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Lunes de diciembre

14 Dic

 Instruidas por el maestro viento

juegan a corro las hojas del patio.

Los colegiales muy quietos las miran

con el sueño anudado en sus bufandas.

De batiscafos

2 Sep

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Este batiscafo amarillo procede de tierra firme, del puesto de un vendedor ambulante en Piazza Navona. Estaba enmarcado y protegido por un cristal, y observaba Babel desde su hermético silencio anotando en la bitácora cada “curiosidad científica” que pasaba por allí. Debimos parecerle un tipo muy raro de peces abisales que se alimentaban de pizza y gelatti principalmente. Me quedé boqueando frente a él.

Era pequeño y demediado. Abierto en canal no resistiría ni la presión de una fontana, pero sí la del bolsillo seco y habitualmente holgado de un periodista.

Lo liberé de su marco y ahora navega entre mis dedos. De cuando en cuando me da unos golpecitos amistosos con su periscopio y me señala algún hallazgo.

 

*Ahora, gracias a Enrique que me envía este enlace, mi batiscafo tiene hilo musical. Me ha gustado mucho. Investigando sobre el grupo encuentro esta interpretación de la letra.

 

En la frontera de Oz

19 Mar

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Merendaba con Rocío Carlos en Rodilla, al abrigo de los redobles de tambor y de un exiguo chal de madroños. Ellos, sándwiches –guacamoles con queso de cabra light, según el envoltorio-; yo, helado doble de nata con nueces y dulce de leche, para combatir el frío.  

¿Para qué pondrán light si luego le meten mayonesa?, dice Rocío. Reímos. 

-¿Y la calle Valparaíso?, pregunta el canario. Le contesto: –bien, inspiradora, como siempre; aunque propiamente tendría que haber aclarado: el camino de baldosas amarillas, dirás, con su cortejo de presencias singulares.   

Ayer, sin ir más lejos, me paré en el quiosco de la frontera. El quiosquero, joven, con trazas de intelectual.  

-Buenos días, quería un periódico o varios, depende de si han publicado o no algo que estoy buscando. ¿Me dejaría ojear? 

-Sí, por supuesto.  

Me pongo a ello con torpeza porque estaría feo humedecer el dedo con saliva para pasar las páginas y es lo que me sale por defecto. Para justificarme añado:

-Estoy buscando un obit… -dudo qué sustantivo emplear tras la discusión de ayer-… estooo…una necrológica –corrijo. 

-Ah, pues pocas necrológicas encontrará en prensa. Pero, ¿necrológica u obituario?, porque ABC tiene necrológica y El Mundo, obituario. 

-Ya, bueno, lo mismo me da. 

Aparece una vecina con perro y el quiosquero sale a saludarlos:

-Psshh, Totó–pongamos por caso-. El can debe andar algo confuso porque el quiosquero añade:

-Un poco dubitativo este perro.  

La palabra se queda flotando, tengo ya una colección de globos en esta calle. Yo sigo ojeando la prensa, con más interés por lo que pasa fuera que dentro, así que decido poner más empeño en mi tarea. 

-Voy a llamar a la protectora –dice la señora. 

-¿Y eso? 

-Un coche. Lleva aparcado ahí dos días con un perro dentro. La Pepi dice que la ventanilla está un poco abierta, que iba a ver si le echaba algo de comer al pobre chucho. Y yo digo: pa’ eso no tengas perro, ¿no? 

-Pues sí, llama, llama. 

Se van el can cartesiano y su ama. El hombre se vuelve y le da una patada a la puerta del quiosco:

-¡Qué hijos de puta! 

Luego, desde el mostrador del quiosco, me sonríe educadísimo:

-¿Ha encontrado lo que buscaba? 

-Sí, me llevo éste. Muchas gracias por dejarme curiosear. 

-No encontrará muchos quioscos donde le dejen hacer esto. 

-Lo sé, en compensación me haré clienta fija. 

-No se preocupe, no es necesario. Y sonríe. 

Si ahora llegara un tornado y levantara el quiosco por los aires me parecería de lo más natural.

Toma de Granada

5 Feb

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He vuelto al antiguo molino de aceite y a la sombra oblicua del ejército de chopos que custodian el paso del Genil, silenciosos y graves, como los soldados de piedra del emperador Qin Shi Huang.  

La baranda donde el año pasado ataron al burrito estaba vacía, pero los almendros lucían en flor y la casa continuaba siendo el paraíso infantil que entonces intuí, lleno de recámaras y desahogos donde guardar aperos, donde ocultar penas o risas jugando al escondite con la rutina y el cansancio.  

Entonces vi la casa pero no llegué a vivirla. Fui, vi y tuve que regresar al acabar el día. Esta vez me quedé en buena amistad y no diré que vencí como Julio César sino más bien que fui vencida por la chimenea, por el frío bajo aquellas mantas viejas… y por Granada. 

La ciudad me conquistó, me tomó allí, en la Torre de la Vela, junto a la campana que tañe cada 2 de enero recordando la reconquista por los Reyes Católicos.  

De Granada tenía fugaces recuerdos: un flash en blanco y negro con mis padres y tres años vivaces disparado en el Patio de los Leones cuando había leones, y tres horas, ya de mayor, que me dejaron en la retina el perfil de la Alhambra desde el Darro, un paseo de blancas ocas, inverosímiles, impresas sobre la oscura tristeza; la abigarrada calle de las teterías, un patio judío, la catedral y muchas ganas de volver.  

Tenía miedo a romper el encanto irvinginiano, pero no fue así. Granada me cautivó. Luego he sabido que el sábado la Junta islamista pedía el voto para el PSOE y me consuela pensar que a la hora en que el resto de los españoles se atragantaba con la noticia, yo oía Misa en la Capilla Real y rezaba por España al pie de los féretros de Isabel y Fernando.  

La estancia de estos días me ha dejado el botín de los más hermosos paisajes de Granada robados en esos momentos en que uno tiene la conciencia de estar donde tiene que estar: viendo la ciudad desde el parador a la hora del café, o la Alhambra al caer la tarde desde el Albaycín; tomando cervezas en la calle Navas a la hora de la verdad, y piononos a primera hora de la tarde; o, ya de vuelta, contemplando la Sierra que extiende su armiño para mí en la última curva del camino invitándome a abrazar su fría hermosura.

El batiscafo de tu abismo

28 Nov

Renovarse o morir. No sé si será la proximidad del fin de año con sus espejismos de mejora, que quiero aplicar nuevos conocimientos técnicos recientemente adquiridos, o que me he cansado de que me pregunten qué cosa es un batiscafo. La cuestión es que cambio de imagen y aprovecho para introducir la banda sonora de mi blog.

La foto de la cabecera pertenece al batiscafo Trieste.

Un batiscafo es un pequeño vehículo sumergible especialmente diseñado para llegar a grandes profundidades bajo el océano y capaz de soportar la enorme presión del agua.

El batiscafo fue inventado por Auguste Piccard y la primera inmersión, sin tripulantes y con piloto automático, se llevó a cabo en aguas del archipiélago de Cabo Verde en 1948 y estuvo a cargo del batiscafo FNRS-2. Con él se logró descender a 1.080 m de profundidad.

A partir de entonces se realizaron numerosas pruebas y mejoras y en septiembre de 1953 Piccard y su tripulación lograron descender a 3.150 m con el nuevo batiscafo Trieste, construido en Italia, que en 1959 logró los 5.486 metros de profundidad y, un año después, los 10.916 m en aguas de Guam, un récord que jamás ha vuelto a ser igualado por ningún otro aparato tripulado o sin tripulación.

Os dejo con The Beattles y su “Yellow Submarine”:

Adefesio

12 Mar

Pues eso. La entrada anterior llevaba por título “La escritura como modo de vida”. Y después de estos días de guerra disparatada de cifras y de intentos fallidos por mi parte de participar en dos manifestaciones -una en Sevilla y otra en Madrid-, la presente entrada sólo puede llevar este título, en su primera acepción, según el DRAE.

Adefesio: (Del lat. ad Ephesĭos, a los efesios, título de una epístola de San Pablo, por alus. a las penalidades que pasó el santo en Éfeso durante su predicación).

1. m. coloq. Despropósito, disparate, extravagancia. U. m. en pl.
2. m. coloq. Traje, prenda de vestir o adorno ridículo y extravagante.
3. m. coloq. Persona o cosa ridícula, extravagante o muy fea.

Sólo me queda un consuelo. El otro día discutiendo en casa sobre el origen de la palabra “adefesio” aventuré una posible relación con la epístola de San Pablo. Eureka!

Dejo el enlace -mal, porque el ordenador también tiene sus originalidades- de wikipendia. Se admiten sugerencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/Adefesio

La ley de la gravedad

5 Ene

Acabo de descubrir que las tres leyes de Newton valen tanto para la física como para la política:

Ley de acción y reacción:
“Siempre que actúa una fuerza se produce también una reacción igual en tamaño y cantidad, pero en sentido contrario”. Lástima que la reacción de la ciudadanía y de la clase política no sea tan potente como la pertinacia del sujeto en su error.

Ley de la Inercia:
“Todo cuerpo continua su estado de reposo o de movimiento uniforme y rectilíneo mientras no haya ninguna fuerza que lo modifique”. Es la ley que aplica el Gobierno cuando no encuentra una oposición eficaz.

Ley de la Gravedad:
“Todos los objetos se atraen unos a otros con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia”. En política es el efecto que se produce cuando la manzana podrida de la discordia, la soberbia y el ansia de poder, engorda tanto que cae por su propio peso. Cuanto más alta la rama, más fuerte la caída.