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Mucho más que un instinto

23 Nov

(Ese es el título de mi última columna de Nuestro Tiempo. Hace más de un mes que no escribo. Y no porque no haya pensado en mis lectores cada día. Pongamos que el otoño me ha dejado afónica… Vuelvo tímidamente, consciente de que la entrada es tramposa pero confiando en que el efecto placebo me sirva de remedio. Lo estoy deseando. Gracias por aguardar fielmente). 

Ahora, la columna:

Mucho más que un instinto

Hace pocas semanas Sharon Stone confesaba haber sufrido en el pasado dos abortos espontáneos que aún no ha podido superar. Nunca sabemos los dramas que esconde el celuloide. La protagonista de Instinto Básico, icono erótico de varias generaciones, envidiada a sus cincuenta y un años por la eterna juventud que reflejan sus anuncios de Dior, de quien es imagen, perdió dos hijos en el quinto mes de gestación y describe la experiencia como “algo horrible”. La revelación me ha despertado un sentimiento de simpatía porque contrasta con esa imagen de ‘femme fatale’ que muestra en sus películas de alto voltaje. En un momento de su vida, con varios fracasos matrimoniales a las espaldas y “la celebridad como profesión” –como ella misma reconoce-, Sharon quiso ser madre biológica y no pudo. El cine lo hace todo posible, pero la vida real no es tan generosa. Hoy es madre de tres hijos adoptados.

Para cuando vea la luz este artículo, hará tiempo que muchos volvimos de gritar en Madrid que ‘cada vida importa’, que el vientre materno no puede convertirse en una batalla campal con dos víctimas y ningún ganador: el niño no nacido y la mujer no madre. Habremos asistido al consabido baile de cifras de manifestantes, y nuestros gobernantes continuarán con su proyecto mortal arguyendo que la norma amplía el marco de libertad de la mujer; disipando, como si fueran jirones de humo, pesadillas del síndrome post-aborto mucho más espeluznantes que las de Sharon Stone.

La sensación de esfuerzo inútil que a veces nos embarga tras las manifestaciones tiene su fundamento. Una amiga estudiosa del tercer feminismo me decía hace unos días: “de poco sirven las pancartas y las alternativas al aborto si no generamos un discurso intelectual sólido y no ofrecemos a la sociedad propuestas proactivas que permitan a la mujer desarrollar todas sus capacidades”. Me hablaba con admiración de mujeres que vuelven de un feminismo radical con asombrosa lucidez y espíritu combativo, dejando en el camino jirones de piel.

Profesionales de primera línea, como la periodista alemana Eva Herman, que han sido capaces de enfrentarse a ideologías que ellas mismas sostuvieron y propugnaron, para elegir, en ejercicio soberano de su libertad, lo que consideran que les hace más felices: trabajar fuera de casa, conciliar o cuidar de los suyos y de su hogar.

Hay montones de mujeres cansadas de luchar contra sí mismas, de emplear sus mejores energías en las galeras de un trabajo extenuante mientras a sus hijos -en el caso de que se decidan a tenerlos- los crían la empleada o los abuelos, de acabar siendo extrañas en su propia casa. Pertenecen a una generación que intenta buscar un punto medio entre el sometimiento multisecular y las carreras suicidas del feminismo a ultranza. Quieren aportar su capacidad de humanizar a la sociedad, al trabajo y a la familia, y esperan del hombre que ocupe también el puesto que le corresponde en cada uno de esos ámbitos para construir una sociedad que explote toda la riqueza que comporta la complementariedad de varón y mujer. Una sociedad que entienda que tener una mujer madre en plantilla es un activo para la empresa que compensa las bajas maternales y los horarios reducidos, y que la ausencia del padre en la vida familiar supone un perjuicio para los hijos difícilmente reparable.

Ya se oyen voces, algunas sorprendentes, como la de la actriz de Pensilvania, nada sospechosa de ser “conservadora”: “Hubo un tiempo en que ser la famosa Sharon Stone fue uno de los objetivos de mi carrera. He comprendido que la adoración vacía, estar sola en la cumbre, no es sustituto de la familia. He estado enamorada de mi profesión y ahora también lo estoy de mi familia”. “Siento que el verdadero amor es equilibrio, calma, paz, paciencia y amabilidad, no una emboscada como yo viví”. “Recibo cientos de ofertas para hacer televisión, pero el horario es muy intenso y yo tengo niños pequeños. Si tuviera un padre que cuidara de ellos tal vez sería diferente, así que si lo encuentro ya veremos”. Bien por Sharon.

3D

19 Ago

Jugar a sacarle contorno y volumen a esos fondos planos, abigarrados, sin sentido.

A veces no hay forma de resaltar el dibujo por más que fija uno los ojos y se sugestiona hasta que le escuecen de impotencia.

De repente un día, porque sí o porque supera uno el escepticismo y la desesperanza, acontece el milagro y la vida se deja ver en 3D.

Tras los pasos del padre Brown

2 Mar

No había seguido hasta ahora sus peripecias. Había leído El hombre que fue jueves, Ortodoxia, Herejes, Correr tras el propio sombrero (a medias), Autobiografía, pero no los relatos del candoroso y sagaz curita católico de cara de pudín de Norfolk.

Como ahora no tengo tiempo y éste que no tengo he de distribuirlo, como los cinco panes y los dos peces, entre las obligaciones perentorias e importantes, protestonas y discretas, de cuando en cuando me leo una historieta.

En La inocencia del Padre Brown he encontrado la famosa frase del hilo de pescar que Cordelia cita a Charles, tras la muerte de Lady Marchmain, cosa que ya sabía, aunque no por ello gocé menos con el hallazgo. Y, entre otras deliciosas paradojas, esta sustanciosa conversación teológica entre el ladrón Flambeau, disfrazado de clérigo, y el padre, en el parque de Hampstead.

El curita de Essex hablaba con la mayor sencillez, de cara hacia las nacientes estrellas. El otro inclinaba la cabeza, como si fuera indigno de contemplarlas.

(Sólo esto ya habla con elocuencia de la connaturalidad cristiana con la grandeza, del gozo que supone saberse rey y administrador de la creación, y de la humildad, a pesar de todo, o precisamente por).

 

No hubiera sido posible encontrar una charla más clerical e ingenua en ningún blanco claustro de Italia o en ninguna negra catedral española. Lo primero que oyó fue el final de una  frase del padre Brown que decía: «…que era lo que en la Edad Media significaban con aquello de: los cielos incorruptibles».

El sacerdote alto movió la cabeza y repuso:-¡Ah, sí! Los modernos infieles apelan a su razón; pero, ¿quién puede contemplar estos millones de mundos sin sentir que hay todavía universos maravillosos donde tal vez nuestra razón resulte irracional?

-No -dijo el otro-. La razón siempre es racional, aun en el limbo, aun en el último extremo de las cosas. Ya sé que la gente acusa a la Iglesia de rebajar la razón; pero es al contrario. La Iglesia es la única que, en la tierra, hace de la razón un objeto supremo; la única que afirma que Dios mismo está sujeto por la razón.

El otro levantó la austera cabeza hacia el cielo estrellado, e insistió:-Sin embargo, ¿quién sabe si en este infinito universo…?

-Infinito sólo físicamente -dijo el curita agitándose en el asiento-, pero no infinito en el sentido de que pueda escapar a las leyes de la verdad. (…)

-La razón y la justicia imperan hasta en la estrella más solitaria y más remota: mire usted esas estrellas. ¿No es verdad que parecen como diamantes y zafiros? Imagínese usted la geología, la botánica más fantástica que se le ocurra; piense usted que allí hay bosques de diamantes con hojas de brillantes; imagínese usted que la luna es azul, que es un zafiro elefantino. Pero no se imagine usted que esta astronomía frenética pueda afectar a los principios de la razón y de la justicia. En llanuras de ópalo, como en escolleros de perlas, siempre se encontrará usted con la sentencia: «No robarás.»

 

(…) Hasta aquí la discusión. Luego Flambeau se desenmascara y le insta a que le entregue la cruz de plata, y una vez que se topa de bruces con la lucidez y la perspicacia del Padre Brown, que ya lo había calado y había puesto a salvo la reliquia, viene este fin magistral y actualísimo, medicina para los fideísmos y los ateísmos imperantes:

 

-¿No se le ha ocurrido a usted pensar que un hombre que casi no hace más que oír los pecados de los demás no puede menos de ser un poco entendido en la materia? Además, debo confesarle a usted que otra condición de mi oficio me convenció de que usted no era un sacerdote.

-¿Y qué fue ello? preguntó el ladrón, alelado.

-Que usted atacó la razón; y eso es de mala teología.

La panacea del feminismo

20 Jun

En La revolución silenciosa de Jesús Trillo-Figueroa se exponen sin morbo pero sin parquedad las truculencias sexuales -preferencias, dirían las feministas- de Jean Paul Sartre y su amante, compañera y madame de aficiones Simone de Beavoir, como ejemplo de la fatalidad a la que conduce el existencialismo.

 

Hace unos días la Junta de Andalucía se comprometía a garantizar por decreto que todas las mujeres, con independencia de su estado civil, de su orientación sexual y de su fertilidad, puedan someterse a la fecundación ‘in vitro’. (Lo cuento en Aceprensa, para suscriptores).

 

Encaja a la perfección con el pensamiento de Sartre: “Si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido, y este ser es el hombre, o como dice Heidegger: la realidad humana”. O dicho de otro modo por él mismo: “un ser que empieza por no ser nada, no hay naturaleza humana porque no hay Dios para concebirla”.

 

Así que solteras, separadas, viudas y lesbianas están de enhorabuena y podrán fabricarse hijos cuyo destino es crecer en un hogar monoparental o sin referente paterno y materno, o sea sin familia, que es la panacea de la liberación feminista: supresión de la diferencia, supresión de la maternidad, supresión de la familia.

 

La Junta de Andalucía viene a cumplir el sueño de Shulamith Firestone: “asegurar la eliminación de las clases sexuales. Lo que requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a las mujeres la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino sobre la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de los niños”, es decir el matrimonio y la familia.

 

Con ese argumento también se entiende que el actual gobierno -mascarón de proa del feminismo socialista- haya suprimido las ayudas a las asociaciones provida. 

 

Es coherente. Como el hecho de que Shulamith Firestone resida desde hace años en un hospital psiquiátrico. 

Como si nada

13 Jun

El matrimonio Sarkozy-Bruni puede ser una bomba de fusión o de fisión, cualquiera sabe. Pero bomba al fin y al cabo. Carla, con sus cuarenta años, sus treinta amantes, su condición feminista, hedonista y libertina, es la reencarnación de mayo del 68. Y Nicolás –que representa el pensamiento anti-68- prometió que, de ser elegido presidente, “pasaría la página de la revolución estudiantil”, “acabaría con su espíritu”, y “liquidaría su herencia”.

 

“En estas elecciones, se trata de saber si la herencia de mayo del 68 debe perpetuarse o si debe ser eliminada de una vez por todas”, dijo Sarkozy en abril de 2007.  En mayo ganó las elecciones, pero en diciembre los rotativos publicaban los rumores de noviazgo con la Bruni y en febrero de 2008 sonaban campanas de boda. Cualquiera diría que con aquella frase, el entonces candidato deshojaba margaritas.

 

L’amour! Todo es posible. Para Nicolas Sarkozy, el “Mayo del 68” francés es la fuente de prácticamente todos los problemas del país. Y en esa fuente ha ido él a beber con ansia adolescente.  

 

“Tú eres mi droga. Más letal que la heroína de Afganistán y más peligroso que la cocaína colombiana”, dice una de las canciones del último álbum de Carla Bruni. Según la primera dama no pensaba en Sarkozy al escribirla. Es más que probable. Pero lo seguro es que bien podría decirlo de ella el presidente galo.

 

Para empezar, la canción ya ha generado el malestar del canciller colombiano. No quiero ni pensar en la reacción de Al Qaida desde Afganistán.

 

Je suis une enfant/ Malgré mes quarante ans/ Malgré mes trente amants/ Je suis un enfant (Soy una niña/ A pesar de mis 40 años/ A pesar de mis 30 amantes, / Soy una niña).

 

Y todo “comme si de rien n’était”.

 

 

 

 

 

Mataharis

2 May

 

 

Vi Mataharis de Icíar Bollaín por mi cumpleaños (qué palabra tan horrenda, con lo bonito que suena happy birthday) y me gustó. La tenía en el cajón de pendientes desde hacía meses.

 

Por mi onomástica, y con carácter retroactivo también fui ayer a una exposición de Velázquez en el Hospital de los Venerables de la que hablaré en otra ocasión y me tomé unas tapas en el barrio de Santa Cruz. Esto, unido a cierta crisis de creatividad, es la causa de mis ausencias.

 

A lo que vamos. Tres mujeres con el común denominador laboral de una agencia de detectives y un variado numerador de situaciones afectivas.

 

En la resolución de cada dilema vital Eva, Carmen e Inés habrán de despejar las incógnitas de la verdad, la libertad y la felicidad: decidir entre arriesgar el trabajo o el amor en el fragor de una investigación de procedimientos y fines inmorales; ser o no infiel a una relación abocada al fracaso; y perdonar o no el ocultamiento de una realidad dolorosa que amenaza la vida conyugal y familiar.

 

Los personajes femeninos -Inés (María Vázquez), Carmen (Nuria González) y Eva (Nawja Nimri)- pesan deliberadamente pero sin feminismos exacerbados. Tienen sus luces y sus sombras. Los masculinos, fifty- fifty: humanos y creíbles Iñaki (Tristán Ulloa) y Manuel (Diego Martín); canalla y machista Valbuena (Fernando Cayo), el directivo de la agencia; y muy patético Sergio (Antonio de la Torre) en su papel de marido-mueble de Carmen.  

 

Se nota la mirada femenina de su directora, y su interés por mostrar el drama social y personal de numerosas mujeres abocadas a elegir entre familia y trabajo (fantástica interpretación de Nawja Nimri).

 

Pero no sólo eso, también el activo de flexibilidad, empatía y humanidad que aportan al entorno laboral, personificado en la ayuda que se prestan para lograr eso que algunos llaman conciliación, la compasión ante la debilidad y la injusticia, y ese sexto sentido capaz de adelantarse a los conflictos y resolverlos con gracia y discreción.

 

Piel sin maquillar, fotografía sin filtro, hermosa de puro real, sometida al objetivo de la verdad sin trucos ni luces indirectas. Así me pareció la película en su planteamiento, en su guión descarnado, en la naturalidad de la cámara y de la interpretación y en sus finales abiertos. La vida sin aderezos, desnuda en toda su belleza y complejidad.

Cerebro de hombre, cerebro de mujer

14 Mar

“Estoy supercontento, tío, de verdad. Me va muy bien con ella”. Se me atascó el epíteto en el pabellón auditivo, extraño en la voz de un hombre joven. Si no llega a ser por “ella” me sonaría hasta un poco mariquita.  

La misma frase en boca de una mujer hubiera pasado sin dejar huella como tantas otras parrafadas callejeras: “Estoy supercontenta, tía, de verdad. Me va muy bien con él”. ¿Claro, no? Habla del novio o del marido reciente.

De una mujer, un hombre diría: estoy bien con ella, me hace feliz, en el mejor de los casos, pero no “estoy supercontento”. Al momento caí. Claro, un hombre sólo puede estar supercontento de “ella” si “ella” es… 

El reloj y mi paso marcial no impidieron que llegara a tiempo de confirmar mis intuiciones: “Cuando quieras te pasas por casa y te la presto para que des una vuelta con ella. Verás qué suspensión, qué potencia, qué prestaciones”.

Me pregunto si me estaré volviendo sexista.