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Día del libro

15 Abr


En el Día del libro, convocada por Leyendo se entiende la gente, escribo este microrrelato  en torno a tres palabras conjuradoras: libro, lectura y bombilla.

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La noche del 21 de octubre de 1879, tras conseguir que el filamento alcanzara la incandescencia sin fundirse, Edison arrastró el taburete hasta la primera bombilla de la historia, fabricó a su luz otras dos, una para su madre y otra para el profesor que le llamó estéril e improductivo en su infancia, las envolvió con idéntico amor y se enfrascó en la lectura de su libro preferido, El sentido común, de Thomas Paine, durante los dos días y dos noches que duró la luz.

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Nosequé

25 Feb

Con Adaldrida en la parada del 1.

-Pues eso que te digo, que no sé qué me pasa que no puedo escribir y no es porque no me pasen cosas.

–¿Qué autobús viene?  

-No sé, no veo. No llevo las gafas puestas.

-¿Pero tú tienes gafas? ¡Nunca te he visto con gafas!

-Pues las llevo siempre… en el bolso.

¿Y por qué no te las pones?

–Porque no me gusto con gafas.

–Ya, pero no ves.

–Da igual. Sólo uso las gafas para leer los nombres de las calles de las ciudades que no conozco y ver los números de los autobuses que nunca cojo.

–¡Ah! Pues está muy bien. Escribe en el blog sobre eso.

Romper el silencio

17 Feb

Como no me animo, me animan desde fuera. Hoy, con un reportaje más inesperado aquí que aquí. Ayer y anteayer con llamadas de amigos que confían, que les gusta lo que digo y cómo.

Más verosímil se torna el fantasma de la desilusión y el fraude. No encuentro nada adentro. Falso: hay algo peor que el vacío y es el terror a que no haya habido nunca nada. Si acaso un empeño, y tan breve…

Si alguna vez pensé en ser brillante, aquí termina la ilusión. “La mentira tiene las patas cortas”, dicen. He aquí la prueba de tu impericia. Tus pocos lectores ya se cansan.

Seamos sinceros. ¿Por qué rompo el silencio? Por hablar, por no perderos, por justificarme, por buscar el consuelo de aparecer en alguna columna lateral o en un intento desesperado de convocar las palabras. Por un poco de todo.

“Procura que la inspiración te encuentre trabajando”. Sí, pero eso lo decía el genio Picasso.

Aun así, en medio de la mediocridad, cavo a diario buscando la torrentera, pero nada se estremece en esta tierra cuarteada. No hay una veta en mi espíritu que se una a otra veta, ni siquiera una gota resbalando hasta la fusión con otra en el cristal.

No hay lágrimas. El espejo me devuelve mi mirar…

perplejo y seco.