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Formas de no perder la cabeza

22 Jun
Foto de la vidriera en San Dunstan, Canterbury, que tomé hace un par de años

Foto de la vidriera en San Dunstan, Canterbury, que tomé hace un par de años

Decía con mucho acierto Chesterton que “Enrique VIII tuvo que cortarle la cabeza a Tomás Moro porque era la única forma de apoderarse de ella”.

Una de las tentaciones del poder, sobre todo cuando quien lo ostenta es torpe y/o malvado, consiste en lograr que el pueblo abdique de su soberana cabeza y, con ella, de la libertad de conciencia. Para tal fin resulta muy útil hacerse previamente con los instrumentos que intervienen en la formación de la misma, that is la educación, la familia.

Cuando los súbditos, el pueblo o la ciudadanía -en terminología moderna- protesta e intenta defenderse del abuso, entonces hay que tacharlo de radical y esclavo de tabúes ancestrales. De no lograrse la sumisión mediante el ridículo y el complejo, se recurre a la ley injusta y a la negación del derecho a objetar, y santas pascuas, aquí paz y después gloria, si cabe la expresión.

La única forma de resistir que, llegado el caso, cabe es la desobediencia civil. Ejemplos abundan en la Historia: Sócrates, Gandhi, Luther King, Tomás Moro. Ellos, perdiendo la cabeza -metafórica o literalmente-, lograron conservarla.

Moro, del que hoy celebramos su descabezado ingreso en el Cielo, tenía muy claro a quién servía y por qué orden:

Habéis de comprender -dijo al jurado- que en lo que afecte a la conciencia, todo súbdito fiel y honrado ha de respetar su propia conciencia y su alma más que ninguna otra cosa en el mundo; especialmente cuando su conciencia es como la mía, es decir, que la persona no da ocasión de calumnia, tumulto ni sedición frente a su príncipe.

Y también conocía el color del alma de su amigo Enrique VIII y los límites de su amistad:

El rey es de tal manera que si le ofrecen una buena casa por mi cabeza, me la mandará cortar de inmediato.

 En la tumba de los Roper de la iglesia de San Dunstan reposa esa cabeza, después de haber lucido para escarmiento en la pica de la Torre de Londres.

Chesterton dijo en los años veinte del siglo:

Tomás Moro es más importante en este momento que en cualquier otro, más aún, quizá, que en el gran momento de su muerte; pero no es tan importante como lo será de aquí a unos cien años. Se le llegará a considerar como el más grande de los ingleses, o por lo menos como el mayor personaje histórico de la historia inglesa.

Casi cien años después, bajo la sencilla losa negra de  la iglesia anglicana de San Dunstan, la cabeza de Santo Tomás Moro continúa sirviéndonos de advertencia. Finalmente Enrique VIII no pudo adueñarse de ella. Del resto del cuerpo, paradójicamente, sólo suponemos que está en la fosa común de la Torre de Londres.

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Probablemente

8 Ene

Los evangélicos de Madrid han respondido a los piratas catalanes de eslóganes británicos con la leyenda inversa: “Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo”.

Como diría Nietzsche, a la publicidad catalana le ha traicionado el lenguaje: “Me temo que no nos liberaremos de Dios porque creemos todavía en la gramática”, decía el filósofo alemán. Y la recomendación del ‘top-mantra’ reza: “Probablemente, Dios no existe. Deja de preocuparte y goza de la vida”.

El papel -ya se sabe- lo aguanta todo, pero el ser humano no. No se puede ser feliz en estado de duda negativa y de razonada sinrazón. Sólo se puede alcanzar una moderada felicidad, incluso una envidiable felicidad, aceptando la existencia de Dios o, por el contrario, no planteándose siquiera. “No actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios” –diría Manuel II Paleólogo- y también a la naturaleza del hombre.

Ese ‘probablemente’, a la postre, es una invitación a plantearse su existencia aún peor que la que sugería el empeño en negar a Dios en los países de la órbita comunista cuando la URSS.  

Para ser ateo de verdad hay que sufrir mucho. En todo caso, yo planteo a estos que tanto se empeñan la oración del ateo de Unamuno. Por lo menos es más noble:

…Qué grande

eres, mi Dios! Eres tan grande que no eres

sino Idea;…

 

Sufro a tu costa, Dios no existente,

Pues si Tú existieras yo también

de veras.

(La reflexión viene al hilo de la lectura de Dios salve la razón, la recopilación de comentarios al discurso de Benedicto XVI en Ratisbona).

Ni un cabello de vuestra cabeza

26 Nov
Peor que aquel “que los buenos no hagan nada” de Burke es que los buenos hagan de lacayos del mal. Por pernicioso y por torpe.

No recuerdo si en Cartas del diablo a su sobrino Escrutopo hace a Orugario alguna recomendación al respecto, pero el padre de la mentira se pone loco de contento cuando los hijos de la luz le hacen el trabajo gratis et amore.

Hay servilismos fruto del oportunismo, del miedo y de la estulticia. Ayer fui testigo de algunos ejemplos dolorosos: un foro de corte humanista cristiano repleta de estudiantes que prestó sus micrófonos a la ética del consenso y al relativismo ético con colofón de aplauso final y la noticia del repudio de varios periodistas casados con la verdad desde hace años por un periódico de raigambre local.

Para compensar, tres sucesos positivos: me entero de que Bella es la segunda película más vista en la provincia de Sevilla en las últimas dos semanas; y recibo dos paquetes con sendos libros de interés: uno con dedicatoria afectuosa de uno de los colegas despedidos y otro que me apresto a ingerir como antídoto: Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI con selección de artículos de Leonardo Castellani espigada por Juan Manuel de Prada del que pronto tendréis mis impresiones. El escritor y sacerdote argentino también probó la insipidez, y peor, el acíbar de los “buenos”.

Y uno más, en el evangelio de hoy, que inclina definitivamente la balanza.

 

 

Atentado contra la Universidad de Navarra

30 Oct

Dos días después de la desarticulación del Comando Nafarroa. Sin previo aviso “o casi” y en pleno trasiego estudiantil.

Habré pasado miles de veces por ese aparcamiento durante los cinco años de carrera, sobre todo los tres primeros, cuando éramos nómadas y repartíamos las clases entre Económicas, el Central y Arquitectura, y ún no existía el edificio de Ciencias Sociales.

¿Qué culpa tendrán los profesores que allí comunican su saber, qué delito las generaciones de alumnos que se preparan para servir a la sociedad, los bedeles, las limpiadoras, los jardineros, el cerezo japonés? 

Son los cobardes métodos del terror. Claro, el arma de la palabra es mucho más difícil de blandir que una pistola, que el mando de un detonador.

Ya son seis los atentados que ha padecido la Universidad de Navarra, mi universidad, y nadie ha sido capaz de amordazar el amor a la verdad y a la libertad que se transmite en ella.

¿Qué creéis que habéis logrado? Más abyección, más miseria.

 

 

P.S: Un abrazo afectuoso a todos los alumnos, profesores, representantes académicos, personal de la Universidad, de la revista Nuestro Tiempo, Anacó, Sonsoles, a los heridos, especialmente…

Pastilla roja, pastilla azul

28 Ago

El otro día encontré estas fotos a propósito de una presentación sobre generación IMERS y nuevas tecnologías que estaba preparando para un grupo de gente joven. Me encantaría subirlas a la barra lateral pero no lo consigo. (Flickr no me funciona y Picasa no me vale para mi versión de wordpress, o eso creo).

 

Neo reflejado en las gafas de Morfeo mientras éste le ofrece la pastilla azul y la pastilla roja.

 

 

El Oráculo y la prueba de la cuchara.

 

 

Kleenex deluxe

23 Ago

Pañuelos de seda, color marfil, a un euro. Los compré ayer a un moreno del semáforo y estaban junto a la palanca de cambios, dando un toque chic al peugeot 106 rojo. “Guapaaaa…compra…a un euro”. Sonrisas blancas sobre fundido en negro, las únicas que acompañan mi trayecto matinal estos días.

No suelo comprar kleenex, la verdad; tampoco uso habitualmente el coche, pero el otro día me conmoví –un tópico, una frivolidad, una hipocresía, ya sé- después de haber sabido que Dom y Kingsle entregaron a la policía una cartera con 2.700 euros y un cheque por valor de 870 que se cayó del bolsillo de un motociclista. «Porque no era nuestro». «Sin dudarlo ni un segundo».

“El dinero no toca mi cabeza ni mi corazón. Gastarlo me habría hecho feliz un momento, pero me hubiera hecho sufrir toda mi vida”, explicaba Dom. El propietario de la cartera les recompensó con 50 euros. No se hablaba de otra cosa en Sevilla. ¡Qué miseria! Y yo… yo que paso de vez en cuando y les sonrío, pero no les compro, callaba avergonzada. A lo largo de esta semana algunos conductores que transitan por la avenida de la Feria les compran los kleenex a diez y veinte euros. Otros les dicen con guasa: “La próxima vez que encontréis una cartera, avisadme”.

Dom y Kingsle ni siquiera la abrieron. “Si hubiésemos sabido lo que había, habríamos hecho lo mismo, porque nada de eso nos pertenecía”.

Esta mañana, al subirme al coche me percato de que está abierto. No hay signos de fuerza mayor. La guantera despanzurrada, la carátula de la radio fuera de su caja, la caja tirada por el suelo. Todo fuera de su sitio, pero todo allí.

Recuerdo que ayer, en la calle solitaria, vi a un tipo extraño que miraba hacia las ventanas de los pisos. Saqué rápido las llaves y entré en el portal. Es posible que llevara un captador de frecuencias. Me sentí mal por el allanamiento pero aliviada. ¿Qué buscaría el ladrón? Suerte que no tenía nada valioso.

Arranco y al dar la vuelta a la manzana, en el semáforo, me saluda el nigeriano: “Guapaaaa…compra…a un euro”. Le sonrío: “Hola, amigo. No puedo. Todavía tengo los que te compré ayer”. El disco cambia de color. Meto la primera, giro y miro involuntariamente hacia la palanca de cambios. Entonces me doy cuenta de que no hay rastro de los kleenex.

Pañuelos de seda, color marfil. Pañuelos deluxe, que envuelven historias de grandeza. El ladrón sabía lo que buscaba. Yo, siento que el lunes está tan lejos…

La venganza

27 May

Los gorriones hacen la competencia a los mirlos y me inquieta no saber porqué han enmudecido de pronto esos grandes cómicos del trino. Quizá sea porque les sienta mal la humedad ambiente, porque ya no le encuentran la gracia a lo que hacemos, o porque acabó su función y ahora le toca el turno a otros.

Por lo que vengo observando, los mirlos hacen carrera artística en solitario pero los gorriones se organizan al modo de las antiguas corralas. En la calle Gaspar Alonso –esa del acerado traidor- ocupan los canalones y los tubos del aire acondicionado de las casas de ambas aceras. Desde allí turnan su piar obligándome a girar la cabeza de un lado a otro.

Lo sorprendente no es la calidad sino la mecánica del asunto. Los primeros días –subyugada aún por los mirlos y presa de la algarabía- califiqué la representación de género menor, algo así como una zarzuela; después pensé que la sucesión tenía más de espectáculo tenístico que coral, y ya hoy, que llevaba en la cabeza la explicación de Finkielkraut sobre que “el hombre moderno ya no tiene por qué tomar por el Ser verdadero lo que es método. Habita en el espacio que el método le ha modelado y consume lo que ese método produce”, pienso que lo que hacen los gorriones es reírse de nosotros. Nos imitan, critican nuestro mecanicismo y de alguna manera se vengan, por eso están ahí, sobre el producto de nuestra técnica.

El filósofo recoge una cita de Rüdiger Safranski: “La vida humana se vuelve tautológica cuando no encuentra más que las huellas de su propia actividad”. Eso hacen los pájaros, remedan nuestros símbolos digitales y absurdos como diciendo: vais listo si pensáis que podéis doblegar a la naturaleza y salir indemnes.

Seguro que esto no son más que elucubraciones y divertimentos. Quizá yo misma estoy cayendo en el método y perdiendo esa perspectiva del arte como asentimiento a lo que es, pero sea o no por la acción del hombre, el caso es que acaba mayo, hace frío, los mirlos ya no cantan y los gorriones están ahí, obstruyendo los canalones y picando los tubos del aire acondicionado.