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…is diferent

31 May

En la cola del súper, después de apercibir con clarines a la clientela para que compráramos pepinos españoles, la señora cambia de tercio:

“Y Ortega Cano entre la vida y la muerte. Yo con la que no puedo es con la peluquera: Que si Ortega es marica… ¿Y ella que sabrá? Además, ¿qué? ¡Ni que fuera ladrón! Con la cantidad de toros que ha matado, jugándose la vida… Y pa’colmo, se ha llevado por delante al del otro coche. Accidentalmente, el pobre”.

Luego se para, coge aire, mira al ruedo con gravedad y sentencia:

“Caterva de calumniadores”.

 

Dos orejas, el rabo y vuelta al ruedo.

La marea

11 Nov

“No puedo soportar pasar por aquí”. Le decía un chaval de doce años a su amigo. Iban delante de mí y estábamos a punto de sumergirnos todos en una marea de adolescencia femenina que se apostaba a la salida de la escuela de bachillerato y ciclos medios y superiores que hay junto a mi casa. Los dos iban muy niños y cabizbajos. Y las chicas, grandes y luengas de cabello y de piernas.

El amigo le contestó a los zapatos: “pues las bordeamos y ya está”. Los sobrepasé sonriéndome a las botas y vadeé el mar de juventud aunque me di cuenta de que había sucumbido a esa despreocupación vital y a esa guapura que se tiene a la edad en que aún todo es posible.

Cuando iba a cerrar la puerta de casa, me alcanzaron los dos chavales. “Debe ser un instituto sólo de chicas”, le decía el incómodo a su amigo. “Pues no lo dice en la puerta”.

Ellos también habían sucumbido. Me dio nostalgia y ternura porque pensé que la reacción era el temor reverencial de los púberes a las chicas mayores, ya casi mujeres. Pero luego me entró la duda de si no será que las chicas de hoy, por descaradas, dan más miedo que antes.

Atisbos de primavera

10 Sep

Hoy viernes 10 de septiembre a la calle Valparaíso le ha florecido un jardín de niños de domingo. Llevaban una rosa en los labios y el pelo “flagrante” de lavanda. Estrenan su primera jornada laboral.

(No se me ocurre mejor modo de ilustrarlo que con este vídeo de Pájaro Sunrise, uno de mis últimos descubrimientos musicales, gracias a Inma y Merl).

Los niños son poetas

14 Oct

Calle Valparaíso. Llueven las hojas de acacia bajo el sol de membrillo. Un niño tan pequeño que sorprende que camine se acuclilla agarrado a la mano de su madre. Después de observar la alfombra otoñal toma muy concienzudo algo entre el índice y el pulgar y se levanta exultante: ¡Mamá, mira! ¡UNA HOJA AMARILLA!

Llama de amor

10 Sep

En la calle Valparaíso. De frente, por la acera estrecha, con paso de marcha atlética y gesto triunfal, viene un señor de pelo cano. Calza deportivas y viste camiseta de tirantes y pantalón corto. En el puño lleva agarradas unas varas de nardo envueltas en celofán. La antorcha olímpica del esposo fiel.

Cambio de papeles

5 Sep

Otra día más por el camino de baldosas amarillas donde nada es lo que parece.

Una niña de unos cinco años protesta de los cuidados maternales. “Deja mamá, que ya soy mayor”. 

Yo voy escuchando muy ufana en mi PDA: “what can you do for me, you nasty frog? My golden ball has fallen into the spring”.

A salto de mata

21 Ene

El currículum cansino de un marido bebedor, un diagnóstico de cirrosis hepática o cáncer de hígado, los buenos propósitos del año, la demencia, o quién sabe qué historia, detrás de esa mujer que riega de güisqui la acera, mascullando palabras que se funden con los vapores etílicos y el vaho de las primeras horas de un miércoles de enero camino del trabajo por la calle Valparaíso.