Archivo | familia RSS feed for this section

Hace mucho que te quiero

9 Jun

20080908-quiero%202%20470

El sábado volví a ver Hace mucho que te quiero, del francés Philippe Claudel y me reafirmé en mi primera impresión. También me acordé de que hace un mes prometí escribir algo sobre ella y no he cumplido.

Juliette (magnífica y tristísima Kristin Scott Thomas),obtiene la libertad tras pasar quince años en la cárcel y se reúne con su hermana menor Léa (Elsa Zylberstein, personaje principal cuya bondad ilumina la película de cabo a rabo), que la acoge en su casa de Nancy donde vive con su marido Luc, sus dos hijas adoptivas y el suegro.

Juliette intenta incorporarse a la vida profesional y superar el rechazo de sus padres por el crimen por el que fue condenada a la pena capital. En el trato con la hermana, en su contacto con la sencilla vida familiar no exenta de situaciones dramáticas (la procesión de Léa va por dentro), con amigos como Michel, capaz de recomponer con paciencia y amor los pedazos de su alma rota; la hermana mayor descubre el camino que conduce fuera de una prisión más dura que la del cuerpo: la prisión de la mente.

La película es enorme. Por su guión -se nota que el director y guionista es escritor, además de profesor y antropólogo, cosa que también queda patente en el tratamiento de la historia y en la ambientación. Por el tempo que no anticipa nada y suministra con el cuentagotas de la vida misma los detalles del drama, por la humanidad que destila el argumento y por la creíble actuación de sus personajes principales (Juliette, Léa, Michel, el capitán de la policía) y secundarios (el abuelo, las niñas, el director del hospital donde comienza a trabajar).

Afortunadamente en esta ocasión no hubo el debate de la primera a cuenta del colofón de la película. Hay quien se empeña en ver fantasmas donde no los hay. La película no habla de “eso”. La película habla de la muerte, la soledad, la incapacidad de abrirse al otro, la confianza, la familia como necesario lugar de acogida, el sentido de culpa, la amargura. Y lo hace sin moralinas ni explicaciones para tontos. El que pueda entender, que entienda. Y el que no, que se replantee su sitio y su función en este mundo lleno de seres tan imperfectos como necesitados de misericordia.

Anuncios

Mataharis

2 May

 

 

Vi Mataharis de Icíar Bollaín por mi cumpleaños (qué palabra tan horrenda, con lo bonito que suena happy birthday) y me gustó. La tenía en el cajón de pendientes desde hacía meses.

 

Por mi onomástica, y con carácter retroactivo también fui ayer a una exposición de Velázquez en el Hospital de los Venerables de la que hablaré en otra ocasión y me tomé unas tapas en el barrio de Santa Cruz. Esto, unido a cierta crisis de creatividad, es la causa de mis ausencias.

 

A lo que vamos. Tres mujeres con el común denominador laboral de una agencia de detectives y un variado numerador de situaciones afectivas.

 

En la resolución de cada dilema vital Eva, Carmen e Inés habrán de despejar las incógnitas de la verdad, la libertad y la felicidad: decidir entre arriesgar el trabajo o el amor en el fragor de una investigación de procedimientos y fines inmorales; ser o no infiel a una relación abocada al fracaso; y perdonar o no el ocultamiento de una realidad dolorosa que amenaza la vida conyugal y familiar.

 

Los personajes femeninos -Inés (María Vázquez), Carmen (Nuria González) y Eva (Nawja Nimri)- pesan deliberadamente pero sin feminismos exacerbados. Tienen sus luces y sus sombras. Los masculinos, fifty- fifty: humanos y creíbles Iñaki (Tristán Ulloa) y Manuel (Diego Martín); canalla y machista Valbuena (Fernando Cayo), el directivo de la agencia; y muy patético Sergio (Antonio de la Torre) en su papel de marido-mueble de Carmen.  

 

Se nota la mirada femenina de su directora, y su interés por mostrar el drama social y personal de numerosas mujeres abocadas a elegir entre familia y trabajo (fantástica interpretación de Nawja Nimri).

 

Pero no sólo eso, también el activo de flexibilidad, empatía y humanidad que aportan al entorno laboral, personificado en la ayuda que se prestan para lograr eso que algunos llaman conciliación, la compasión ante la debilidad y la injusticia, y ese sexto sentido capaz de adelantarse a los conflictos y resolverlos con gracia y discreción.

 

Piel sin maquillar, fotografía sin filtro, hermosa de puro real, sometida al objetivo de la verdad sin trucos ni luces indirectas. Así me pareció la película en su planteamiento, en su guión descarnado, en la naturalidad de la cámara y de la interpretación y en sus finales abiertos. La vida sin aderezos, desnuda en toda su belleza y complejidad.

Censura

16 Abr

No apto para menores de 60.