, siento como si me hubieran sorprendido en una mirada furtiva al espejo. Tanto que aún dudo si llamarla fotografía o radiografía.

Caminábamos a la caída de la tarde entre ejércitos de chopos desnudos y enhiestos, bien formados, como extras de una película de guerra, con el telón de Sierra Nevada de decorado. Delante, menudeaban las casas.

Frente a una cochera, atados a una barandilla, dos jumentos: la madre, con aire ausente y grave, y el borriquillo joven y crispado.

El burrito sin doma trotaba lo que le daba de sí la cuerda, ansiando los campos mullidos, la chopera y el blanco horizonte. Quizá el dueño lo colocó allí para templar su orgullo insolente y terco antes de asignarle una labor.

Nos acercamos sorprendidas por la estampa, aunque menos que el pobre burro que encontró de inmediato en quién descargar su furia. 

Ora tomaba carrerilla y se lanzaba contra nosotras,  ora se acercaba con disimulo y nos daba la popa con aviesas intenciones.

Mientras, la madre pacía indiferente; y el dueño, quizá había desesperado ya del aprendizaje del jumento.

Lo llamé suavemente y ensayó varias coces que salvé con habilidad. Me fui a él de frente. Le acaricié la testuz y se encabritó asustado, pero yo, en lugar de quitar la mano, la acerqué a su hocico retadora.

Alzó los belfos e intentó morderme. Me reí y me miró con desconcierto. Clave en sus ojos una mirada confiada, y, entonces, relajó el gesto, se amansó y nos regaló esa imagen, que es como una reconciliación con uno mismo y con el mundo.