Archive | Arte RSS feed for this section

Reconciliación

20 Sep

Nunca he hablado de mis contradicciones con Sevilla. Desavenencias que sufro porque sé que vivo en una ciudad hermosa y es una tosquedad no vibrar al contemplarla.

Después de once años de desencuentros estoy reconciliándome con ella y necesito verbalizar lo que me pasa para explicármelo mejor y no olvidarlo.

Creo que con Sevilla –con la Sevilla monumental- me pasa como con esas mujeres tan perfectas, tan evidentes, tan “canónicas” y tan exuberantes que no dicen nada.

¡Qué barbaridad! Lo sé pero soy sujeto paciente. Es lo que “me” pasa.

En otras ciudades que he vivido -Valencia, Cádiz, Pamplona- hay rincones singularísimos que al contraste con lo común brillan como un solitario en su alianza. Sevilla, en cambio, es barroca, o lo que es lo mismo, excesiva. Y a mí me priva la línea recta –clásica o moderna- y la curvatura del arco ojival. Me pierdo en las volutas. Me producen un atracón visual que anula mi capacidad de elección. Literalmente no sé dónde mirar.

Además, necesito que las imágenes surjan una a una, como se suceden las voces en la ópera: primero un tenor, luego una soprano. Incluso accedo a que canten a dúo con la condición de que me sorprendan y, al mismo tiempo, se dejen poseer por mi asombro. Que no me apabullen como en el canto coral. Sevilla es un gigantesco escenario operístico.

Estos días me he dedicado a ver, en amable y ruidosa compañía, otras caras de Sevilla que no están en las postales: el teatro Quintero, Zelai, en Albareda; las tienditas de Amor de Dios, los bares de La Alameda. Atisbos de modernidad, de iniciativa. Y la panorámica terraza del EME Fusión, un hotel de fachada inadvertida, que más parece cordobés, donde es imposible no enamorarse de Sevilla por los cuatro costados.

metemoquemetamorfoseo

15 Feb

Este blog languidece. La emoción estética es un gusanito delicado y cuando se ve acosado por el pragmatismo, el periodismo, el cinismo o cualquier otro ismo, se envuelve en una crisálida impenetrable.

Antes me angustiaba por si la envoltura era un ataúd. Ya no. Me inquieta hasta el punto de auscultar sus paredes a diario, pero no me desazona en exceso. Los días de calma casi puedo oír un latido, aunque a veces dudo si será una ilusión fruto del deseo.

Soy yo quien ha generado este ambiente hostil. Ahora no me queda otra que sentarme a preparar el alma para cuando la ninfa decida arañar el huevo. No sé el aspecto que tendrá, de qué color serán sus alas, ni el dibujo que pespunteará en el aire…

Migas de Pulgarcito

24 Nov

Para volver al camino, sin desfallecer en el intento, estas, que más que migas son hogazas de pan tierno.

Son palabras de Benedicto XVI a 260 artistas en la celebración de X aniversario de la Carta que Juan Pablo II les dirigió. Al acto, que tuvo lugar el pasado 21 de noviembre en la Capilla Sixtina, asistieron, entre otros, los cineastas Kristof Zanussi, Nani Moretti, Samuel Maoz y Pupi Avati, los arquitectos Zaha Hadid y Santiago Calatrava, los escritores Susanna Tamaro y Claudio Magris, el compositor Ennio Morricone, o el tenor Andrea Bocelli.

Una función esencial de la verdadera belleza, de hecho, ya expuesta por Platón, consiste en provocar en el hombre una saludable “sacudida”, que le haga salir de sí mismo, le arranque de la resignación, de la comodidad de lo cotidiano, le haga también sufrir, como un dardo que lo hiere pero que le “despierta”, abriéndole nuevamente los ojos del corazón y de la mente, poniéndole alas, empujándole hacia lo alto. La expresión de Dostoyevski que voy a citar es sin duda audaz y paradójica, pero invita a reflexionar: “La humanidad puede vivir –decía– sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría seguir viviendo, porque no habría nada que hacer en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí”. Se hizo eco de sus palabras el pintor Georges Braque: “El arte está hecho para turbar, mientras que la ciencia tranquiliza”. La belleza golpea, pero por ello mueve al hombre hacia su destino último, lo pone en marcha, lo llena de nueva esperanza, le dona la valentía de vivir hasta el final el don único de la existencia. La búsqueda de la belleza de la que hablo, evidentemente, no consiste en una fuga irracional o en un mero esteticismo.
 
Con demasiada frecuencia, sin embargo, la belleza de la que se hace propaganda es ilusoria y falaz, superficial y cegadora hasta el aturdimiento y, en lugar de sacar a los hombres de sí y abrirles horizontes de verdadera libertad, empujándolos hacia lo alto, los encarcela en sí mismos y los hace ser todavía más esclavos, quitándoles la esperanza y la alegría. Se trata de una belleza seductora pero hipócrita, que estimula el apetito, la voluntad de poder, de poseer, de prepotencia sobre el otro y que se transforma, rápidamente, en lo contrario, asumiendo los rostros de la obscenidad, de la trasgresión o de la provocación en sí misma. La auténtica belleza, por el contrario, abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de salir hacia el otro, hacia más allá de sí mismo. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de comprender el sentido profundo de nuestro existir, el misterio del cual somos parte y del cual podemos obtener la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso cotidiano.

(…) Queridos artistas, al concluir, quisiera dirigir también yo, como ya lo hizo mi predecesor, un cordial, amigable y apasionado llamamiento. Sois los custodios de la belleza, tenéis, gracias a vuestro talento, la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ampliar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. ¡Agradeced los dones recibidos y sed plenamente conscientes de la gran responsabilidad de comunicar la belleza, de comunicar la belleza a través de la belleza! ¡Sed también, a través de vuestro arte, anunciadores y testigos de esperanza para la humanidad¡ ¡Y no tengáis miedo de relacionaros con la fuente primera y última de la belleza, de dialogar con los creyentes, con quien, como vosotros, se siente peregrino en el mundo y en la historia hacia la Belleza infinita! La fe no quita nada a vuestro genio, a vuestra arte, es más, los exalta y los nutre, los anima a atravesar el umbral y a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la meta última y definitiva, el sol sin crepúsculo que ilumina y hace bello el presente.

El texto completo, aquí.

El retrato de Oscar Wilde

15 Jun

Como Dorian Gray, el hedonismo que adoran los personajes de la novela de Oscar Wilde conserva intacto su diabólico esplendor un siglo después.

La diferencia con nuestro tiempo estriba en que el escritor libertino tuvo la valentía de autorretratarse en el espantoso cuadro de Basil Hallward.

Quizá fue por arrostrar la verdad de sus excesos por lo que pudo al fin volver la mirada hacia su hogar y encontrar reposo en aquel hotel de París donde moría enfermo:

“Mi falta de rectitud moral –reconoció- se debe en gran medida al hecho de que mi padre no me permitiera convertirme al catolicismo. La faceta artística de la Iglesia y la fragancia de su magisterio quizá hubieran podido curar mis vicios. Hace mucho tiempo que deseo ser recibido en ella”.

 

Aquí dejo algunas “pinceladas” del retrato. Esta primera, del cínico lord Henry, que no puede ser más actual:

Sólo dispone de unos pocos años en los que vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecerá la belleza, y entonces descubrirá de repente que ya no le quedan más triunfos, o habrá de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor hará más amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco más a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volverá cetrino, se le hundirán las mejillas y sus ojos perderán el brillo. Sufrirá horriblemente… ¡Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee. No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares. Ésos son los objetivos enfermizos, las falsas ideas de nuestra época. ¡Viva! ¡Viva la vida maravillosa que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada… Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted puede ser su símbolo visible. Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece durante una temporada.

 

Y esta otra, de Dorian, aplicando él solito los primeros trazos tenebrosos a la obra de su autodestrucción:

En lo más íntimo de su alma deseaba ser algo más que un simple arbiter elegantiarum, a quien se consulta sobre la manera de llevar una joya, de cómo anudar una corbata o sobre cómo manejar un bastón. Dorian Gray trataba de inventar una nueva manera de vivir que descansara en una filosofía razonada y en unos principios bien organizados, y que hallara en la espiritualización de los sentidos su meta más elevada.

El culto de los sentidos ha sido censurado con frecuencia y con mucha justicia, porque al ser humano su naturaleza le hace sentir un terror instintivo ante pasiones y sensaciones que le parecen más fuertes que él, y que es consciente de compartir con formas inferiores del mundo orgánico. Pero Dorian Gray consideraba que nunca se había entendido bien la verdadera naturaleza de los sentidos, que habían permanecido en un estado salvaje y animal sencillamente porque el mundo había tratado de someterlos por el hambre y matarlos por el dolor, en lugar de proponerse convertirlos en elementos de una nueva espiritualidad, en la que el rasgo dominante sería un admirable instinto para captar la belleza.

Su objetivo, efectivamente, era la experiencia misma y no los frutos de la experiencia, tanto dulces como amargos. Prescindiría del ascetismo que sofoca los sentidos y de la vulgar desvergüenza que los embota. Pero enseñaría al ser humano a concentrarse en los instantes singulares de una vida que no es en sí misma más que un instante.

Le Penseur

25 Nov

44241700980991000990921381571541431481530990891491551464241701 

Es posible imaginar que Le Penseur de Rodin, El Poeta, o Dante pensando, encontrará en Sevilla el marco para el que fue creado: La Puerta del Infierno. Con el Consistorio por bajorrelieve y los ediles como retorcidos condenados. Pero no seamos perversos, aunque mucho nos tiente el enclave escogido.

Volquemos los esfuerzos en agradecer a la obra social de La Caixa que traiga a esta ciudad la muestra El Arte en la calle: Auguste Rodin, compuesta por El Pensador y seis estudios de Los Burgueses de Calais, gentileza del Musée Rodin.

El sábado, en nuestros encuentros con Cervantes, Zorrilla, Machado y Cernuda, nos topamos con la monumental escultura en el foro principal de la ciudad. De ella dijo su autor: “Un hombre desnudo sentado sobre una roca (…). Su cabeza sobre su puño, preguntándose. Pensamientos fértiles lentamente nacen en su mente. Él no es un soñador. Él es un creador”.

Apenas tuvimos cinco minutos para rodear la figura y admirar el genio que la creó: la expresividad del rostro, la tensión creativa que concentra tanta inmovilidad. Hay que volver sin tiempo.

“El mundo sólo será feliz cuando todos los hombres tengan alma de artistas, es decir, cuando todos sientan el placer de su labor.” (A. Rodin, Mi testamento).

Todo trabajo puede ser arte. Así pues, mientras llega el momento, a seguir cincelando el día.

 

 

ElArte

18 Jun

En el albero a las cinco de la tarde me cruzo con Candela y le doy la alternativa. No levanta un metro del suelo pero lo abrasa con sus ojos en una lidia feroz. Es pequeña pero más vieja que su madre. Candela ya sabe que en cada calle aguarda un infierno y en cada casa una promesa celeste.

 

La clave para salir del lance sin demasiadas cornadas, es la concentración. Andar despacio pero no demasiado, no parar más que en el burladero de las sombras, no reír, no gesticular, no cambiar la respiración, no desear llegar demasiado pronto, no mirar los espejismos, fundirse en la sonata estoica de las chicharras hasta que llegue la noche y tome el relevo la cuadrilla de los grillos, cuando la mitad del mundo vierta sobre la otra su sangre incandescente.

 

Y entonces, entonces tampoco cabe confiarse. Quietas, ni demasiado tapadas ni demasiado destapadas, aguardaremos la madrugada para darle al calor la breve estocada de unas horas.

Tropezar con estilo

16 May

Más que andar, lo meritorio es tropezar con estilo. Tengo ya mucha experiencia en esto y no pienso renunciar a los tacones aunque tenga sobrada altura. Los caballeros nunca lo entenderán –ni falta que les hace- pero hay muchas otras razones por las que una mujer decide llevar zapatos altos aunque de vez en cuando trastabille y le duelan los pies horrores.

 

Admiro a las féminas que nunca dan un resbalón ni un cojetazo –como se dice por aquí-  pero me parecen poco humanos esos andares descoyuntados de pasarela que convierten a las mujeres en inaccesibles damas del séquito de Cleopatra.

 

Dadas mis circunstancias, he hecho un perfecto estudio de mi promedio de traspiés al día, que suele estar en torno a seis, y he investigado también las condiciones del pavimento de mi trayecto habitual. El mayor índice de trompicones se lo lleva la calle Gaspar Alonso, donde el año pasado pusieron un acerado nuevo que es el terror de los tacones finos. También he profundizado en las variantes del género y me he pasado a las cuñas que parecen más estables, pero, aunque he conseguido reducir el número de resbalones, no logro un andar suficientemente digno.

 

Visto lo inevitable, y puesto que no me pasaré al zapato plano así me maten, procuro tropezar con gracia. El estilo en esta actividad es la antítesis del disimulo. Tratar de hacer que los demás no han visto lo que han visto es tan ridículo como mirarse el zapato con extrañeza o patear las losas con indignación como si tuvieran la culpa. Lo mejor –según mi análisis- es inclinar la cabeza, chasquear la lengua y sonreírse, pero de lo que entran verdaderas ganas es de volverse al respetable para saludar con efusividad.

 

Hoy, en la entrada de Valparaíso, he dado un cojetazo de los buenos. Detrás de mí iban dos señoras algo menos jóvenes que yo a las que acababa de sobrepasar. He seguido mi táctica habitual –inclinación y chasqueo- y he podido oír con gran satisfacción que le decía una a otra: “a mí me pasa hasta con los planos”. Así que me he vuelto y les he dedicado mi mejor sonrisa.