Archive | Bergman RSS feed for this section

Fresas salvajes en pleno invierno

10 Dic

fresas-salvajes-2.jpgfresas_salvajes-1.jpg

Avanzo lenta pero segura en mi homenaje particular a Ingmar Bergman.

Hace unos meses me dejé conmocionar hasta el tuétano por Encuentros privados, film dirigido por Liv Ullmann sobre el guión del director sueco que narra la catarsis de una mujer que cree superar el paso del tiempo y su insatisfacción matrimonial con el amor hacia un joven estudiante. Y ayer vi Fresas salvajes, película que mi madre y mi padre habían visto en un cine-club madrileño cuando aún no eran mi madre y mi padre, ni siquiera marido y mujer, y que seguramente entonces ni sospecharon que volverían a ver conmigo ‘entaitantos’ años más tarde. 

De Fresas Salvajes me impacta su rotunda actualidad, pese a estar rodada en 1957, lo que me conduce a pensar una vez más que la verdad sobre el hombre, Dios y el mundo siempre ofrece prismas nuevos al ser humano de todos los tiempos e ilumina  nuestro personal drama de creación, caída y redención. En esto radica la materia prima de los clásicos.  

Bergman contrapone en Fresas salvajes el reconocimiento de la trayectoria científica de Isak Borg (Victor Sjöström), un médico sueco anciano, egoísta y enfermo, al viaje interior de sus fracasos vitales: Sara, la novia que acabó casada con su hermano frívolo; Karin, la mujer ya muerta que no se supo amada y le engañó; su hijo Evald que ha heredado la crueldad de toda una saga… Pasado y presente son convocados a través de sueños y encuentros que se suceden durante el viaje en coche a Lund donde el doctor recibirá el homenaje de la universidad.  

Hay muchas cosas que me han llamado la atención: la sinceridad, que no por habitual en Bergman, deja de golpearme; la fuerza expresionista de los sueños, en especial el de su muerte, y la impiedad de casi todas las mujeres que aparecen en la película: Marianne, su nuera, que viaja con él para reencontrarse con su egoísta marido que no desea al hijo engendrado por ambos, la madre anciana y olvidada, la mujer del analítico y despiadado doctor con cuyo coche chocan y que acogerán durante una parte del trayecto.  Mujeres demasiado duras para ser mujeres que sufren el cáncer del desamor de su entorno y que, de alguna manera, serán redimidas finalmente en la persona de Marianne protagonizada por la hermosa Ingrid Thulin. 

Sólo aportan algo de calor la otra Sara (interpretada para los dos personajes por la misma Bibi Andersson), una alegre estudiante que viaja a Italia con sus amigos y simboliza la mujer moderna liberada, superficial e independiente de cuya vitalidad Isak se enamora, y la fiel ama de llaves.

El viejo Isak vive un auténtico juicio particular en vida que le brinda la oportunidad de reconciliarse y de amar a aquellos que le sobrevivirán y a quienes no desea dejar un legado de soledad gélida: su hijo y su nuera que finalmente deciden seguir juntos y tener a ese hijo, el ama de llaves para quien tiene un gesto de reconocimiento.  

Y duerme el final de ese largo día, sin dolores ya, sin pesadillas, evocando el encuentro feliz con Sara y con sus padres en una tarde de verano y fresas salvajes junto a un mar de eternidad.

Una película descarnada y abierta (en canal) a una perspectiva cristiana, que nos reafirma en la esperanza de que mientras hay vida, hay tiempo, y mientras hay tiempo cabe redención. Muy propia para este Adviento.