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Un mes hace…

2 Sep

…que no escribo en el blog. De ellos, diez por crisis, por falta de liquidez de ideas. Los otros veinte, por exceso de alegría.

Cada vez me cuesta más escribir si estoy triste o preocupada o si estoy contenta y serena lo cual empieza a ser un problema irresoluble, aunque lo bueno de un problema sin solución es que deja de ser automáticamente un problema.

En esta segunda fase de mis vacaciones no me he ido a ningún paraíso, con excepción de una revisita idílica a la arcadia del sur: Lagos, en el Algarve portugués.

A veces el verano perfecto te espera a la vuelta de la esquina, a pocos kilómetros de tu nariz, en ese destino asfáltico de vecindades ruidosas, que brinda arañazos de sueño, calor generoso y escasa soledad.

Pero bastan unas cuantas personas buenas y sencillas, y un chispazo de humor inteligente para hacer único lo cotidiano, original lo evidente, amable lo costoso. Surge la felicidad como el lirio en el estercolero.

Ahora ha llegado septiembre. El mes de los propósitos. El primero, puesto que ya no existe problema: volver a extender mis torpes brochazos de vida en este lienzo virtual.

Disculpen las molestias (ahora sí)

29 Ago

Me marcho unos días -bastantes- a Palencia. No es un lugar que me pille de paso precisamente ni se me hubiera ocurrido elegirlo como destino vacacional, pero allá me voy, con una maleta “porsi” de entretiempo, anacrónica en estas latitudes sureñas, unos cuantos libros –Vida y destino, de Grossman (para intentar otra vez); El ardor de la sangre, de Nemirovsky; ¿Qué es el cine?, de Bazin (a ver si lo termino), y El Quijote, para releer- y muchos deseos de conocer ciudades imprescindibles, en particular León y su espléndida catedral gótica.

Y con la ilusión de volver a uno de los parajes que más me enamoran de nuestra geografía, un lugar agreste donde aún planea el buitre leonado y el espíritu de los antiguos monjes del alto medievo: la ermita de San Frutos, junto a Sepúlveda, aislada en su silencio por el curso caprichoso de las Hoces del Duratón que la circundan y parten en dos la meseta castellana, como después de un terremoto.

 

P.D.: No sé si en la casa en la que estaré habrá internet, ni tampoco si tendré ganas, tiempo y/o energías para escribir alguna entrada, de ahí el tópico preventivo del titular. En todo caso, bienvenidos al nuevo curso y hasta pronto. Yo me incorporo un poquito más tarde, como en los buenos tiempos de estudiante.

I. Saldo negativo

20 Ago

Podría aducir que he dejado el blog una temporada, incluso reconocer que estoy en fase de desenganche, sentenciar que cabe vivir sin bloguear, que se estropeó el ordenador de casa, pero nada de eso sería del todo cierto. La verdad, la verdad amarga, es que cada día pienso en escribir algo pero no consigo hacerlo.  

Conozco esa dolencia demasiado bien. No me obsesiona pero sé que se combate escribiendo. Este mismo ejercicio no es más que un humilde intento de convocar a las musas, una justificación vergonzante y una señal de que aún sigo aquí.

Es agosto y es Sevilla. No hace calor estos días; si lo hiciera, encontraría la excusa que me exime, mas… ¿de qué responsabilidad? ¿Acaso estoy obligada a escribir estos garabatos? No… y sí. Me rodea la calma, me invade el “laissez faire, laissez passer”, la esclerosis de la inactividad. ¡Quería hacer tantas cosas!

No hay vecinos en esta casa que ocupamos en verano, sólo chicharras y martillazos de reformas. El único atenuante de mi culpa es verme privada de mi paseo matinal, de mi calle Valparaíso. En este otro barrio las mañanas son un hervidero que me obliga a llevarme el coche al trabajo para no pagar zona azul y eso sólo aumenta mi adrenalina y mi vocabulario grueso.

Las tardes pertenecen a los fantasmas. En agosto todo se estropea: el reloj, los zapatos, el ordenador, la puerta… Intento llevarlos a arreglar pero en los talleres luce un cartel desvaído: “Agosto cerrado. Disculpen las molestias”. Lo que me fastidia es la expresión. Resulta cínica: ¡como si las molestias fueran suyas! Lo correcto sería: “Disculpen nuestra ausencia. Estamos de vacaciones”.

Salgo a trabajar con jornada reducida; por las tardes, algunas tareas que hago sin prisa. Y sesiones olímpicas en el cuarto de estar, sueños de éxito que dejan en evidencia mi falta de previsión, de empeño, de continuidad.

La primera semana me la tomé con calma por necesidad, la segunda por afición. Esta tercera intento recuperarme de los excesos de la indolencia. Espero terminar el mes honrosamente.

Desconexión territorial

29 Jul

Una pala excavadora, un mal cálculo, un corte del que nadie se responsabiliza y voila! veinte días sin conexión a internet.

 

La onda queda suspendida en el aire, indecisa, hace un requiebro y se convierte en palma, en ola vestida de piconera, de suspiro y capa bajo el Tajo rondeño. La onda se despeña de risa por las cascadas del Majaceite y después se balancea suave entre las zapatillas de ballet de María y hace plié.

 

Me acuerdo de vosotros en la paz de este sol, de este poniente suave, al sur del paraíso. Ya he consumido el 50%.

 

Atrás queda el descubrimiento de mi poderosa izquierda en el tenis y un ciprés como un rascacielos frente a mi ventana donde los gorriones se dan los buenos días a eso de las seis… Y ratos de lectura al rumor de los chorros de luz sobre el espejo turquesa: Suite francesa, de Irène Némirovsky; La Comedia humana, de Saroyan; La señorita, de Ivo Ándric y Herejes, de Chesterton. Y algunas películas de entretenimiento, no reseñables, a excepción de Once y quizá Stardust.

 

Ya habrá tiempo de hablar de ello. He vuelto y me espera un mes de trabajo tranquilo, al frescor del aire acondicionado, sin reuniones, sin teléfonos, sin prisas. Y en septiembre, el otro 50%.