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Deformación profesional

18 Mar

Moisés fue el primer dircom. Lo descubro en la primera lectura de hoy:

“Señor, ¿por qué se va a desahogar tu rabia contra tu pueblo, al que tú sacaste de Egipto con tan gran fuerza y poder? ¿Vas a permitir que digan los egipcios: ‘Los sacó con mala intención, para matarlos en las montañas y borrarlos de la superficie de la tierra?” 

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Otra vez en nombre de la libertad

10 Ago

Al ministro de Justicia -personaje público- se le ven los símbolos de la escuadra y el compás por detrás del mandil, por más que se esfuerce en vendernos que el Gobierno actúa con prudencia y sensatez en esto de la Ley de Libertad Religiosa y de Conciencia:

“Nuestra idea es que en los colegios públicos no exista ningún símbolo religioso, pero si resulta que hay una imagen que es patrimonio histórico y es un centro público, si tiene valor histórico-artístico, no podrá destruirse“.

Así pues, lo que nos queda por saber es qué suerte de maquinaria de destrucción emplearán la “pluralidad religiosa” y “el fomento de la separación de funciones”: apisonadora, trituradora, pira inquisitorial…

Curasana

13 Nov

El rencor es el descontento fundamental del hombre consigo mismo, que se venga, por decirlo así, en el otro, porque del otro no me llega lo que sólo se me puede conceder con una apertura de mi alma.

Releyendo citas tomadas hace algún tiempo me encontré anteayer con ésta de Ratzinger en Mirar a Cristo. El marco litúrgico me acompañaba con su exigencia de poner el corazón a setenta veces siete revoluciones de perdón.

La frase es dolorosa pero curativa, como el agua oxigenada que nuestra madre nos echaba en las rodillas peladas tras la caída. Si acaso, oculto tras el descontento, hay un gesto de piedad semejante al soplo maternal sobre la herida, y un tono esperanzado de cura, sana, porque hoy, mañana, si no pierdo de vista que de mí depende, alcanzaré esa salud de corazón capaz de bombear a la potencia requerida.

Así pues, el rencor no es consecuencia de la injusticia sufrida sino de la estrechez personal que nos lleva a mirar a los demás por el ojo del canuto.

Quizá el problema es que somos poco niños. Nos negamos a jugar con las reglas de los demás, esperamos de ellos lo que no nos pueden dar, nos duelen demasiado las caídas y el curasana nos suena a camelo. Echar la culpa a la afrenta nos exime del esfuerzo de enfrentarnos a nosotros mismos.

Ordet

8 Nov

Grandiosa Ordet, de Dreyer. La vi este sábado y en mi retina flotan sábanas blancas sobre las mieses maduras para la siega.

Efectista y sencilla a un tiempo. Escándalo para el ateísmo, locura para la hipocresía farisaica y cura para la fe vacilante.

Se ha parado el reloj de Inger. También hoy nos resistimos a creer con la fe de los locos y de los niños. Seguimos encarnando el cientifismo del doctor, la fe oficial y seca del pastor, la increencia de Mikel, el esposo, el abandono débil de Borgen, que dice de Maren, la hija huérfana: “No comprende nada. Es muy pequeña. Nosotros tampoco comprendemos nada”.

Todo el poder y la sabiduría del mundo, impotentes ante el último tic-tac de la vida.

El hombre sigue siendo hombre pero Dios sigue siendo tan Dios como en Betania, como en Naím: el que escribe con renglones torcidos, con la pata de la mesa, con Johannes, el hijo loco de Borgen que se cree Cristo; con Maren, la pequeña que “no comprende nada”, la única que cree en las palabras del tío aferrada a su mano frente al féretro de la madre.

-“Pero tío, date prisa.

-¿Crees que sabré hacerlo?

-Sí.

-Tu fe es grande. Que se haga conforme has creído.

-Dame la palabra que puede resucitar a la muerta”.

Y ocurre lo que todos anhelábamos secretamente, lo que el mundo rechaza con su sensatez, pero que es tan indiscutible como este grandísimo clásico del cine: la vuelta de Inger a la vida, la vuelta de todos a la fe.

Oscila de nuevo el péndulo y cobran sentido pleno las palabras de Borgen dichas a lo largo de la película: “Esto debe ser bueno por algo. Si no, no hubiera ocurrido”.(…) “Incluso el dolor puede ser bello”. (….) “Ha habido momentos muy difíciles esta noche. Y sin embargo prefiero haberlos vivido”.

Nosotros también.

Mercedes

24 Sep

Tras la reciente llamada de Ayman al Zawahiri a «recuperar Al Andalus» y a «limpiar» el Magreb de los «hijos de España y Francia» parece más actual y urgente el recurso a la Virgen de la Merced, al menos como medida preventiva.

Hace años oí a una periodista amiga contar que fue invitada a una jaima árabe donde la agasajaron con cantos sobre la pérdida de Al Andalus y le mostraron las llaves de Granada que aún conservaba la familia para cuando regresaran.

La misión de redimir cautivos cristianos propia de la orden de los mercedarios se centra desde hace siglos en otro tipo de esclavitudes, pero tal y como andan los fundamentalistas islámicos ayudados por los intereses económicos de Occidente y la pérdida de los valores morales, cualquiera sabe.

Fátima

4 Jun

Fátima. El corazón de Portugal tiene nombre de princesa mora. En él se alza un metro del muro de Berlín y un calvario regalo de los húngaros. En la antesala del santuario predomina el portugués, pero también otras lenguas en una confusión de babel redimida. Rostros autóctonos roturados por la canícula se mezclan con  el negro colonial y las cabezas rubicundas y arreboladas del Este.

Por todos los caminos posibles, un reguero de peregrinos parecen llegar a pie o de rodillas de tierras lejanas. Anida la paradoja en la intersección de estas dos líneas: la que abarca la explanada y la que traza el santuario, como si fuera una cruz o una ballesta que dispara su saeta al cielo. La flecha parte del lado izquierdo, impulsada desde el epicentro del corazón que es María en su columna y la casita que contiene al Rey de reyes. No puedo evitar acordarme de la cruz y la esfera de Chesterton.

En Cova da Iria se detuvo el tiempo a principios del siglo XX. Se congeló la fotografía de los tres pastorcitos, con su ceño fruncido y el fondo pétreo de la mísera fachada. Con la excepción del santuario, todo permanece congelado, incluso los lugareños.

Apenas existe estética ni lugar para el disfrute turístico, no hay agrado para la vista o el olfato. Los cantos resultan previsibles y cansinos y el tacto de las encinas y cabezos araña las manos y los ojos. Ni siquiera la talla de la Virgen vale gran cosa. La embellece el amor filial de los peregrinos, el desprendimiento de todas las mujeres portuguesas fraguado en su corona y el martirio papal engastado entre sus piedras preciosas, y, por encima de todo, la certeza de que en este exacto lugar estuvo Ella.

No cabe interés alguno, ni intelectual ni estético. Quien venga buscando eso volverá frustrado. La única actividad posible aquí es la oración en medio de una mezcla de sensaciones contradictorias. Cabe decir que las cosas que uno ve moverían a perder la fe si no fuera porque uno acaba concluyendo que sólo Dios puede ser responsable de la belleza de este lugar que espantaría de otra forma.

Todo en Fátima está orientado a la conversión pero no se obtiene a cambio de ofrendas ni oraciones. Antes hay que despojarse. Es preciso comprender la extrañeza paradoja del proceder divino sólo accesible por su reiteración: Fátima, Lourdes, Nazareth; pastores -siempre pastores-, una virgen sencilla. Pueblos recónditos, seres míseros, antítesis del poderío humano. Desprecio para los judíos y locura para los gentiles. Pero con estos panes y peces, cuando Dios lo quiere, cambia la Historia.

Es el poder de los sin poder hecho milagro. La clara manifestación de que Dios no necesita nuestra estética, ni nuestro saber, ni nuestro dinero, aunque lo necesitemos nosotros para comprender a quien es toda la sabiduría, toda la belleza y toda la bondad, y para ofrecerle los mejores frutos del campo y los más hermosos ejemplares del ganado, como se espera de una criatura agradecida.

Sólo entonces es posible comprender que los muros de Jericó europeos caigan estrepitosamente como un castillo de naipes o como las fichas del dominó, y que naciones enteras vuelvan a respirar aliviadas del yugo, que cambien las trayectorias de las balas y que Alí Agca se pregunte quién es esa Fátima: que sea posible liberarse de todas las propias miserias.

Leo hoy a Alessandra Borguese en un remake de Pascal: “Con la razón se entienden muchas cosas, pero sin el corazón no se comprende nada”.

Fátima imprime carácter si hay fe, pero si además alguien te explica las cosas ocurridas aquí y desde aquí, la razón y el corazón caminan de la mano y sin tropiezos. Amanda, que es conversa, me pregunta a propósito de las sucesivas y fallidas consagraciones del mundo al Corazón Inmaculado de María: ¿cómo es posible que fracase una consagración? En el fondo me está diciendo: ¿no es Dios superior?, ¿cómo va a someterse al error humano? Le contestó un poco al tuntún y me achaco a mí misma: sólo es posible que fracase por la falta de fe que supone hacer las cosas al modo humano y no al divino, sin superar la prudencia y los respetos, sin llegar a entregarlo todo en un holocausto de humildad.

Nos cuentan, “La primera vez, no se mencionó a Rusia, como quería la Virgen; la segunda faltó la comunión con todo el orbe. Y una y otra vez, la Señora decía a Lucia: no ha valido. Hasta que Juan Pablo II mandó traer a la Virgen de Fátima a Roma y convocó a todos los obispos del mundo y consagró la Europa del Este a María. A partir de aquel momento comenzó la Perestroika y la derrota del régimen comunista”.

Se entiende entonces que la talla de la Virgen de Fátima haya sufrido atentados sucesivos y que necesite la protección de un cristal antibalas. “De todas formas, aún no se ha cumplido la conversión de Rusia. La Virgen ha salido de Cova da Iría dos veces: a Roma. Falta una tercera y su destino no será Roma: será Moscú”. Es la opinión de un personaje que transita por la explanada, pero es significativa.

Decía que la conversión no se obtiene automáticamente a cambio de unas velas, de unas peticiones introducidas en la ranura del pedestal de la Virgen, o de unas oraciones –aunque yo lo haya hecho. Es preciso despojarse.

Siento que regreso igual, pero con este nuevo enfoque que me abre nuevos horizontes. Hoy, de camino al trabajo, no fui capaz de desgranar las avemarías del Rosario sencillamente, andaba enredada en estas intelectualidades. Hasta que me dolí de mi incapacidad y de momento me topé con el regalo de un azulejo sevillano que rezaba “Ave María”, como si me espetara: no te preocupes, si no hablan los hombres, hablarán las piedras.

Un consuelo de la Virgen. Quizá haya que despojarse también de la prisa por ser bueno. Quizá sea mejor limitarse a convivir serenamente con las propias paradojas y dar forma al anhelo de que sea Dios quien nos cambie.

En el viaje leí unos textos de Ortodoxia, de Chesterton, muy acordes con estos pensamientos. Os los dejo:

“El optimismo cristiano se funda en el hecho reconocido de que no somos adaptables al mundo. Había yo procurado ser feliz repitiéndome que el hombre es un animal, como todo ser creado por Dios. Pero ahora, al descubrir que el hombre es, en cierta manera, una monstruosidad, pude sentirme verdaderamente feliz. Había yo tenido razón en ver extravagancia en todas las cosas, puesto que yo mismo era, a un tiempo, la peor y la mejor de todas. El placer del optimista era enteramente prosaico, por fundarse en la naturalidad de las cosas; pero la alegría cristiana es poética porque procede de la innaturalidad de las cosas a la luz de lo sobrenatural. El filósofo se cansaba de repetirme que yo estaba en mi verdadero sitio, y a mí hasta esas aprobaciones me resultaban depresivas. Pero averigüé al final que estaba yo en el sitio equivocado, y entonces mi alma cantó sus regocijos como pájaro en primavera. Y el conocimiento descubrió y alumbró recónditos y olvidados recintos en la penumbrosa morada de mi infancia. Y entonces sí que pude entender porqué las humildes hierbas del suelo me habían parecido siempre tan cómicas como las barbazas verdes del gigante, y por qué, aun estando en casa, venía a visitarme la nostalgia”.

“Y esto es precisamente lo que, en mi opinión, acontece con el Cristianismo; porque el Cristianismo no sólo es capaz de inferir las verdades lógicas, sino que, cuando sobreviene el absurdo, sabe acertar –digámoslo así- con las verdades ilógicas. No sólo va derecho sobre las cosas, sino que, si cabe, va torcido, cuando también van torcidas las cosas. Su plan se adapta a las irregularidades secretas y sabe esperar lo inesperado. Es fácil para con las verdades sencillas, y porfiado para con las sutiles. Admite las dos manos del hombre, pero (aunque todos los modernistas aúllen) no admite la obvia deducción de que el hombre tiene dos corazones. Y esto es lo que quiero hacer ver en este capítulo demostrando cómo siempre que en la teología cristiana sentimos alguna irregularidad, es porque también la verdad por descubrir presenta una irregularidad semejante”.

“De apologías del Cristianismo nunca leí una sola línea, y aun ahora procuro leerlas lo menos posible. Quienes me volvieron a la teología ortodoxa fueron Huxley, Herbert Spencer y Bradlaugh, como que suscitaron en mí las primeras dudas sobre la duda. Tenían mucha razón nuestras abuelitas al asegurar que Tom Paine y los librepensadores perturbaban el alma humana. Así es: la mía la perturbaron de un modo horrible. El racionalista me obligó a preguntarme si la razón no serviría para nada, y al acabar con  Herbert Spencer, concebí, por primera vez una duda sobre la evolución. Al doblar la última hoja de as lecturas ateas del coronel Ingersoll, cruzó por mi mente la idea terrible: ‘Casi me estáis persuadiendo al Cristianismo’. Yo estaba desesperado”.  

¡Qué noche tan dichosa!

8 Abr

¡Qué noche tan dichosa! 

Patio del Hospital de la Caridad. Junto a la fuente tiemblan las sombras de los arcos a la luz del fuego pascual, tiemblan y se postrernan, como el maligno cegado por el resplandor de la resurrección cuando rueda la losa del sepulcro.  

Mientras el sacerdote graba el cirio pascual, los fieles aguardamos con las lámparas preparadas como vírgenes prudentes: “Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amen”. 

Después coloca cinco granos de incienso: “Por sus llagas santas y gloriosas, nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor”. 

Nunca como hoy he sido tan consciente del significado de estas palabras. Este año el plenilunio de equinoccio de primavera coincidió en los calendarios juliano y gregoriano y el calendario de Semana Santa ha sido el mismo para católicos, protestantes y ortodoxos. Hoy, todo el orbe cristiano, celebra unido el triunfo de Cristo sobre la muerte y sobre el pecado. 

“¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”, canta el pregón pascual, ríen las campanas. “¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparale ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!” 

¡Felices Pascuas a todos!