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Ars gratia artis

10 Feb

Nunca me ha gustado la unión entre arte y compromiso social. No sólo el secuestro de la literatura, el cine o la pintura por parte del agitprop totalitarista soviético, sino incluso la servidumbre de la cultura a causas loables. Como experimento sociológico, como método pedagógico o documento histórico, tendrá su utilidad pero no deja de parecerme una aleación imposible, un matrimonio de conveniencia de futuro incierto. Lo que me repele, creo, es la simple idea de mediatización. La existencia de un “para” que vaya más allá –que se aproveche– del disfrute visual, intelectual, o espiritual que la obra de arte produce en quien se acerca a ella. No en vano el arte es la actividad humana no útil.

Por eso, saber que el Instituto de Cinematografía y las Artes Audiovisuales, dependiente del Ministerio de Cultura de España, ha establecido una nueva calificación para las producciones cinematográficas denominada “especialmente recomendada para el fomento de la igualdad de género” me desasosiega a pesar de ser mujer, o precisamente por serlo. Tanto como las películas libres de humos, de alcohol y de sangre.

Me hace pensar, ¿qué tipo de cine se supone que fomenta la igualdad?, ¿de qué concepto de igualdad estamos hablando, de igualdad en dignidad o de lucha de clases?, ¿una película que muestre una actitud violenta como algo deleznable merecerá estar en esta categoría o en la contraria?, ¿tendremos una avalancha de productores de películas de género “género” ávidos de conseguir dinero público?

Muchas generaciones hemos crecido sin taras viendo películas de vaqueros que fumaban, bebían y disparaban a los indios; de caballeros medievales que se batían en duelo para conquistar a una dama; de adolescentes que caminaban temerariamente por el filo de la navaja. Sabíamos, por la literatura clásica, que el destinatario establece con el autor un pacto de lectura, que entiende que lo que le cuenta pertenece a otra época histórica con otra cultura, quizá menos desarrollada; que determinadas actitudes son malas pero necesarias para la catarsis, y beneficiosas, al fin, porque tratan de decisiones libres que conducen al éxito o al fracaso humano. A ninguno se nos ha ocurrido asesinar a una ancianita después de leer Crimen y castigo. La inducción al vicio no ha venido por su mera representación sino por la confusión de ideas, por la falta de cultura y la perversión publicitaria. Por ver al chico bueno y atractivo, y no al malo, actuar como un sinvergüenza.

Aparte de las calificaciones acordes con el proceso de maduración de los menores de edad y de los límites de la legislación vigente, no tiene ningún sentido aplicar una censura negativa o positiva a determinados contenidos. Habría que suprimir géneros enteros o degenerarlos. Hacer películas con vaqueros que no fumaran ni mataran indios, con damas medievales que lucharan por vengar el honor de sus caballeros. Sería ridículo y un insulto a la inteligencia del público. Tan mala es la prohibición gubernamental como su reverso paternalista en forma de premio ejemplarizante. Cuando al arte se le ponen etiquetas desde fuera –libro instructivo, película didáctica, pintura de denuncia– corre el riesgo de dejar de ser arte. La poética se transforma en perorata, la gracia en consigna.

A veces es el propio artista quien compromete su arte con causas espurias, quizá porque no es tan artista; otras, es la política la que cubre sus vergüenzas con ropajes estilísticos o busca una mente brillante que oculte su inoperancia. No digo con esto que al artista deba estar por encima del bien y del mal, que deba ser un iluminado amoral y sin conciencia que sólo se debe a su arte. Pero determinados premios y calificaciones lo convierten en incapaz de batallar con las propias armas que el arte tiene por el hecho de ser auténtico, y a nosotros incapaces de llegar por intuición o inteligencia a su hondón humano. ¿Tan difícil es hacer sencillamente buenas y verdaderas películas, arte por el arte?

Publicado en mi columna de la revista Nuestro Tiempo.

Encontrarás dragones

25 Mar

“No todos tienen paladar para lo divino”, dice el judío Honorio mientras muestra una semilla de cacao al niño Josemaría Escrivá en la chocolatería de su padre. ¿Y es divina la película de Roland Joffé Encontrarás dragones? Ciertamente está elaborada con materiales de calidad, según un proceso complejo y con una terminación cuidada. No sé si llega a ser divina, pero sí muy humana. ¿Auque, están tan distantes ambos conceptos?

A la pregunta casi metafísica de un periodista en la presentación a los medios, Joffé respondió que no sabe si Dios existe, pero considera importante preguntarse la cuestión y un reto abordarla a través del cine. “Me gusta hacer películas que traten sobre todo aquello que nos hace humanos: el amor, el perdón, el odio”.

Joffé tiene dentro un antropólogo que se sale por el objetivo de la cámara. Ciertamente el hombre es el único ser capaz de elegir actuar con amor o con odio. Y de eso trata precisamente esta película. Más allá de Josemaría Escrivá y a través de él. Más allá de prejuicios y correcciones políticas. Quien tenga honradez intelectual, quien tenga paladar para lo humano y/o para lo divino entenderá de qué va esta película.

Como en La Misión, Joffé propone dos vidas paralelas sometidas a contradicción que se desarrollan según distintas motivaciones. Josemaría y Manolo, amigos de la infancia, se enfrentan a dragones interiores allende los mares conocidos en los mapas antiguos. Hic sunt dracones. Como en sus grandes películas, el perdón vuelve a tomar consistencia de personaje y se queda con nosotros cuando terminan los créditos.

¿Mi opinión después de verla dos veces? No es La Misión II, pero me han gustado la osadía del director, la propuesta clásica de catarsis, el planteamiento de las historias. Cierto es que la primera vez que la vi, tanto salto en el tiempo (años 80, años 10 y años 30) me rompió el pacto de lectura y que encontré poco justificado el carácter retorcido de Manolo, pero aun así me enamoraron muchas secuencias, me convencieron casi todos los personajes y lloré, cosa importante en una película. Lloré por empatía, porque hay un momento en que el espectador asume el papel de Roberto y es golpeado en su interior por una pregunta esencial: ¿estás dispuesto a perdonar lo imperdonable?

La segunda vez, liberada ya de la estructura narrativa, pude disfrutar de cada secuencia y valorar los detalles como si fueran cuadros vivos. Pienso que es interesante verla dos o más veces, porque tiene varios niveles de lectura. Aunque, ¿se le debe pedir a una película ser revisitada para ser comprendida?  Quizá sí, como un buen libro, como un buen cuadro.

Casi tan interesante como la película fue la presentación a los medios, una rueda de prensa poco centrada en la película y demasiado en el Opus Dei, hasta lo cansino. ¿Por qué Josemaría Escrivá? Los actores han contestado que se sienten muy orgullosos de la película, que anima a ser mejor persona, que es un lujo trabajar bajo la dirección de Joffé. Porque, aunque la idea partió de un productor del Opus Dei, no se puede decir que la película sea de encargo. El guión ha sido reescrito completamente por Joffé que se comprometió a asumir la dirección si era único guionista. Además de asumir parte de la producción, lo que le otorga una libertad creativa incuestionable.

¿Qué le ha pasado al director de La Misión y Los gritos del silencio para comprometerse a hacer una película que –al menos en España- levanta ampollas? Que conoce muy bien al ser humano y cree en él, que se ha acercado al personaje de Escrivá sin prejuicios, y se ha encontrado con un héroe de su tiempo, que eso es para él un santo.

¿Por qué un personaje tan controvertido? –preguntaban los periodistas. Los santos –recuerdo que dijo Joffé, aunque no son palabras textuales- son siempre controvertidos porque se enfrentan a las inercias de su tiempo. Es más, dudo que se pueda ser santo y no ser controvertido. La vida se hace de una sucesión de momentos. Un santo es un hombre que pudiendo elegir, escoge el camino adecuado de forma continuada. Solo al final se ve que es un santo.

Encontrarás dragones: Un tema, el perdón, la reconciliación. Un marco, la guerra civil española. Un personaje, Josemaría Escrivá. Un destinatario: cualquier espectador del mundo, y de manera especial, el español. En medio, caminos de elección que se abren a la libertad humana. Véanla, y des pués, juzguen.

Algunos enlaces interesantes:
Rueda de prensa completa de Encontrarás dragones.
Entrevistas en la premiere mundial de Encontrarás dragones.

And the winner is

8 Mar

Me alegra que En tierra hostil haya sido la triunfadora de la Gala de los Oscars, con 6 estatuillas. No porque el galardón al mejor director se lo haya llevado por primera vez una mujer en el Día Internacional de la Mujer (o en su víspera, según usos horarios), cosa que me trae al pairo, como por el hecho de que sea una película pequeña, de bajo presupuesto y con poca recaudación que se enfrentaba al goliat de su “ex”, Avatar; porque siendo una action movie de temática bélica haya sido dirigida por una mujer (eso sí); por atreverse con la guerra de Irak desde una visión menos contaminada que otras; por superar los ataques de parte de la industria en estos últimos días…

La vi la semana pasada y me gustó mucho. Y me pareció estúpido que pudieran tacharla de frívola cuando transmite legítimamente, desde el objetivo periodístico, humano y femenino de la cámara, los estados psíquicos que provoca una situación absurda  e inútil con un enemigo insidioso y hábil en un grupo de artificieros. Sales comprendiendo tanto la hostilidad del pueblo iraquí, como la impotencia de estos profesionales.

Una película de ficción sobre un hecho real, contada desde el miedo, la respiración ansiosa, la adrenalina, un poco al estilo de La delgada línea roja o Apocalipsis Now. De verdad, no pensé que al final quedaría tan bien parada. Me da esperanzas.

Recomendaciones de diez para 2010

31 Dic

Hasta la repesca postveraniega mantuve mi propósito lector y espectador de cuatro al mes, pero, como los malos estudiantes, me confié -siempre hay excusas para hacer campana, rabona, pellas o novillos-,  y ahora a fin de año tengo que lamentar no haber leído, visto y vivido lo que hubiera deseado y, como consecuencia, padecer cierta anemia lectoescriturística patente en el blog. Espero enmendarme el próximo año, aunque, como es sabido, las matrículas se sacan en septiembre y yo ya voy con retraso.

Aun así, vaya una lista de películas y libros de diez, clásicas antiguas, clásicas modernas, interesantes o sorprendentes. Unas las comento, otros quedan, para no variar, de asignatura pendiente.

Películas:

1. Cosas que perdimos en el fuego: (2007)de la danesa Susanne Bier, con Halle Berry y Benicio del Toro. Me gustó más Después de la boda, pero tiene buenos actores y una historia de pérdidas y de superaciones muy humana. Benicio excesivo pero lo borda.

2. Cleopatra: (2003) del argentino Eduardo Mignogna. Con una excelente y entrañabilísima interpretación de Norma Aleandro. ¡Qué monólogos!

3. Hace mucho que te quiero: (2008), de Philippe Claudel, una de mis favoritas de este año. Ya comenté aquí.

4. Gran Torino: (2008), de Clint Eastwood. Enorme e imprescindible. Por la temática de culpa y redención, por el sorprendente final, por la magnífica interpretación.

5. Million Dolar Baby: (2004). Como se ve y se verá regresé a la filmografía de Eastwood. Aquí con Hilary Swank y Morgan Freeman. Dura y realista. Existen situaciones duras que un hombre bueno no sabe cómo afrontar, existe la libertad, existen las resoluciones fatales. Y, como ocurría con Hace mucho que te quiero, quien ve al protagonista revolverse en su angustia, lo comprende, aunque no los justifique. Y encuentra el marco exacto a aquel: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

6. Qué verde era mi valle: (1944). De John Ford, con Maureen O’Hara. Dentro de mi intencionado empeño de ver películas de los grandes del cine. Conmovedora,dura y nostálgica a un tiempo. De un género distinto al western, con la que Ford ganó cinco Oscars.

7. Sin perdón: (1992). Más de Eastwood pero a lo Ford y en el oeste.

8. La Ola: (2008), del alemán Dennis Gansel. Interesante. ¿Es posible volver a instaurar el nazismo en la Alemania actual? Parece que no, pero quizá basten unos pocos ingredientes para lograrlo: un carismático profesor de sociología bienintencionado, un lema, una estética, una población joven y manipulable. Hace reflexionar…y temblar.

9. The Visitor: (2007), de Thomas McCarthy. Un profesor desmotivado, un incidente molesto, el encuentro con una pareja de inmigrantes, un viaje interior, unos bongos, un amor, el drama de la inmigración en EE.UU pero sin tópicos. 

10. Enemigos públicos: (2009), de Michael Mann, con Johnny Deep. Recreación de la vida del nº 1 del crimen organizado, John Dillinger. Grandísima interpretación de Deep, buena ambientación y música, ritmo trepidante, amor y tiros a granel. Guiños a otras películas del cine negro americano. Y grandes esfuerzos por no ponerte de la parte del malo, tan guapo, tan seguro de sí mismo, tan dueño del mundo, tan romántico.

Libros:

  1.  Olor a yerba seca. Memorias de Alejandro Llano.
  2. El columpio. Cristina Fernández Cubas. Realismo mágico. Le tenía muchas ganas a este libro desde hacía lo menos quince años y no me ha defraudado.
  3. Reunión de bachilleres. Franz Werfel.
  4. Juego de Azar. Cuentos del polaco Slawomir Mrozek.
  5. Ana Karenina. Tolstoi. Empecé en un viaje en tren en la PDA y no paré hasta terminarlo.
  6. Acción de gracias, de Richard Ford.
  7. Lo que ha llovido, de Enrique García-Máiquez.
  8. En lugar seguro, de Wallace Stegner.
  9. G.K. Chesterton. Sabiduría e inocencia, de Joseph Pearce
  10. Perder y Ganar, de John Henry Newman.

Una vida presente. Memorias, de Julián Marías. Me paso de los diez y además voy por la página 600 de las 900 y pico pero no me resisto.

¡FELIZ ENTRADA DE AÑO A TODOS LOS BLOGUEROS Y/O AMIGOS LECTORES!

Hace mucho que te quiero

9 Jun

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El sábado volví a ver Hace mucho que te quiero, del francés Philippe Claudel y me reafirmé en mi primera impresión. También me acordé de que hace un mes prometí escribir algo sobre ella y no he cumplido.

Juliette (magnífica y tristísima Kristin Scott Thomas),obtiene la libertad tras pasar quince años en la cárcel y se reúne con su hermana menor Léa (Elsa Zylberstein, personaje principal cuya bondad ilumina la película de cabo a rabo), que la acoge en su casa de Nancy donde vive con su marido Luc, sus dos hijas adoptivas y el suegro.

Juliette intenta incorporarse a la vida profesional y superar el rechazo de sus padres por el crimen por el que fue condenada a la pena capital. En el trato con la hermana, en su contacto con la sencilla vida familiar no exenta de situaciones dramáticas (la procesión de Léa va por dentro), con amigos como Michel, capaz de recomponer con paciencia y amor los pedazos de su alma rota; la hermana mayor descubre el camino que conduce fuera de una prisión más dura que la del cuerpo: la prisión de la mente.

La película es enorme. Por su guión -se nota que el director y guionista es escritor, además de profesor y antropólogo, cosa que también queda patente en el tratamiento de la historia y en la ambientación. Por el tempo que no anticipa nada y suministra con el cuentagotas de la vida misma los detalles del drama, por la humanidad que destila el argumento y por la creíble actuación de sus personajes principales (Juliette, Léa, Michel, el capitán de la policía) y secundarios (el abuelo, las niñas, el director del hospital donde comienza a trabajar).

Afortunadamente en esta ocasión no hubo el debate de la primera a cuenta del colofón de la película. Hay quien se empeña en ver fantasmas donde no los hay. La película no habla de “eso”. La película habla de la muerte, la soledad, la incapacidad de abrirse al otro, la confianza, la familia como necesario lugar de acogida, el sentido de culpa, la amargura. Y lo hace sin moralinas ni explicaciones para tontos. El que pueda entender, que entienda. Y el que no, que se replantee su sitio y su función en este mundo lleno de seres tan imperfectos como necesitados de misericordia.

Reporte de actividad

12 May

Extraños días de descanso en Asturias. Al inicio, una intensa quietud tras la tormenta de la partida: no decidir nada, ni siquiera el modo de descansar, no subir ni bajar ni andar por llano, no pensar ni interpretar. Laissez faire. Ser, estar, no como verbos auxiliares, sino en su rotundidad metafísica. Curar heridas, dejarse llevar por el momento, por unos cuantos deberes sencillos y necesarios… y muchos minutos empleados en reír, charlar, rezar, estudiar, leer a la sombra de los picos de Europa reflejados en el Ercina, y contemplar acantilados definitivos ante los que solo cabe preguntarse por lo esencial o abandonarse al vacío.

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Quería haber hecho más deporte, de montaña, de mar. Ponerme a tono físicamente, pero no ha habido forma. Cuánta maravilla desaprovechada. Envidio el arrojo de Ana subiendo el Pienzu a dos bastones, y el de Sonsoles y Marta desafiando con los neoprenos y las tablas la furia primaveral del Cantábrico, o la inspiración narrativa de Rocío. He pensado poco y he escrito menos. Pero he leído con ardor juvenil.

Como esto es sólo un reporte, apenas titulo: Olor a yerba seca, memorias del filósofo Alejandro Llano; El Columpio, de Cristina Fernández Cubas, uniendo las orillas de los vivos y los muertos; La cripta de los capuchinos, de Joseph Roth y Reunión de bachilleres, de Werfel; Juego de Azar, cuentos del polaco Slawomir Mrozek; Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda; y la mitad de El Caballo Rojo, que abandone en la estantería de Solavieya la víspera de la partida y que espero terminar en casa, pero al que le ha tomado la delantera Ana Karenina, que empecé en el viaje de vuelta en la PDA y que me ha atrapado como hacía tiempo no me atrapaba un libro.

Y he visto algunas películas escogidas. Slumdog Millonaire (Danny Boyle), Hace mucho que te quiero (Philippe Claudel), Conversaciones con mi jardinero (Jean Becker), y Gran Torino (Clint Eastwood). Ya comentaré.

Al fin, cuando recuperaba las fuerzas físicas y comenzaba a serpentear por la costa oriental y occidental me tumbó una gripe de esas de no acostarte pero arrastrarte todo el día encadenada al pañuelo y a las toses, que me ha hecho volver blanca y con cara de poca salud. Con todo, espero haber incubado algo útil.

Balance bibliocinéfilo

31 Dic

Este año me propuse leer más y por poco llego a la meta, pero aflojé los últimos meses por lo que Jiménez Lozano llama en Agua de Noria “imponderables, imprevistos e intercesiones”. Lo cual es bueno para mi humildad y porque, como dice Pennac -autor del recientemente publicado y leído Mal de escuela- en otro de sus libros “el verbo leer no soporta el imperativo”.

La lectura del primero del año no duró Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Hacía tiempo que no devoraba un libro con tanta ansiedad.

Lo que aquí dejo por si a alguien le sirve es una autobiografía de lo que fue Una educación incompleta. A estos y a otros muchos libros dediqué Los restos del día y algún resto de noche, todo hay que decirlo. Lo cual tuvo su Expiación correspondiente. 

Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Stefan Zweig. Lúcida confesión de un arrebato pasional. “—¿Usted no encuentra, pues, odioso, despreciable, que una mujer abandone a su marido y a sus hijas para seguir a un hombre cualquiera, del que nada sabe, ni siquiera si es digno de su amor?”.

 Una educación incompleta. Evelyn Waugh. “Sólo cuando se ha perdido toda curiosidad hacia el futuro se ha alcanzado la edad de escribir una autobiografía”. Para disfrutar de recuerdos de Oxford y de la prosa de Waugh. 

 Los restos del día. Kazuo Ishiguro. El honor, el sentido del deber y la contención ‘british’ en esencia. En este caso, no perjudica la película al libro, sino que lo engrandece. Difícil imaginar otro rostro distinto para el mayordomo Stevens que el de Hopkins.

 Expiación. Ian McEwan. El autor es buen narrador y dibuja bien las tramas. Mejor el libro que la película, aunque sigo sin encontrarle el sentido al título. Una pena.

 Martin Eden. Jack London. Novela casi autobiográfica. Superación por amor desde una perspectiva del superhombre con un final romántico en el sentido más genuino del término.

 Una pantera en el sótano. Amos Oz. Ambientada en 1947, en la Jerusalén de finales del Mandato británico en Palestina, narra la relación que surge entre un niño judío y un sargento de la policía británica muy interesado por el Israel bíblico y la lengua hebrea. El mejor de los tres que me he leído de Oz este año.

 Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental. Thomas Woods. La Iglesia en el origen de la ciencia moderna, la economía libre, la seguridad del imperio de la ley, los derechos humanos, la libertad, el esplendor del arte y la música, y la filosofía fundada en la razón. Para apologetas. Lo malo es mi mala memoria para recordar datos que necesito.

 Cultura y pasión. Alejandro Llano.Toda una cultura, empeñada en la búsqueda apasionada de la verdad se enfrenta con el relativismo escéptico, para el cual los únicos valores son lo útil y lo placentero. De regalo, un buen puñado de referencias filosóficas y literarias que conviene tener en cuenta.

 Transformación del mundo. La actualidad del Opus Dei. Martin Rhonheimmer. Libertad y responsabilidad de los cristianos en la vida pública, amor a la verdad, pluralismo, construcción de las estructuras temporales. Características del espíritu del Opus Dei que aún hoy sobrepasan a algunas mentes pequeñas.

 El colombre. Dino Buzzati. Un descubrimiento. Cuentos de los de verdad, con todos sus ingredientes en su justa dosis.

 Nosotros, los modernos. Alain Finkielkraut. Imprescindible para entendernos como postmodernos hijos del Modernismo.

 Suite francesa. Irène Némirovski. Otro descubrimiento, por su talento narrativo y por su vida de ucraniana judía residente en Francia víctima de los campos de concentración nazis. No se sabe qué es más apasionante. 

 La comedia humana. William Saroyan. Como el de Amos Oz, otro libro para disfrutar del paso de la infancia a la adolescencia.

 Vida y destino. Vasili Grossman. Relato coral de la batalla de Stalingrado. Compleja de seguimiento pero necesaria. El Guerra y Paz del siglo XXI. tremenda la escena de la cámara de gas.

 Ética de la autenticidad. Charles Taylor. Breve y sustancioso ensayo. Otro imprescindible. El filósofo canadiense descubre el sinsentido de la libertad cuando la elección se basa en el subjetivismo y el relativismo. Contiene una tesis esperanzadora: “la naturaleza de una sociedad libre estriba en que será siempre escenario de una lucha entre formas superiores e inferiores de libertad”.

Guía para sobrevivir intelectualmente al siglo XXI. Leonardo Castellani. No deja indiferente. Atrabiliario, sensato, profético…

Dios salve la razón. Benedicto XVI y otros autores. En el que estoy. Recopilación de artículos de pensadores contemporáneos sobre la intervención de Benedicto XVI en Ratisbona.

 

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En cuanto al cine, traté de ver buenas películas de ahora y de siempre. Cito las que para mí tienen más de tres estrellas y hago algunas observaciones:

Mataharis (2007). Icíar Bollaín.

El velo pintado (2006). John Curran.

Después de la boda (2006). Susanne Bier. Si me tengo que quedar con una sola de las películas vistas este año, me quedo con ésta.

El manantial y la doncella (1960). Ingmar Bergman.

La vida de los otros (2006). Florian Henckel von Donnersmarck

Babel. Alejandro González Iñárritu.

No es país para viejos (2007). Joel Coen y Ethan Coen con Tommy Lee Jones y Javier Bardem. Los buenos son buenos y los malos, malos.

Once (2006). John Carney. Dos veces, en la segunda disfruté más de las canciones. Me alegra que triunfen estas películas.

Juno (2007). Jason Reitman. Magnífico guión de Diablo Cody y genial interpretación de Ellen Page. Me gustó ese enfoque que, seguro, lleva un mensaje vital a los adolescentes de instituto menos sensibles y más adoctrinados.  

En América (2002). Jim Sheridan. Un moderno Matar a un ruiseñor.

Matar a un ruiseñor (1962). Robert Mulligan (de estas tres últimas comenté algo en el enlace anterior). 

Retorno a Brideshead (la serie de la BBC. 1981). ¡Por fin!

Cometas en el cielo (2007). Marc Forster. Una historia de perdón en el corazón de Afganistán.

La reina de África (1951). dirigida por John Huston y protagonizada por Humphrey Bogart, Katharine Hepburn. Un guión y un reparto de lujo. Una de las películas que hay que volver a ver de vez en cuando.

Buenas noches y buena suerte (2005) Dirigida y protagonizada por George Clooney y galardonada con seis oscars. Una deuda saldada. Nostalgia de un periodismo responsable y limpio.

Dos en la carretera (1967). dirigida por Stanley Donen y protagonizada por Audrey Hepburn, Albert Finney. El reto de aceptarse mutuamente y recomenzar a amar, más fácil con la encantadora y siempre sorpresiva Audrey, desde luego.

 

¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!