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El haz y el envés

13 Abr

No se me había ocurrido considerar la duda y la fe como el haz y el envés de una hoja hasta que el arzobispo de Sevilla calificó de “unamuniano” el pregón de Antonio García Barbeito y le ofreció amistoso su báculo para dispersar incertidumbres.

En Sevilla se montó el zipi-zape con que si el pregón era o no pregón y si era o no cristiano. Como si la iniciativa hubiera partido de él. Barbeito es Barbeito y todo el mundo lo sabe. Pues no habérselo encargado.

A mí me gustó precisamente por no ser un pregón al uso, porque se dirigía a otro sector de la población que no es cofrade pero es Sevilla, y porque era profundamente cristiano en sus tientos de claroscuro. Que nadie escapa a la misericordia divina y hay que hacerse todo para todos.

De esto hace ya tres semanas y ha estallado la Pascua Florida, pero ahora viene Ratzinger, en una lectura tardía que hago de Introducción al Cristianismo a hermosear con su rayo de luz teológica el haz y el envés de esa hoja:

Tanto el creyente como el no creyente participan, cada uno a su modo, en la duda y en la fe, siempre y cuando no se oculten a sí mismos y a la verdad de su ser. Nadie puede sustraerse totalmente a la duda o a la fe. Para uno la fe estará presente a pesar de la duda, para el otro mediante la duda o en forma de duda.

La duda impide que ambos se encierren herméticamente en su yo y tiende al mismo tiempo un puente que los comunica. Impide a ambos que se cierren en sí mismos: al creyente lo acerca al que duda y al que duda lo lleva al creyente; para uno es participar en el destino del no creyente; para el otro la duda es la forma en la que la fe, a pesar de todo, subsiste en él como exigencia.

La primera y la última palabra del credo -“creo” y “amén”- se entrelazan mutuamente, encierran todas las demás expresiones y constituyen el contexto de todo lo que se halla entre ellas. (…) Ya dijimos antes que la palabra “amén” pertenece a la misma raíz que la palabra “fe”.”Amén” dice, a su modo, lo que significa creer: permanecer firme y confiadamente en el fundamento que nos sostiene, no porque yo lo he hecho o lo he examinado, sino precisamente porque no lo he hecho ni lo he examinado.

(…) Esto no quiere decir que lo que aquí sucede sea un entregarse a lo irracional. Es, por el contrario, un acercarse al logos, a la ratio, a la inteligencia, y así a la verdad misma, ya que el fundamento sobre el que se sostiene el hombre no puede ni debe ser a fin de cuentas sino la verdad.

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Tu es Petrus

15 May

A medianoche, de regreso del aeropuerto adonde había llegado procedente de Tel Aviv, Mª Luisa me hablaba de la alegría de los cristianos de Tierra Santa por la visita del Papa y de la generosidad de musulmanes sencillos de corazón que no vacilaron–perteneciendo a credo tan dispar- a la hora de aportar su óbolo para la palia que querían regalarle al Santo Padre las del Opus Dei de Jerusalén.

Y también de las férreas medidas de seguridad, la escasez de invitaciones y el empeño de la comunidad cristiana porque el Papa pudiera celebrar con dignidad la Santa Misa junto a los santos lugares.

Y de la incomprensión de algunos sectores radicales, y de los medios de comunicación de Israel y de todo el mundo. “Quieren que Benedicto XVI se posicione -me decía-. Toda declaración les parece insuficiente. No entienden que el Papa sólo pueda estar de lado de todos los que sufren injusticia”.

Lo explica en Zenit el padre Thomas D. Williams, L.C., teólogo estadounidense, profesor de la Universidad “Regina Apostolorum” de Roma.

“Benedicto habla en nombre de los judíos, alabando su herencia religiosa y defendiendo su derecho a la seguridad y autonomía. Habla en nombre de los palestinos y su derecho a la soberanía y libertad. Habla en nombre de los musulmanes, recordándoles lo mejor de su tradición religiosa con sus profundas convicciones y sentido culto al único Dios. Habla por los cristianos en su difícil estatuto de pequeña y sufrida minoría. En una palabra, habla a todos y para todos”.

Parece nada, pero es la receta que ofrece el Cristianismo en la tierra sufriente de Cristo desde hace más de 2000 años: amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Sigue el padre Williams:

“Paradójicamente, en medio de toda la manipulación del mensaje de Benedicto XVI y de todas las protestas por que no se alinea lo suficiente con ningún grupo, vemos la grandeza y singularidad de su presencia aquí. Ningún otro líder en el mundo puede hablar con la misma autoridad moral o imparcialidad. Su verdadero rechazo a ejercer la política partidista es la causa de que a menudo su mensaje sea rechazado y por eso es tan desesperadamente importante”.

El Papa, en su empeño por “ser un puente de diálogo y cooperación constructiva en la edificación de una cultura de paz que reemplace el presente punto muerto de temor, agresión y frustración” sufre en carne propia la infamia, el descrédito, la injuria.

Tu es Petrus. No es el discípulo más que su Maestro.

Soli Deo

16 Abr

 

 

El paso firme, breve, rápido. La sonrisa chispeando tímidamente en los labios y en los ojos. Las manos, una abierta en saludo y la otra sujeta a la barandilla y al solideo. Ante Dios, siempre. Blanco el avión, como una paloma; blanco el pelo del Pontífice, blanca la sotana.

 

La bajada por la escalerilla del avión simboliza el paso del Papa en Estados Unidos: firme, breve, rápido, bautismal.

 

Benedicto XVI: hombre nacido como todos, un día como hoy hace 81 años, y elegido como Dios en la tierra un día como el próximo sábado, hace ya tres años.

 

En medio, como un suspiro, el encuentro con Bush, con los seminaristas y sacerdotes, con los miembros de la ONU, los líderes de otras religiones, los universitarios, los muertos de la Zona Cero y los vivos… Y un mensaje.

 

Tanti Auguri!, Glücklicher Geburtstag!, Happy Birthday!, Feliz Cumpleaños, Santo Padre! Gracias.

Autocrítica

5 Dic

Benedicto XVI explica en Jesús de Nazareth cómo la doctrina del Maestro, sustentándose en la tradición veterotestamentaria, le otorga una dimensión universal y espiritual nueva, desligada de ordenamientos políticos y sociales propios de la constitución de un pueblo elegido.  

“Resulta decisiva la fundamental comunión de voluntad con Dios, que se nos da por medio de Jesús. A partir de ella, los hombres y los pueblos son ahora libres de reconocer lo que, en el ordenamiento político y social, se ajusta a esa comunión de voluntad, para que ellos mismos den forma a los ordenamientos jurídicos. La ausencia de toda la dimensión social en la predicación de Jesús (…) entraña y al mismo tiempo esconde un proceso que afecta a la historia universal y que, como tal no se ha producido en ningún otro ámbito cultural: los ordenamientos políticos y sociales concretos se liberan de la sacralidad inmediata, de la legislación basada en el derecho divino, y se confían a la libertad del hombre, que a través de Jesús está enraizado en la voluntad del Padre y, a partir de Él, aprende a discernir lo justo y lo bueno”.

 Así pues, el cristianismo –ya lo decía Chesterton cuando contraponía a la endogamia enfermiza del círculo la paradoja de la cruz que proyecta su mensaje hacia los cuatro puntos cardinales- no sólo no se opone al progreso sino que ha sido y sigue siendo factor de progreso, de razón y de libertad. 

Ese ejercicio de la libertad basada en la confluencia de lo celeste y lo terrenal en la persona de Dios-Hombre clavado voluntariamente por amor en la intersección de un madero vertical y otro horizontal para salvación de todos –los brazos en abrazo hacia la tierra/ el ástil disparándose a los cielos” (León Felipe)- sigue siendo hoy motivo de locura y de desprecio. 

“Esta libertad –continúa la cita de Jesús de Nazarethse ha ido sustrayendo totalmente a la mirada de Dios y a la comunión con Jesús. La libertad para la universalidad y, con ello, la justa laicidad del Estado se ha transformado en algo absolutamente profano –en “laicismo”- cuyos elementos constitutivos parecen ser el olvido de Dios y la búsqueda en exclusiva del éxito. Par el cristiano creyente las disposiciones de la Torá siguen siendo un punto decisivo de referencia hacia el que siempre dirige la mirada; para él la búsqueda de la voluntad de Dios en la comunión con Jesús sigue siendo como una señal de orientación para su razón, sin la cual corre siempre el peligro de quedar ofuscado, ciego”·. 

Contribuyen a ello los nuevos prometeos –promeateos– que pretenden arrebatar el fuego de la fe, suplantando la adoración de Cristo por la adoración del Solsticio de Invierno, con el flaco favor de tanto cristiano acomplejado y pusilánime que –como dice el Papa en la Spe Salvi“se ha resignado a aceptar el papel de religión privada, portadora de un anuncio de salvación individual”, bien sea en versión self-service individual o nacionalista. Y así nos va. La modernidad necesita una autocrítica. Los cristianos, también.  

Spe Salvi

1 Dic

Ayer, fiesta de San Andrés, vio la luz la segunda encíclica de Benedicto XVI. Si la primera estuvo dedicada al amor, sin el cual somos címbalo que retiñe, ésta tiene por objeto la esperanza que salva, Spe Salvi. 

La bajé a la PDA y me la leí de un tirón junto al Sagrario. No fue mi propósito inicial, pero la tarde estaba serena y el texto me atrajo desde el primer párrafo.

Sin darme cuenta, asistí a una hora y media de lección magistral con el Maestro y su buen vicario, servus servorum Dei 

Como en sus largos años de docencia, el Papa pone en juego en esta carta toda su capacidad magisterial, amplificada por la asistencia del Espíritu Santo, aplicando el método socrático. Es él quien pregunta y responde pero con tal respeto a la inteligencia del destinatario que el texto se podría considerar un auténtico diálogo.  

Ratzinger parte del corazón del interlocutor y no elude las preguntas incómodas ni deja cabos sueltos, no ahorra las premisas ni las objeciones necesarias: “¿de qué género ha de ser la esperanza para poder justificar la afirmación de que a partir de ella, y simplemente porque hay esperanza, somos redimidos por ella?, ¿de verdad queremos vivir eternamente?, ¿es individualista la esperanza cristiana?, la razón del poder y del hacer ¿es ya toda la razón?, ¿es tan importante para mí la verdad como para compensar el sufrimiento?, ¿es tan grande la promesa del amor que justifique el don de mí mismo?, ¿qué sucede con estas personas (las malvadas) cuando comparecen ante el Juez?, ¿quién no siente la necesidad de hacer llegar a los propios seres queridos que ya se fueron un signo de bondad, de gratitud o también de petición de perdón?”. 

Como Virgilio acompaña a Dante en su periplo por las verdades eternas, el Papa nos guía en el tránsito por este preludio del más allá que los hombres somos capaces de convertir en trasunto del Cielo o en un infierno terrenal.

En el recorrido nos topamos con personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, padres de la Iglesia, santos, héroes, filósofos, teólogos, herejes. Platón, Bacon, Lutero, Kant, Engels, Marx… 

Al hilo de la historia del pensamiento, Ratzinger explica la relación entre esperanza y fe en la primitiva cristiandad, en qué momento de la historia se trocó la esperanza en Dios en confianza ciega en el progreso humano, cuándo se escindieron razón y libertad, cómo se produjo el trueque de la búsqueda del reino de Dios por la búsqueda del reino del hombre, para concluir, al hilo de las atrocidades de los regímenes totalitarios: “Un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza. Nada ni nadie garantiza que el cinismo del poder –bajo cualquier seductor revestimiento ideológico que se presente– no siga mangoneando en el mundo”.  

Benedicto XVI termina mostrándonos los lugares donde podemos hallar el bagaje de esperanza que necesitamos para resistir en el viaje y para alcanzar el destino que nos ha sido reservado: la oración, el sufrimiento, el juicio, María. 

Es difícil leer al Papa sin sentir despertar en el alma la nostalgia de infinito. Resulta casi imposible sustraerse al atractivo de su lenguaje, al reto que propone a la razón que en todo hombre subyace por encima de la irracionalidad reinante.

Con él, la verdad se impone suavemente no con la violencia del rayo sino bañándolo todo en una luz cálida que da sentido a todo lo que nos rodea.

Señores pasajeros

18 Nov

El tren con destino Pamplona efectuará su salida mañana domingo a las 9 horas.

Visito con ilusión en estos días al alma mater, con ocasión del Congreso Internacional “Culturas y Racionalidad. Líneas de diálogo y convergencia en la sociedad pluralista.”

El origen de este congreso se remonta a 2004, y en concreto a una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida al rector de la Universidad de Navarra y firmada por el entonces Prefecto de la Congregación, Cardenal Ratzinger.

“El objeto de la carta –explica la presentación del congreso- era solicitar la colaboración de la Universidad de Navarra para ampliar algunos estudios emprendidos tiempo atrás por la Congregación, sobre un “tema importante y urgente” para la Iglesia y la sociedad, como es el de “evaluar la presencia de los contenidos esenciales de la ley moral natural en la sociedad contemporánea”, en la que parecen haberse oscurecido verdades morales naturales, indiscutidas y vigentes desde antiguo”.

Además de alimentar mi mente espero llenar las alforjas del cuerpo y del espíritu en compañía de viejas amistades –profesores, compañeros- y al calor de un buen chuletón y/o chistorrica.

El tren me devolverá a Sevilla el día 24, previo paso por Madrid donde permaneceré  tres días por motivos laborales y donde también quiero ver a algunos amigos en el poco tiempo que me quede disponible.

Así que, mis queridos lectores, no tendréis noticias en el blog hasta el próximo domingo.  

Monomanía

22 Oct

Interesante el estudio sobre Relativismo, verdad y fe del profesor Rodríguez Luño en la revista Romana, del que rescato una cita de Benedicto XVI que bien podría servir de aviso para el “zector máz rabiozamente laizista del partido que noz gobierna” a la hora de pergeñar la revisión de los acuerdos con el Vaticano y la Ley de Libertad Religiosa como punto de su programa electoral.  

«Si la libertad de religión es considerada como expresión de la incapacidad del hombre para encontrar la verdad, y por tanto se convierte en canonización del relativismo, entonces se eleva impropiamente tal libertad desde el plano de la necesidad social e histórica hasta el nivel metafísico y se le priva de su auténtico sentido. La consecuencia es que no puede ser aceptada por quien cree que el hombre es capaz de conocer la verdad de Dios y está vinculado por ese conocimiento, en virtud de la dignidad interior de la libertad. Algo completamente diferente es considerar la libertad de religión como una necesidad que deriva de la convivencia humana; más aún, como una consecuencia intrínseca de la verdad, que no puede ser impuesta desde el exterior, sino que tiene que ser asumida por el hombre sólo mediante el proceso de la convicción. El Concilio Vaticano II, al reconocer y asumir con el Decreto sobre la libertad religiosa un principio esencial del Estado moderno, retomó el patrimonio más profundo de la Iglesia». (Discurso del 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI).