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Tras los pasos del padre Brown

2 Mar

No había seguido hasta ahora sus peripecias. Había leído El hombre que fue jueves, Ortodoxia, Herejes, Correr tras el propio sombrero (a medias), Autobiografía, pero no los relatos del candoroso y sagaz curita católico de cara de pudín de Norfolk.

Como ahora no tengo tiempo y éste que no tengo he de distribuirlo, como los cinco panes y los dos peces, entre las obligaciones perentorias e importantes, protestonas y discretas, de cuando en cuando me leo una historieta.

En La inocencia del Padre Brown he encontrado la famosa frase del hilo de pescar que Cordelia cita a Charles, tras la muerte de Lady Marchmain, cosa que ya sabía, aunque no por ello gocé menos con el hallazgo. Y, entre otras deliciosas paradojas, esta sustanciosa conversación teológica entre el ladrón Flambeau, disfrazado de clérigo, y el padre, en el parque de Hampstead.

El curita de Essex hablaba con la mayor sencillez, de cara hacia las nacientes estrellas. El otro inclinaba la cabeza, como si fuera indigno de contemplarlas.

(Sólo esto ya habla con elocuencia de la connaturalidad cristiana con la grandeza, del gozo que supone saberse rey y administrador de la creación, y de la humildad, a pesar de todo, o precisamente por).

 

No hubiera sido posible encontrar una charla más clerical e ingenua en ningún blanco claustro de Italia o en ninguna negra catedral española. Lo primero que oyó fue el final de una  frase del padre Brown que decía: «…que era lo que en la Edad Media significaban con aquello de: los cielos incorruptibles».

El sacerdote alto movió la cabeza y repuso:-¡Ah, sí! Los modernos infieles apelan a su razón; pero, ¿quién puede contemplar estos millones de mundos sin sentir que hay todavía universos maravillosos donde tal vez nuestra razón resulte irracional?

-No -dijo el otro-. La razón siempre es racional, aun en el limbo, aun en el último extremo de las cosas. Ya sé que la gente acusa a la Iglesia de rebajar la razón; pero es al contrario. La Iglesia es la única que, en la tierra, hace de la razón un objeto supremo; la única que afirma que Dios mismo está sujeto por la razón.

El otro levantó la austera cabeza hacia el cielo estrellado, e insistió:-Sin embargo, ¿quién sabe si en este infinito universo…?

-Infinito sólo físicamente -dijo el curita agitándose en el asiento-, pero no infinito en el sentido de que pueda escapar a las leyes de la verdad. (…)

-La razón y la justicia imperan hasta en la estrella más solitaria y más remota: mire usted esas estrellas. ¿No es verdad que parecen como diamantes y zafiros? Imagínese usted la geología, la botánica más fantástica que se le ocurra; piense usted que allí hay bosques de diamantes con hojas de brillantes; imagínese usted que la luna es azul, que es un zafiro elefantino. Pero no se imagine usted que esta astronomía frenética pueda afectar a los principios de la razón y de la justicia. En llanuras de ópalo, como en escolleros de perlas, siempre se encontrará usted con la sentencia: «No robarás.»

 

(…) Hasta aquí la discusión. Luego Flambeau se desenmascara y le insta a que le entregue la cruz de plata, y una vez que se topa de bruces con la lucidez y la perspicacia del Padre Brown, que ya lo había calado y había puesto a salvo la reliquia, viene este fin magistral y actualísimo, medicina para los fideísmos y los ateísmos imperantes:

 

-¿No se le ha ocurrido a usted pensar que un hombre que casi no hace más que oír los pecados de los demás no puede menos de ser un poco entendido en la materia? Además, debo confesarle a usted que otra condición de mi oficio me convenció de que usted no era un sacerdote.

-¿Y qué fue ello? preguntó el ladrón, alelado.

-Que usted atacó la razón; y eso es de mala teología.

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Los límites de la sinrazón

15 Ene

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Iluminador el enfoque del profesor Wael Farouq en su comentario al discurso del Papa en Ratisbona que recoge Dios salve la razón:

“La necesidad humana de racionalidad y la crisis del racionalismo contemporáneo no están limitadas a una sola cultura y no son propias de los seguidores de una sola religión. A pesar de la gran diferencia en torno a las causas y a la naturaleza de esta crisis en toda cultura, se trata de una crisis general de la humanidad, de la que se deriva únicamente violencia, en diversas formas: la violencia cognoscitiva contra la vida humana encarnada por el espíritu nihilista dominante en Occidente y la violencia física contra la vida humana encarnada en el espíritu del extremismo y del terrorismo en el mundo árabe”.

Wael Farouq, En las raíces de la razón árabe.

El texto continúa muy interesante sobre la diferencia a la hora de abordar las relaciones entre fe y razón en los mundos musulmán y cristiano, el conflicto tradición-modernidad que se vive en los países islámicos y todos los problemas que genera.

Pero, volviendo a la cita y al lugar que nos ocupa por alusiones -esto lo añado yo, no Farouq-, es de esperar que dentro de x años quienes nos sucedan en este primer mundo recuerden con horror el holocausto perpetrado por las generaciones precedentes, y se pregunten espantados lo que nosotros ante las campos de concentración nazis: ¿cómo fue posible tanta sinrazón en nombre del intelecto y del progreso?, ¿cómo ningún gobierno condenó tal deshumanización?, ¿cómo nadie frenó aquella barbarie? 

Es de desear que esa nueva sociedad más racional que la nuestra aprenda de los fallos e incluso dedique un día del calendario y ponga monumentos en las plazas al niño no nacido, al embrión desechado, al anciano víctima de la eutanasia, para no olvidar lo que la desmemoria y la condición humana son capaces de repetir hasta mil veces.

Y es de suponer que la llegada de esas nuevas generaciones más lúcidas depende en algo de nosotros: de unas letras garabateadas en un periódico, o transformadas en onda radiofónica, en señal digital, en sistema binario; de una oración aparentemente extraviada en el limbo laicista; de un ejemplo, de un gesto de rebeldía, por débil que parezca ante los poderosos intentos de sofocarla. Así ha sido siempre: como el Ave Fénix.  

 

(Wael Farouq es profesor de lengua árabe en la American University de El Cairo y de Ciencias Islámicas en la facultad copto-católica. Es un exponente destacado de la cultura egipcia contemporánea).