Archivo | Justicia RSS feed for this section

Propósito de la enmienda

11 Sep

Me llega por burofax la citación como TESTIGO de un juicio. Es la primera vez que participo en un proceso. Además de declarante da la casualidad de que soy víctima del delito de robo y que el sucedido de marras tuvo lugar hace tres años.

Podría generarme cierta curiosidad por novedoso o un sentimiento de buena ciudadanía. Pero el hecho de que el texto concluya: “le advertimos que de no acudir como testigo incurrirá en la multa de 200 a 5.000 euros”, me quita la emoción. 

Sobre la lentitud de la justicia no se menciona nada aunque sospecho que va implícito en la amenaza. Pasado el tiempo, pocas ganas y pocos recuerdos nítidos de los hechos quedan y la tentación de hacer novillos es casi irresistible para cualquiera.

Comprendo que son cosas del lenguaje administrativo (por cierto deplorable en su forma), pero me siento inculpada y a la vista del párrafo intimidatorio sólo me sale este propósito de la enmienda: nunca más colaborar con la justicia.

Dulce venganza

1 Abr

En medio del día, del tráfico y del paso de peatones, junto al disco en verde para los vehículos y en doble fila, el coche de autoescula se detiene. El examinador se apea, y del asiento del conductor desciende cabizbajo el joven candidato. Hablan un momento. El hombre gesticula y agita el sobre con las calificaciones. Se despiden y el chico se sienta en la parte trasera mientras otro compañero ocupa su lugar delante.

El examinador espera el cambio de semáforo junto a mí. Ufano y satisfecho del deber cumplido se ajusta las mangas de la chaqueta. Un automóvil se detiene tras el coche de autoescuela que todavía no ha arrancado y está entorpeciendo el tráfico. Su conductor hace aspavientos al examinador y éste alza los hombros ensayando un gesto de impotencia y falsa compunción: “Perdón, perdón, no es culpa del chico, es culpa mía. Está mal, lo sé, pero a veces hay que hacerlo”.

Me vuelvo hacia él impulsada por un sentimiento atávico de venganza y le suelto con guasa: “Hombre, pues con el mismo argumento podía haber aprobado al chico. ¡Vaya ejemplo! Deberían retirarle el carnet de examinador”.

No he tenido ocasión de ver su cara porque el semáforo, ya en verde para los peatones, me obliga a avanzar, pero siento -yo que aprobé a la sexta el práctico de conducir y me dejé media fortuna en el intento- resarcidas mis ansias de justicia y solidaridad con el débil.