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Do you know Pope Benedict XVI?

22 Mar

A falta de pan, buenas son tortas. O del recurso a la creatividad ajena para ahuyentar la falta de imaginación propia.

Es un vídeo al estilo “stop-motion” (ahí tienes una nueva búsqueda para Google, Luna) que muestra quién es el Papa Benedicto XVI de un modo fresco, joven, contemporáneo.

Realizado por un grupo de universitarios de la Universidad de Navarra. En ese original recorrido por su vida y pontificado falta este último gesto de Buen Pastor que se compadece de las ovejas y no teme cargar la mano sobre quienes, teniéndolas confiadas a su recaudo, las han maltratado y humillado.

He aquí algunos párrafos de esa carta pastoral a los católicos de Irlanda. ¿Qué más esperan? ¿Que además de someterse a la justicia humana y divina, y poner los medios para que algo así no vuelva a suceder, desesperen de la misericordia de Dios? Ni en mano de Dios está la cuadratura del círculo.

Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella (a la crisis actual), podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución”.

(…) A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños

Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa”.

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Propósito de la enmienda

11 Sep

Me llega por burofax la citación como TESTIGO de un juicio. Es la primera vez que participo en un proceso. Además de declarante da la casualidad de que soy víctima del delito de robo y que el sucedido de marras tuvo lugar hace tres años.

Podría generarme cierta curiosidad por novedoso o un sentimiento de buena ciudadanía. Pero el hecho de que el texto concluya: “le advertimos que de no acudir como testigo incurrirá en la multa de 200 a 5.000 euros”, me quita la emoción. 

Sobre la lentitud de la justicia no se menciona nada aunque sospecho que va implícito en la amenaza. Pasado el tiempo, pocas ganas y pocos recuerdos nítidos de los hechos quedan y la tentación de hacer novillos es casi irresistible para cualquiera.

Comprendo que son cosas del lenguaje administrativo (por cierto deplorable en su forma), pero me siento inculpada y a la vista del párrafo intimidatorio sólo me sale este propósito de la enmienda: nunca más colaborar con la justicia.

Dulce venganza

1 Abr

En medio del día, del tráfico y del paso de peatones, junto al disco en verde para los vehículos y en doble fila, el coche de autoescula se detiene. El examinador se apea, y del asiento del conductor desciende cabizbajo el joven candidato. Hablan un momento. El hombre gesticula y agita el sobre con las calificaciones. Se despiden y el chico se sienta en la parte trasera mientras otro compañero ocupa su lugar delante.

El examinador espera el cambio de semáforo junto a mí. Ufano y satisfecho del deber cumplido se ajusta las mangas de la chaqueta. Un automóvil se detiene tras el coche de autoescuela que todavía no ha arrancado y está entorpeciendo el tráfico. Su conductor hace aspavientos al examinador y éste alza los hombros ensayando un gesto de impotencia y falsa compunción: “Perdón, perdón, no es culpa del chico, es culpa mía. Está mal, lo sé, pero a veces hay que hacerlo”.

Me vuelvo hacia él impulsada por un sentimiento atávico de venganza y le suelto con guasa: “Hombre, pues con el mismo argumento podía haber aprobado al chico. ¡Vaya ejemplo! Deberían retirarle el carnet de examinador”.

No he tenido ocasión de ver su cara porque el semáforo, ya en verde para los peatones, me obliga a avanzar, pero siento -yo que aprobé a la sexta el práctico de conducir y me dejé media fortuna en el intento- resarcidas mis ansias de justicia y solidaridad con el débil.