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Oda al michelín

28 Ago

El californiano michelín de Lizzie Miller ha hecho furor. En tiempos de cuerpos danone y mentes petisuis la exhibición de una lorza abdominal tan espontánea, agradecida y rebosante en una joven modelo de veinte años ha despertado admiración y ha levantado voces de apoyo.

Lizzie Miller mide un metro ochenta centímetros y pesa ochenta kilos. Su talla oscila entre la 44 y la 46. Su posado sentada de perfil -no lo exhibo aquí por un pudor del que ella carece- es un símbolo que desafía a la dictadura de los cánones. Pero no sólo por el abdomen, también por el perímetro de sus muslos.

La chica es guapa y sonríe con gesto inteligente y cómplice. Lo han aplaudido chicas jóvenes como ella, cuyas medidas no pasan por la angostura del sistema, madres y padres hartos de remilgos a la hora de comer, chicos cansados de ver a sus amigas y novias perder la salud por hacer equilibrios en la delgada línea de la anorexia o de sufrir en las carnes de su incipiente y feliz curvita la imposición de un férreo régimen alimenticio. A mí no es que me guste el posado casi desnudo pero el trasfondo sí.

El otro día escuchaba a un endocrino explicar los peligrosos efectos de la grasa abdominal. Al parecer, la ciencia ha descubierto recientemente la relación entre el pliegue abdominal -el michelín de toda la vida-, y la predisposición a sufrir enfermedades vasculares y coronarias. Lo saludable es que el pliegue no sobrepase un centímetro. Yo no sé cómo se mide, pero me da que el mío no se ciñe a las medidas adecuadas. No grasas animales -ni siquiera el tocinillo del jamón-, ejercicio moderado, actitud no sedentaria.

No sé si nos libraremos de la tiranía. Hasta al michelín lo quieren meter en cintura. Mientras, nos queda el símbolo de Lizzie. ¿Quién dice que no puede convertirse en precursora de un cambio de cánones? Yo no digo las tres gracias, pero…

Lo que natura non da

24 Abr

La cabra tira al monte, donde no hay mata no hay patata, las aguas vuelven a su cauce anegando cuanto encuentran a su paso. Quod natura non dat, Salmantica non prestat, lo dice mejor el sabio refrán castellano aunque esta vez se refiera no a la inteligencia sino a atributos correspondientes a “otros” cánones.

 

El parlamento alemán estudia limitar el uso de cirugía estética en adolescentes. El tema preocupa a padres, docentes y políticos, aquí y en Pekín. A muchos y más o menos jóvenes y “jóvenas” no parece que les convenza el mensaje de Coca-cola light: “lo que te diferencia es lo que te hace maravilloso”, con Uma Thurman como protagonista, con su larga nariz y su 43 de pie. Me ha gustado el anuncio… aunque veo incongruente que sea de la light.

 

Mal que me pese, me incluyo en el lote de los agnósticos porque la semana pasada caí en las redes de la estética. Cierto que no me sometí a operaciones de nariz ni a liposucciones, tan sólo a lo que yo creía un inocente cambio de look… que me ha tenido esclavizada al cepillo, al secador, y a todos los espejos y cristales reflectantes que se interponían en mi camino.

 

Y lo peor es que lo sabía, ¡lo sabía!, por eso siempre me había resistido a los cantos de sirena, yo tan contenta y tan conformada a mi suerte.

 

Hoy rompo el hechizo de Dalila harta de los cien pareceres y del tiempo empleado en tan improductiva actividad en detrimento de otras. Es tan difícil meter la cabeza bajo el agua sin piedad, sin diálogo y sin contemplaciones. Pero es el precio de la libertad.