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Tropezar con estilo

16 May

Más que andar, lo meritorio es tropezar con estilo. Tengo ya mucha experiencia en esto y no pienso renunciar a los tacones aunque tenga sobrada altura. Los caballeros nunca lo entenderán –ni falta que les hace- pero hay muchas otras razones por las que una mujer decide llevar zapatos altos aunque de vez en cuando trastabille y le duelan los pies horrores.

 

Admiro a las féminas que nunca dan un resbalón ni un cojetazo –como se dice por aquí-  pero me parecen poco humanos esos andares descoyuntados de pasarela que convierten a las mujeres en inaccesibles damas del séquito de Cleopatra.

 

Dadas mis circunstancias, he hecho un perfecto estudio de mi promedio de traspiés al día, que suele estar en torno a seis, y he investigado también las condiciones del pavimento de mi trayecto habitual. El mayor índice de trompicones se lo lleva la calle Gaspar Alonso, donde el año pasado pusieron un acerado nuevo que es el terror de los tacones finos. También he profundizado en las variantes del género y me he pasado a las cuñas que parecen más estables, pero, aunque he conseguido reducir el número de resbalones, no logro un andar suficientemente digno.

 

Visto lo inevitable, y puesto que no me pasaré al zapato plano así me maten, procuro tropezar con gracia. El estilo en esta actividad es la antítesis del disimulo. Tratar de hacer que los demás no han visto lo que han visto es tan ridículo como mirarse el zapato con extrañeza o patear las losas con indignación como si tuvieran la culpa. Lo mejor –según mi análisis- es inclinar la cabeza, chasquear la lengua y sonreírse, pero de lo que entran verdaderas ganas es de volverse al respetable para saludar con efusividad.

 

Hoy, en la entrada de Valparaíso, he dado un cojetazo de los buenos. Detrás de mí iban dos señoras algo menos jóvenes que yo a las que acababa de sobrepasar. He seguido mi táctica habitual –inclinación y chasqueo- y he podido oír con gran satisfacción que le decía una a otra: “a mí me pasa hasta con los planos”. Así que me he vuelto y les he dedicado mi mejor sonrisa.

Star Wars versión cañí

16 Abr

Este mediodía me he embarcado en un cambio de look en la peluquería que está a mitad de camino entre el trabajo y casa, que es algo así como el Tantive IV (los amantes de Star Wars considerarán esto una frivolidad) pero en versión barrio.

 

La peluquería está ubicada en el edificio La Estrella, tiene barras de neón como espadas luminosas y unos secadores de cabeza que son los replicantes de R2D2 y C-3PO.

 

Allí hay una responsable encantadora, de cuarentaitantos, que se llama Reyes -como Dios y Sevilla mandan- y tiene una hermana igual que ella pero con rizos; y varias chicas semiadolescentes, que atienden a Tania y Aroha -como mandan los cánones progres-, que se han empleado a fondo con mi melena y me la han dejado llena de rodetes y papel de plata.

 

Así, al final, yo también he conseguido encajar en el marco en el papel principal de princesa Leia (no sé porqué siempre que estoy en esa circunstancia pienso en lo terrible que sería salir así a la calle en caso de incendio).

 

En mi Tantive IV particular se aprenden muchas cosas. Por ejemplo que a esa chica de ahí hay que neutralizarla, que el corte que yo quiero es moderadamente capeado, y que a aquella señora no hay que ponerle matizador sino sustancia, que suena supermetafísico. También que la cerveza que tomé antes de venir es la responsable de que haya subido antes el color de las mechas.

 

O sea que además de física, astronomía y metafísica se aprende química. Ah, y lo mejor: que a la tía Cuca de Madrid no le ha gustado nada que Leonor, mi vecina de asiento, le haya puesto Jaime a su hijo, porque no es nombre familiar.

 

En esta nave tienes que ir con ojo, porque las empleadas van de blanco y negro indistintamente, esto es con bata blanca, pantalón negro y guantes negros, así que no acabas de saber dónde está exactamente el Lado Oscuro.

 

Creo que Reyes está en el Lado Luminoso. Intento pillar la conversación con una clienta pero me lo impide un secador: “yo lo que no entiendo es a las personas que”… Luego la veo pendiente de cada una, y hablando con solvencia sobre las ministras de cuota.

 

Tania y Aroha no sé de qué lado están, pero detecto la presencia de la ideología Sith en el listado de torturas que hay junto a la caja, entre ellas depilaciones en remotísimos lugares que no mencionaré por pudor, y en otras cuestiones no menos preocupantes como el hecho de que yo haya salido de la peluquería rubia y con el pelo liso como una tabla después de haberme zampado varias revistas de moda y del corazón.