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Migas de Pulgarcito

24 Nov

Para volver al camino, sin desfallecer en el intento, estas, que más que migas son hogazas de pan tierno.

Son palabras de Benedicto XVI a 260 artistas en la celebración de X aniversario de la Carta que Juan Pablo II les dirigió. Al acto, que tuvo lugar el pasado 21 de noviembre en la Capilla Sixtina, asistieron, entre otros, los cineastas Kristof Zanussi, Nani Moretti, Samuel Maoz y Pupi Avati, los arquitectos Zaha Hadid y Santiago Calatrava, los escritores Susanna Tamaro y Claudio Magris, el compositor Ennio Morricone, o el tenor Andrea Bocelli.

Una función esencial de la verdadera belleza, de hecho, ya expuesta por Platón, consiste en provocar en el hombre una saludable “sacudida”, que le haga salir de sí mismo, le arranque de la resignación, de la comodidad de lo cotidiano, le haga también sufrir, como un dardo que lo hiere pero que le “despierta”, abriéndole nuevamente los ojos del corazón y de la mente, poniéndole alas, empujándole hacia lo alto. La expresión de Dostoyevski que voy a citar es sin duda audaz y paradójica, pero invita a reflexionar: “La humanidad puede vivir –decía– sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría seguir viviendo, porque no habría nada que hacer en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí”. Se hizo eco de sus palabras el pintor Georges Braque: “El arte está hecho para turbar, mientras que la ciencia tranquiliza”. La belleza golpea, pero por ello mueve al hombre hacia su destino último, lo pone en marcha, lo llena de nueva esperanza, le dona la valentía de vivir hasta el final el don único de la existencia. La búsqueda de la belleza de la que hablo, evidentemente, no consiste en una fuga irracional o en un mero esteticismo.
 
Con demasiada frecuencia, sin embargo, la belleza de la que se hace propaganda es ilusoria y falaz, superficial y cegadora hasta el aturdimiento y, en lugar de sacar a los hombres de sí y abrirles horizontes de verdadera libertad, empujándolos hacia lo alto, los encarcela en sí mismos y los hace ser todavía más esclavos, quitándoles la esperanza y la alegría. Se trata de una belleza seductora pero hipócrita, que estimula el apetito, la voluntad de poder, de poseer, de prepotencia sobre el otro y que se transforma, rápidamente, en lo contrario, asumiendo los rostros de la obscenidad, de la trasgresión o de la provocación en sí misma. La auténtica belleza, por el contrario, abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de salir hacia el otro, hacia más allá de sí mismo. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de comprender el sentido profundo de nuestro existir, el misterio del cual somos parte y del cual podemos obtener la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso cotidiano.

(…) Queridos artistas, al concluir, quisiera dirigir también yo, como ya lo hizo mi predecesor, un cordial, amigable y apasionado llamamiento. Sois los custodios de la belleza, tenéis, gracias a vuestro talento, la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ampliar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. ¡Agradeced los dones recibidos y sed plenamente conscientes de la gran responsabilidad de comunicar la belleza, de comunicar la belleza a través de la belleza! ¡Sed también, a través de vuestro arte, anunciadores y testigos de esperanza para la humanidad¡ ¡Y no tengáis miedo de relacionaros con la fuente primera y última de la belleza, de dialogar con los creyentes, con quien, como vosotros, se siente peregrino en el mundo y en la historia hacia la Belleza infinita! La fe no quita nada a vuestro genio, a vuestra arte, es más, los exalta y los nutre, los anima a atravesar el umbral y a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la meta última y definitiva, el sol sin crepúsculo que ilumina y hace bello el presente.

El texto completo, aquí.

Por los clavos de Cristo

29 Ago

cristo

Baeza y Baena se escriben casi igual, aunque una está en Jaén y la otra en Córdoba. Ayer aparecían en la misma página del ABC a cuenta de la obligación de retirar los crucifijos, según dicta la futura Ley de Libertad Religiosa.

En Baeza hace dos años la imparable Junta de Andalucía ya exigió a los profesores la retirada de los crucifijos de las paredes de un colegio, el colegio de San Juan de la Cruz, para más INRI. Él que la amaba tanto que la llevaba en el nombre. A ver dónde está el guapo que es capaz de quitarla de ahí.

Los profesores se las han averiguado para que la cruz esté presente, aunque sea de quita y pon. Así que cada día tiene su propia cruz, su vía crucis, su procesión que va por dentro…del centro escolar.

Salen ganando. Quisieron prohibir también el canto de villancicos, las ofrendas florales y los belenes, pero lo único que han conseguido es exacerbar la curiosidad de los chavales por lo prohibido. Lo que son las cosas, con perdón: ahora, en clase, en lugar de mirar furtivamente revistas de cochinadas, los adolescentes se repartirán bajo cuerda estampas religiosas. Ya ocurrió en la época de la dominación comunista y seguimos sin hacer propósito de la enmienda. 

En Baena, el alcalde socialista se ha negado a retirar del salón de plenos el crucifijo. Dice que “dado que la inmensa mayoría de los baenenses se consideran cristianos, este crucifijo ni atenta contra la Constitución ni mucho menos contra los derechos de los ciudadanos de Baena”.

Con sentido común y más razón que un santo añade guasón: “Basta con observar cómo ustedes corren debajo de los santos para portarles en procesión o cómo corren detrás del obispo para besar su mano”. Y cierra el tema: “Este Cristo estará aquí mientras yo sea alcalde”. Amén. Un aplauso a la sensatez.

Me recuerda a un episodio similar que viví hace más de diez años. Trabajaba yo en el Ayuntamiento de Gibraleón, que entonces estaba gobernado por el PP. En el pasillo de la zona noble, muy cerca del salón de plenos y del despacho de alcaldía, junto a mi oficina de prensa, había un ensanche del pasillo recubierto con un cortinón de terciopelo rojo. Delante, protegido por un cristal, estaba el Cristo del Cementerio (cuya imagen serena encabeza esta entrada), una talla del siglo XIII, de estilo gótico y tamaño natural, la mayor riqueza artística del municipio.

Era mi compañero de oficina, el más puntual. El primero que tenía la luz encendida cuando yo enfilaba el oscuro pasillo a eso de las 7.30 de la mañana. Siempre sospeché que se quedaba trabajando por las noches.

Ya entonces, la oposición y algunas autoridades eclesiásticas, según se dice, presionaron para que el Cristo se alojara en alguna iglesia, lugar que parecía más apropiado para que los fieles le rezaran, pero el alcalde decía que nones. Que el Cristo no se iba del Ayuntamiento mientras él estuviera allí.

Yo me alegraba porque no quería perder a un colega de trabajo tan especial. Junto a mi despacho estaba el servicio de obras y por allí pasaba medio Gibraleón a pedir licencia después de hacer una paradita delante del Señor.

Desde mi puesto de trabajo oía a los lugareños, olontenses, panzurranos, suspirar y musitar devotos sus oraciones.

Acuciada por la nostalgia, he buscado su paradero en internet y he sabido que a principios de agosto, la corporación actual, que es del PSOE, lo trasladó al Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico para su restauración. El alcalde -en aquellos tiempos compañero en la Agencia de Desarrollo Local- ha prometido que el Crucificado regresará a las dependencias municipales, pero, ay, no sé, con la manía que le han cogido a los crucifijos los gobiernos nacional y autonómico que tenemos, siento que me falla la fe. Aunque, mira tú el alcalde de Baena.

“¿Pues qué delito es, señor, el cantar?”

13 Ago

ESCRIBANO:  Este paje, este soldado,

                             son a los que mi cüidado

                             sólo ha podido prender;

                             que otro se puso en hüida.

CRESPO:           Éste el pícaro es que canta.

                             Con un paso de garganta

                             no ha de hacer otro en su vida.

REBOLLEDO:  Pues qué delito es, señor, el cantar?

pregunta con zalamería el soldado Rebolledo a Pedro Crespo, nombrado alcalde de Zalamea, cuando le insta a confesar el ultraje perpetrado por el capitán Álvaro Ataide contra su hija Isabel. Y Crespo le contesta amenazante:

                            Que es virtud siento,

                             y tanto, que un instrumento

                             tengo en que cantéis mejor”.

No he podido contrastar la versión de Francisco Brines, pero seguro que no diferirá del original en demasía.

Me da a mí que a la SGAE no le gusta que le contradiga ni el mismísimo Calderón. Y eso que al final, cuando el garrote atraviesa la garganta del violador, hasta las ganas de cantar se le quitan a su soldado.

Revival del 68

7 Feb

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El Ayuntamiento de Granada está alarmado por el incremento de pintadas callejeras en las fachadas de sus cármenes y la semana pasada comenzó su Reconquista, un ensayo de Educación para la Ciudadanía inocuo y de baja intensidad: “Un minuto se tarda en escribir un graffiti y 38 minutos en borrarlo”, al menos materialmente. 

Para cuando yo llegué, o bien el profesor se había retrasado, o es que las consignas eran tan pertinaces y socialmente arraigadas que no salían ni con agua caliente a presión. Haberlas habíalas y de todo jaez: anarcos, feministoides, hippies, psoístas, etc. Eso sí, sospechosamente normativas por bien acentuadas.

Olía a subvención y a rancio mayo del 68, a grises corriendo tras melenudos estudiantes que hoy peinan –es un decir, más bien lucen- canosas rastas y viven de los cuentos de la Alhambra y del hachís que circula por las calles. 

Granada goza de una vida alternativa que me sorprendió. Algunas pintadas me parecieron especialmente sugerentes: una idealista en la subida al Albaycín, prometedora, reivindicativa del flower power como paraíso terrenal: “Mil máquinas jamás podrán hacer una flor”, y otra, bajando la Cuesta de las Cabras, de culo y sin frenos, en una pared desde la que nos miraba aterrado el dibujo del gato emparedado de Edgar Allan Poe, reprochándonos todos nuestros crímenes, fruto del libertinaje y el amor libre. 

Tardé una hora en recorrerlo, con parada obligada en el mirador, pero juraría que fueron 40 años.

Del cerdo, hasta los andares

8 Dic

El jamón ibérico ha entrado con buen pie en Estados Unidos, con pata negra de cinco jotas para ser exactos.

Ayer tuvo lugar su presentación en sociedad en el restaurante “Jaleo” de Washington y hoy la aduana de Nueva York recibe los primeros trescientos ejemplares de lo que algún hortera con denominación de origen ha llamado “el Rolls Royce de la gastronomía española”.  

Yo sé que los cochinos de Higuera de la Sierra a los que anteayer mismo tiraba bellotas por el camino aquel de Las Tobas no estarán de fiesta precisamente, y habrán echado a correr por las dehesas a trote de cuto invocando a San Martín nada más enterarse. Ya ven ustedes. Pero yo estoy contenta porque ha llegado la hora de rehabilitar la fama del Sus scrofa domesticus, que así se llama el cerdo en términos científicos, después de tantos siglos de vilipendio y deshonra.  

Cochino, guarro, puerco, cerdo, marrano. No habrá especie en el reino animal con más sinónimos ni más útil para insultar a los humanos. Su nombre ha sido tradicionalmente asociado a la impureza; su carne, prohibida por judíos y musulmanes. 

Suerte que Jesús la redimió cuando dijo: ‘No es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que le hace impuro’. Así el mundo cristiano ha podido dar gracias al Cielo por el manjar del jamón, recogiendo y sublimando las más sabias tradiciones de fenicios y romanos, como siempre. 

Pobre cerdo. De él se dice que es un animal sucio, el señorito de la mirada baja, que gusta de revolcarse en el cieno, cuando bien sabe Dios, su Creador, que es una de las bestias más escamondadas de la granja y que buenos baños se daría si tuviera agua limpia a su alcance, como su dueño. Ni Popea. 

“Del cochino, hasta los andares”, reza el refrán. Para todo vale el cerdo, tan sufrido, hasta para transplantes de corazón. Carnes, embutidos, cepillos de cerda (perdón), abrigos… Todo se aprovecha. Un poco de respeto, pues, para alguien tan entregado.

Por eso me alegra que reciba las bendiciones de EE.UU y que salte a la fama. Será una fuente de salud para los yanquis, rebajará los índices de colesterol y de obesidad, y mejorará las relaciones diplomáticas entre EE.UU y España a partir de ahora, por mucho que se empeñen Moratinos y ZP en estropearlas.

(Habrá quien considere impropio del día hablar de estas cosas. Para esos, mis entradas de los días anteriores, que constituyen casi una novena).

Flores para el invierno

26 Nov

-Ese es el sitio de mi tío Jorge.

-¿Qué? -la que me habla con ese aplomo es una niña rubia de unos cinco años.

-Que te vas a sentar en el asiento de mi tío Jorge.

A su lado, la hermana más pequeña asiente. Seguro que son hermanas porque las dos visten pantalón y jersey rojo rematados por un lazo también colorado en la cabeza.

-¿Ah, sí?, ¿y quién te dice a ti que tu tío Jorge no se ha equivocado?

Las dos niegan con la cabeza al unísono y añaden con un punto de irritación –Mi tío Jorge no se equivoca.

Miro mis billetes y compruebo que ese no es el sitio que me corresponde en el vagón. Los niños siempre tienen la razón. A mi lado un señor joven mira divertido.

-Disculpe, Ud. debe ser el tío Jorge.

-No se preocupe. Desde aquí veo a las niñas mejor. Así pueden ocupar Uds. asientos contiguos.

Inma y yo nos sentamos. Las niñas juegan a las palabras encadenadas detrás de nosotras. Pienso que son muy despiertas para su edad. De cuando en cuando el tío les llama la atención sobre todo si alzan la voz razonándoles como si fueran mayores. Inma y yo charlamos, dormitamos. Ella lee y yo veo una peli un poco mala que trata sobre las industrias tabaqueras: “Gracias por fumar”.

Las niñas callan tanto que me olvido de que están ahí.

A las dos horas, ya en Tudela, las oigo de nuevo. Colorean un cuaderno de dibujos, juegan a las casitas…

Asomo la cabeza entre los dos asientos.

-Hola. Se me había olvidado que estabais detrás.

Interviene la pequeña. -¿Sabes por qué no nos oías? Porque estábamos durmiendo la siesssta.

Luego dice la mayor: -Cierra los ojos y pon la mano aquí.

-Uy, qué miedo.

-¡Que nooooo!

Jugamos a adivinar quién de las dos es la que me golpea con el lápiz.

-Cómo os llamáis?

-Ella, Alejandra y yo, Carlota.

-Tenéis nombre de princesa.

-Y tú?

-Yo, Cristina.

-Ese no es nombre de princesa.

-¿Cómo que no? -Ahora la que protesta soy yo.

En mi mano derecha llevo el anillo negro de cristal con dos flores blancas dentro a modo de ilusión óptica que compré por dos duros este verano en Algeciras.

Alejandra hace la pregunta esencial: -¿Por qué tienes esas flores encerradas ahí dentro?

Me indigno: -No están encerradas, están protegidas. ¿No ves que estamos en invierno? Si estuvieran fuera se habrían muerto, como las demás flores del campo. No tienes más que mirar por la ventanilla.

Carlota me contempla incrédula e Inma mira por la ventana con un poco de vergüenza. El tío Jorge disimula pero no pierde ripio. Las niñas han salido al pasillo y ahora están a mi lado.

-¿A ver? -me cogen la mano. -No es verdad. Nos estás engañando.

-Que no. Están ahí dentro hasta que llegue la primavera. Entonces saldrán. ¿Tú no tienes frío y estás calentita en este vagón? Pues ellas también tienen sus derechos.

-Diles que salgan. Si no, no te creemos -me chantajean.

No puedo. Se morirían.

-¡Porfaaaaa!

-No puedo, de verdad.

-¡Inténtalo! –suplican.

-Bueeeno, pero no garantizo nada.

Hago como que les hablo a las flores en secreto. Espero un poco: –Nada, no quieren salir.

-Déjame a mí -dice Carlota: –¡Salid, florecitas!

Así no te harán caso. Les tienes que hablar en idioma floril.

-A ver. Flo,flo,flo,flo…

Inma ha adquirido un tono similar al de la indumentaria de las niñas. Creo que todos los vecinos de vagón nos miran. Estamos llegando a Pamplona, a la misma estación decrépita de mis años mozos.

-¿Me regalas el anillo?

-Te queda grande.

-No. -Se lo prueba y le está inmenso.

-Te doy el anillo si me das tu lazo rojo.

Duda. El tío Jorge interviene un poco abochornado y aprovecho para despedirme amistosamente de las dos pequeñas.

No vuelvo a pensar en el anillo hasta el sábado en el tren de vuelta a Sevilla. Ha pasado casi una semana desde el episodio anterior. En ese tiempo he acumulado vivencias felices, conceptos filosóficos, paisajes otoñales; he puesto a prueba mi inglés, he visto a colegas de trabajo y he compartido muchas horas de intensa amistad con profesores y amigos queridos de Pamplona y de Madrid. 

Miro el anillo de cristal. Doy gracias a Dios por el regalo de estas flores que abren sus pétalos fragantes, tan blancas, sobre el fondo negro, como la rosa que el Principito guardaba en un fanal en la superficie del asteroide B612.

Flores blancas para contemplar “in the bleak midwinter”.

Señores pasajeros

18 Nov

El tren con destino Pamplona efectuará su salida mañana domingo a las 9 horas.

Visito con ilusión en estos días al alma mater, con ocasión del Congreso Internacional “Culturas y Racionalidad. Líneas de diálogo y convergencia en la sociedad pluralista.”

El origen de este congreso se remonta a 2004, y en concreto a una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida al rector de la Universidad de Navarra y firmada por el entonces Prefecto de la Congregación, Cardenal Ratzinger.

“El objeto de la carta –explica la presentación del congreso- era solicitar la colaboración de la Universidad de Navarra para ampliar algunos estudios emprendidos tiempo atrás por la Congregación, sobre un “tema importante y urgente” para la Iglesia y la sociedad, como es el de “evaluar la presencia de los contenidos esenciales de la ley moral natural en la sociedad contemporánea”, en la que parecen haberse oscurecido verdades morales naturales, indiscutidas y vigentes desde antiguo”.

Además de alimentar mi mente espero llenar las alforjas del cuerpo y del espíritu en compañía de viejas amistades –profesores, compañeros- y al calor de un buen chuletón y/o chistorrica.

El tren me devolverá a Sevilla el día 24, previo paso por Madrid donde permaneceré  tres días por motivos laborales y donde también quiero ver a algunos amigos en el poco tiempo que me quede disponible.

Así que, mis queridos lectores, no tendréis noticias en el blog hasta el próximo domingo.