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Contingencia

28 Mar

Ahí va mi columna del último número de Nuestro Tiempo. Lo malo de las publicaciones bimestrales (que no bimensuales) es que escribes un mes antes para que lo lean dos meses después. Y pasa lo que pasa. Pero en fin: quise correr el riesgo y lo asumo. Quédese el lector con la idea del cambio profundo en lo que de auténtico y no inducido tenga.

Plaza Tahrir

La imagen de los cristianos actuando como escudos humanos para proteger el rezo de un grupo de musulmanes, o la de un mahometano y un copto, ambos a hombros de manifestantes, mostrando el corán y la cruz, han quedado fijas en nuestras retinas por insólitas, bellas y emocionantes.

Las aguas se han abierto y el pueblo del Magreb cruza a pie enjuto la senda de la libertad mientras ve cómo a su espalda la marea ahoga sin piedad la avaricia de los tiranos. Todavía no sabemos adónde nos conducirá esta travesía; si las olas cubrirán a los dictadores desde el Mar Rojo al Atlántico o si acabarán por arrebatar la esperanza de miles de almas que aguardan la liberación. Todavía casi todo puede ocurrir, pero hay algo seguro: nada volverá a ser como antes. Y no es preciso ser Obama para afirmarlo. Los jóvenes tunecinos y egipcios han destapado la corrupción de los sarcófagos. Wikileaks, primero, y luego Facebook, los blogs y Twitter se han convertido en algo más que catalizadores del cambio: son las armas inocuas con las que la juventud árabe rechaza convertirse en otra generación perdida. Conocen lo que hay más allá de sus fronteras, en lugares donde la palmera ya no se inclina al paso del faraón, donde las civilizaciones se han construido sobre conceptos más humanos como justicia y libertad. Se sienten protagonistas de su futuro y no están dispuestos a cederlo a dinastías que debieron extinguirse hace muchos siglos. Ha bastado encender la pólvora de décadas con el chispazo de la desesperación para que miles de protestas hayan surcado el ciberespacio en la dirección de la rosa de los vientos.

Lo sucedido no es producto de las redes sociales sino de la represión, la pobreza y el hambre, pero las dictaduras se apoyan en el control de los medios de comunicación y en la indiferencia del resto del mundo, y la web social ataca precisamente estos dos principios: es incontrolable y global.

El escenario ha cambiado radicalmente. La actitud del faraón ha quedado patente ante los ojos del mundo, y a veces basta la verdad desnuda y sencilla para que regímenes “tutancamónicos” se deshagan como las momias al contacto con el oxígeno. Para los jóvenes occidentales, el uso de las redes sociales es un pasatiempo, una moda, incluso un modo de vida, pero para los jóvenes de Egipto, Túnez o Jordania se ha convertido en un sistema de defensa y de supervivencia.

La plaza Tahrir es ya el paradigma de una generación abierta, tolerante, ávida de paz, de libertad y de entendimiento. Cuando la sociedad occidental trata a Dios como el enemigo del hombre, estos jóvenes manifiestan con su conducta que las religiones pueden unirse para ofrecer un mensaje de paz y de concordia. El testimonio empapado en sangre de musulmanes y cristianos que se consideran hermanos, unido a la difusión de todo lo que estaba sucediendo a través de medios no convencionales ni manipulables, ha golpeado los pies de barro de la estatua gigante. Antes o después la efigie caerá y se harán añicos el oro, la plata y el bronce. La democratización de la información, el acceso a fuentes fidedignas a través de la red, los nuevos soportes están poniendo al mal entre la espada y la pared. Pasó la etapa del Agitprop, de la censura y los secuestros de la prensa. Aunque los poderosos controlen los medios, aunque impidan el uso del teléfono, Internet o el fax, la verdad siempre encontrará nuevos canales por los que abrirse paso y llegar a todos los rincones. Es uno de los aspectos positivos de la globalización y del progreso.

Tiempos difíciles para las dictaduras al uso. Podrán venir otras más sofisticadas y manipuladoras, basadas en el control de nuestros datos y en el  uso de la misma tecnología que nos liberaba, pero hoy estamos ante una revolución similar a la que hace veinte años hizo caer la dominación comunista como fichas de un dominó gigante. Ahora toca construir.

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Bisagras

4 Sep

Antonio el herrero recuerda cuando de chico acompañó a su padre a colocar nuestro portón de entrada. De eso hará treinta y tantos años.

Estos días de calor lo han dejado (al portón) un poco protestón y renuente. Hasta que Antonio decida que es hora de cambiar los pernios por inservibles o anticuados, su función es facilitar la entrada al que venga.

Al parecer, que la bisagra se conserve no depende sólo de la edad. También de lo suave y adaptable que sea. Una bisagra chirriante, vengativa, terca, es una bisagra vieja e inservible por pocos años que tenga. Conozco unas cuantas que hacen odiosa la llegada.

“Dicen que somos la generación bisagra”, me cuenta ML mientras apuramos una cola on the rocks de inauguración de la temporada. Nos educamos en el “porque lo digo yo” de nuestros padres y nos enfrentamos al “porque me da la gana” de nuestro hijos. En medio, en posición comprometida y haciendo juego como Dios le da a entender, la bisagra.

“Es importante ser flexible y compasivo”, dice M. Está claro. Y saber pedir aceite, añado. Tampoco estaría de más enseñar a usar la puerta con moderación. Pero todo es compatible. A final, a la bisagra la juzgarán por si cedió o no.

Por los clavos de Cristo

29 Ago

cristo

Baeza y Baena se escriben casi igual, aunque una está en Jaén y la otra en Córdoba. Ayer aparecían en la misma página del ABC a cuenta de la obligación de retirar los crucifijos, según dicta la futura Ley de Libertad Religiosa.

En Baeza hace dos años la imparable Junta de Andalucía ya exigió a los profesores la retirada de los crucifijos de las paredes de un colegio, el colegio de San Juan de la Cruz, para más INRI. Él que la amaba tanto que la llevaba en el nombre. A ver dónde está el guapo que es capaz de quitarla de ahí.

Los profesores se las han averiguado para que la cruz esté presente, aunque sea de quita y pon. Así que cada día tiene su propia cruz, su vía crucis, su procesión que va por dentro…del centro escolar.

Salen ganando. Quisieron prohibir también el canto de villancicos, las ofrendas florales y los belenes, pero lo único que han conseguido es exacerbar la curiosidad de los chavales por lo prohibido. Lo que son las cosas, con perdón: ahora, en clase, en lugar de mirar furtivamente revistas de cochinadas, los adolescentes se repartirán bajo cuerda estampas religiosas. Ya ocurrió en la época de la dominación comunista y seguimos sin hacer propósito de la enmienda. 

En Baena, el alcalde socialista se ha negado a retirar del salón de plenos el crucifijo. Dice que “dado que la inmensa mayoría de los baenenses se consideran cristianos, este crucifijo ni atenta contra la Constitución ni mucho menos contra los derechos de los ciudadanos de Baena”.

Con sentido común y más razón que un santo añade guasón: “Basta con observar cómo ustedes corren debajo de los santos para portarles en procesión o cómo corren detrás del obispo para besar su mano”. Y cierra el tema: “Este Cristo estará aquí mientras yo sea alcalde”. Amén. Un aplauso a la sensatez.

Me recuerda a un episodio similar que viví hace más de diez años. Trabajaba yo en el Ayuntamiento de Gibraleón, que entonces estaba gobernado por el PP. En el pasillo de la zona noble, muy cerca del salón de plenos y del despacho de alcaldía, junto a mi oficina de prensa, había un ensanche del pasillo recubierto con un cortinón de terciopelo rojo. Delante, protegido por un cristal, estaba el Cristo del Cementerio (cuya imagen serena encabeza esta entrada), una talla del siglo XIII, de estilo gótico y tamaño natural, la mayor riqueza artística del municipio.

Era mi compañero de oficina, el más puntual. El primero que tenía la luz encendida cuando yo enfilaba el oscuro pasillo a eso de las 7.30 de la mañana. Siempre sospeché que se quedaba trabajando por las noches.

Ya entonces, la oposición y algunas autoridades eclesiásticas, según se dice, presionaron para que el Cristo se alojara en alguna iglesia, lugar que parecía más apropiado para que los fieles le rezaran, pero el alcalde decía que nones. Que el Cristo no se iba del Ayuntamiento mientras él estuviera allí.

Yo me alegraba porque no quería perder a un colega de trabajo tan especial. Junto a mi despacho estaba el servicio de obras y por allí pasaba medio Gibraleón a pedir licencia después de hacer una paradita delante del Señor.

Desde mi puesto de trabajo oía a los lugareños, olontenses, panzurranos, suspirar y musitar devotos sus oraciones.

Acuciada por la nostalgia, he buscado su paradero en internet y he sabido que a principios de agosto, la corporación actual, que es del PSOE, lo trasladó al Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico para su restauración. El alcalde -en aquellos tiempos compañero en la Agencia de Desarrollo Local- ha prometido que el Crucificado regresará a las dependencias municipales, pero, ay, no sé, con la manía que le han cogido a los crucifijos los gobiernos nacional y autonómico que tenemos, siento que me falla la fe. Aunque, mira tú el alcalde de Baena.

Otra vez en nombre de la libertad

10 Ago

Al ministro de Justicia -personaje público- se le ven los símbolos de la escuadra y el compás por detrás del mandil, por más que se esfuerce en vendernos que el Gobierno actúa con prudencia y sensatez en esto de la Ley de Libertad Religiosa y de Conciencia:

“Nuestra idea es que en los colegios públicos no exista ningún símbolo religioso, pero si resulta que hay una imagen que es patrimonio histórico y es un centro público, si tiene valor histórico-artístico, no podrá destruirse“.

Así pues, lo que nos queda por saber es qué suerte de maquinaria de destrucción emplearán la “pluralidad religiosa” y “el fomento de la separación de funciones”: apisonadora, trituradora, pira inquisitorial…

Colegios desconcertados

18 Jun

Esto de los conciertos educativos es un desconcierto.

En cuestión de uniones “igual da” hombres con mujeres que hombres con hombres, o mujeres con mujeres. Todo vale y para géneros los colores. Pero que exista una exigua representación de colegios sólo de niños o sólo de niñas en Andalucía atenta contra la igualdad más sagrada.

La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía envió ayer a los colegios de enseñanza diferenciada los contratos que deben firmar para renovar sus conciertos cuatro años más. El documento les exige que hagan campaña para matricular tanto a niños como a niñas el próximo curso, y la subvención está condicionada a que “la enseñanza mixta sea real en 2010”.

“No basta –dice la consejera Mar Moreno- con esperar a que se matriculen, deben informar a las familias, ser proactivos. Las subvenciones se mantendrán cuando Educación compruebe que la enseñanza mixta es real, cuando esos colegios hayan admitido a un niño y a su hermana. Si termina la matriculación como ahora, será el fin de sus convenios”.

¿En qué quedamos? ¿Somos plurales o no somos plurales?

Si esos colegios que la Junta dice que “segregan” instalaran un cartel en su fachada que dijera “Centro de Formación en Igualdad de Género”, serían superprogres y gozarían de subvenciones a gogó.

Cuando la Junta obligue a los matrimonios a ser mixtos me plantearé yo la coherencia de esta medida.

Populismo punitivo

26 Feb

A propósito de Marta, este comentario en Aceprensa.

 

El infierno de los réprobos

14 Ene

Once colegios concertados en toda Andalucía ofrecen educación diferenciada. Y esto supone un riesgo para la comunidad autónoma. Más aún, una provocación, un desafío, casi un delito que merece un castigo ejemplar por parte de la Junta: la no renovación de las subvenciones públicas por discriminación de sexo.

Al gobierno socialista, que tanto se preocupa de miembros y miembras afectados y afectadas de la comunidad escolar, poco le importa que esos centros -cuya formación espiritual casualmente está encomendada al Opus Dei- impartan una educación de calidad a chicos y chicas de zonas desfavorecidas. Le trae al pairo el derecho de los padres a elegir el modelo educativo que les venga en gana o que ya estén sufragando con sus impuestos la enseñanza pública y esos mismos centros concertados con el dinero de todos los andaluces.

Se cumple lo que dice Juan Manuel de Prada en este enlace que recomiendo:

“Están triunfando una serie de clichés ideológicos que se han impuesto como si fueran una especie de dogmas de una nueva fe o una nueva idolatría de lo políticamente correcto, del pensamiento progre, contra los cuales parece imposible revelarse, y si te rebelas eres condenado al infierno de los réprobos”.  

La Junta represalia a estos once centros por discriminación, varios de ellos de chicas, cuando sus enseñanzas no son exclusivistas y sus estudios pueden encontrarse en otros colegios, pero luego diseña y otorga cursos de FPO dirigidos a mujeres, y eso, en cambio, no es discriminación: eso es feminismo. Que me lo expliquen.

Quizá la solución sea rotular los colegios de chicas como “centro feminista x”. Pero me temo que ese no es el problema.

El problema es de falta de libertad, de totalitarismo: “el chillar de los ineptos para acallar al sabio”, que diría Leonardo Castellani.