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El himno

11 Ene

Cuando en un país no se respetan las libertades, pasa lo que le ocurre a la nueva letra del himno de España, que parece que va bien, pero al llegar al final se descubre que la democracia y la paz, frutos de la justicia y de la grandeza nacionales, se acaban antes de tiempo, mientras estas, en cambio, no tienen cabida ni con calzador.  

Y al final, eso de la paz tan hermoso y necesario sobreviene brusco y poco convincente, y suena a algo así como a puñetazo en la mesa después de una disputa. Hay cosas que cantan demasiado y no se arreglan ni con literatura, ni con música ni con sonrisas.

Y si no, prueben…  

¡Viva España!
Cantemos todos juntos
con distinta voz
y un solo corazón

¡Viva España!
desde los verdes valles
al inmenso mar,
un himno de hermandad

Ama a la Patria
pues sabe abrazar,
bajo su cielo azul,
pueblos en libertad

Gloria a los hijos
que a la Historia dan


justiciaygrandeza

de-mo-cra-ciay-paz  

No sé cómo va a arreglar este Gobierno los problemas de ritmo de la nación, ni los de los sublimes conceptos mencionados. Ellos verán. Y tampoco sé qué me molesta más, si la zafiedad, el abuso y la incultura reinantes en torno a la cuestión de las relaciones Iglesia-Estado o los titulares de beata escandalizada del ABC de estos días.

Más que a defensa suena a táctica goebbeliana. Me resulta menos dañino leer los periódicos Público o El País, francamente. 

De todas formas, como la letra del himno la han elegido el Comité Olímpico y la SGAE, no la cantaré, no sea que me apliquen el canon.

Cada cosa en su sitio

2 Ene

Ordenar es, según el DRAE, “colocar de acuerdo con un plan o de modo conveniente”. Lo que toda la vida las madres han definido: “cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa” cuando íbamos sembrando de chismes anárquicamente el pasillo de nuestra casa, del mismo modo que se invade la convivencia social con leyes injustas e innecesarias. 

Pero ordenar es también mandar que se haga algo. Y esa es la acepción que más le gusta al partido que nos gobierna o, si se quiere, que nos coloca en el sitio que nos corresponde, o sea donde más le conviene según su plan establecido. 

De ahí que la definición de democracia como la “potestad que la sociedad tiene, a través de sus representantes, de ordenar los principios de libertad individual y de convivencia de todos los ciudadanos”, pueda entenderse como el poder quasi divino que unos pocos ejercen hasta el extremo de crear derechos en lugar de reconocerlos y de pasarse la Constitución a la que tan piadosamente invocan por el forro de sus presuntas legitimidades.  

Y digo, quasi, porque el poder divino se autolimita mediante el principio de no contradicción que ellos en cambio sobrepasan sin sonrojo.

Fracturas irreparables

3 Dic

Una no puede evitar preguntarse por qué tantas condenas y tantas promesas de unidad frente al terrorismo precisamente ahora. 

Aunque quisiera alimentar buenos sentimientos no puede negar la evidencia de una sombra de sospecha electoralista cuando ve esa sonrisa que se troca en rictus; cuando escucha expresiones tan sorprendentes como “encuentro casual” o “acto no premeditado”; cuando toca los paños calientes con los que se envuelve la ilegalización de ANV, y cuando la memoria le señala las pruebas irrefutables de injurias a las víctimas, ausencias políticas injustificables y faltas de protección para quienes entregan a diario su vida por defendernos.

Tanto va el cántaro a la fuente que al final… se rompe la fuente, me decían en la facultad. Tratábamos entonces de la fuente informativa. Ojalá fuera el cántaro el que se rompiera, porque al cabo se sustituye por otro, pero no, lo grave es que se rompe la fuente, la fuente, en este caso, de la democracia, de la confianza en las instituciones, del orden social.  

Y junto a la sombra de la sospecha, se alzan las de la impotencia, el desasosiego y el malestar, como tóxicos nubarrones que pugnan por sumir a España en una oscuridad densa que oculta a los ojos el sol del porvenir.