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“Saber mirar es saber amar”

15 Sep

Hoy me ha venido a la memoria esta frase de la película “Canción de Cuna”, de José Luis Garci (1994). Me he acordado de ella a propósito de otra cita, que no he sido capaz de encontrar, en la en la que uno de los personajes habla de las primeras horas del día en las que “el mundo parece como recién bañado”. Y es verdad.  Cada noche es como un ensayo de la muerte y cada mañana una resurrección. Un regalo que espera, bien envuelto en su celofán, a ser abierto por un niño entusiasmado. Cada amanecer está lleno de ruidos habituales, de rostros cercanos, de rutinas previsibles, pero siempre hay una historia detrás de cada gesto de hastío, de disimulada complacencia o  de entrega… Esos gestos, más estables que los rasgos (que diría Luis Rosales), hablan por sí mismos de noches de vigilia ante un enfermo o un niño asustado, de  insatisfacciones laborales y amorosas, de búsquedas afanosas por encontrar un  sentido… Hay gestos crispados y gestos serenos; afables y reconcentrados o adustos; soberbios y apocados. Miras esas caras y te adentras en sus vidas como en una novela.  

La clave para renacer es “saber mirar”. Mirar cada jornada con ilusión nueva, esforzarse en ver siempre lo mejor de cada persona y descubrir sus necesidades ocultas (con ojos de madre), entender los acontecimientos con perspectiva, como formando parte de un todo, de un plan en el que es preciso que mi dedo se encuentre con el Dedo Creador, para completar ese designio de amor que es mi historia, que es la Historia de las historias de todos; en el que es necesario que mi mano se aferre a “esa mano tan fuerte que tengo que adorarla” (Miguel d’Ors). “Saber mirar es saber amar”.  Ricardo Yepes habla del ser humano como del único animal capaz de conducirse al triunfo o al fracaso. Los animales no fracasan. De mí, del color del cristal con que miro, depende que mi día sume a mi vida y a las vidas de los que forman conmigo esta red de lazos invisibles que es la Humanidad: que son mi familia, mis amigos, los vecinos con quienes me cruzo cada mañana. Saber amar lo que me suceda hoy, las personas que me encuentre hoy, ya que “lo único que me pertenece es el momento actual: sólo en este medio nos podemos plantear actos libres; sólo en el instante presente establecemos un auténtico contacto con la realidad”. (Jacques Phillipe, La libertad interior). 

En “Cartas del diablo a su sobrino”, de C. S. Lewis, Escrutopo adoctrina a Orugario sobre el modo de tentar a los humanos:“Nuestra tarea consiste en alejarles de lo eterno y del presente. Con esto en mente, a veces tentamos a un humano (pongamos una viuda o un erudito) a vivir en el pasado. Pero esto tiene un valor limitado, porque poseen algunos conocimientos reales sobre el pasado, y porque el pasado tiene una naturaleza determinada, y, en eso, se parece a la eternidad. Es mucho mejor hacerles vivir en el futuro. La necesidad biológica hace que todas sus pasiones apunten ya en esa dirección, así que pensar en el futuro enciende la esperanza y el temor. Además, les es desconocido, de forma que al hacerles pensar en el futuro les hacemos pensar en cosas irreales. En una palabra, el futuro es, de todas las cosas, la menos parecida a la eternidad. Es la parte más completamente temporal del tiempo, porque el pasado está petrificado y ya no fluye, y el presente está totalmente iluminado por los rayos eternos”. Pero nos salimos del tema y esta es una cuestión para abordar en otro momento… Volvamos a “Canción de cuna”, de Garci. La recomiendo vivamente como lección práctica de ese saber mirar, aunque roce lo sentimental. Me ha gustado comprobar que algunos críticos se sintieron cautivados en su momento al igual que yo: “Su película tiene esa capacidad de convicción que consigue el cine cuando realmente se convierte en arte. De modo que uno sale de la sala conmovido, desmadejado, con la viva sensación de haber asistido a un hecho extraordinario del que es difícil hablar sin entusiasmo.  

“Saber mirar es saber amar”, se dice en la película. Y uno piensa, con apasionada intolerancia, que si a alguien no le gusta Canción de cuna es porque no ha sabido mirarla… Una obra de arte; eso es. Y viene a la memoria aquello del cineasta ruso Andrei Tarkovski: “Las obras de arte surgen del esfuerzo por expresar ideales éticos, y suponen la ligazón orgánica de idea y forma”. Esto es Canción de cuna: un guión, una puesta en escena, una fotografía, una música, una ambientación, un vestuario, un montaje, unas interpretaciones… magistrales, al servicio de una idea que rebosa verdad, bondad, belleza”. (Jerónimo José Martín, en Aceprensa).