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Vía muerta

30 Oct

El tren se marcha ya chin-chin-pum-pum y los barceloneses se quedan en el andén sin billete ni solución pero con un cráter fenomenal, que ya es algo entrañable y da a la ciudad una imagen muy lunática.

O sea, que ni 11-M ni estatutos, ni educación para la ciudadanía. El Gobierno terminará en la vía muerta por cuestiones ferroviarias.

Porque después de tanto hablar de nacionalidades todo el mundo quiere su AVE y si no por lo menos un metro o un tranvía de consolación. Algo que vaya sobre ruedas y bien encarrilado.

Pues va a ser que no. Pregunten, pregunten a Alfredo Sánchez Monteseirín, prócer de la república de Híspalis, que cantaba aquello de “Sevilla tiene tren, Sevilla tiene tren pero no tiene tranvía”, qué ha pasado con el metrocentro, que no lleva ni setenta y dos horas circulando y ya ha descarrilado frente por frente del Archivo de Indias.

Toda una premonición.   

Marketing de la nostalgia

10 Oct

Leo en la prensa digital que el Piraña, de Verano Azul, se ha doctorado en Telemedicina.

El gordito al que qritaban “¡que te pesa el culo, Pi!” porque siempre quedaba el último en las carreras, ha culminado con éxito la académica y al parecer lleva buen ritmo en la familiar con dos hijos pequeños a los que les divierte contemplar las peripecias de su papá junto con Chanquete, Tito, Bea, Javi, Pancho y los demás personajes de la serie.

Ver a Piraña jurando ante un crucifijo en la Universidad Politécnica de Madrid me ha dejado en la retina de la memoria la impresión de un relámpago becqueriano (se ve que estoy romántica), cosa esta que se repite últimamente cada vez que oigo una canción de ayer o veo un juguete de mi infancia.

Decía mi amiga A. mientras le comprábamos a su hija un pichi de Hello Kitty que este revival de nuestros fetiches infantiles y adolescentes no es algo espontáneo sino pura  estrategia de marketing. “Somos un target muy goloso para las empresas: profesionales con poder adquisitivo y familia a su cargo”.

Se llama marketing nostálgico y consiste en lograr que los papás de hoy compren a sus churumbeles aquellos objetos que les hicieron felices cuando tenían su edad.

Un ejemplo paradigmático es el anuncio de Coca-Cola que salió hace unos meses en el que aparecían los iconos de los ochenta: Rafael Gordillo, Mayra Gómez Kemp, las referencias a Orzowei, a los vaqueros nevados, a las hombreras y los marcianitos, todo con el tema de fondo “Don’t You (Forget About me)” de los Simple Minds.

Digamos que es algo así como la “memoria histórica de toda una generación” en la que, para nuestra desgracia, apenas cabe recordar los años en que ETA no mataba.

Ojalá nuestros hijos, cuando tengan treinta años, puedan hacer anuncios que digan con fundamento: “Somos una generación de fuertes, sobrevivimos a ETA y la redujimos a la nada. Este pasado glorioso nos ha convertido en lo que hoy somos, gente con una inmensa capacidad para ser feliz, por eso no bebes para olvidar, bebes para disfrutar.”

Sería tan hermoso y resultaría tan rentable ese marketing de la nostalgia…

El cajón de Carmen Calvo

3 Oct

Reconozco que tengo debilidad por Carmen Calvo. A pesar de todo, su tránsito por el Ministerio de Cultura fue una fuente de inspiración artística. Siempre es culturalmente saludable que haya motivos para la sátira y la ironía, como ocurrió con Morán o con Moratinos, que suena a palabra derivada, y ya se sabe que la mancha de mora con otra verde se quita.

Calvo dejó su cargo hace unos meses y los cajones del despacho lloran su marcha al son del himno nacional. Esos cajones deben ser como la caja de Pandora que desata vientos de guerra y una se imagina a la pobra ministra-fraila abriéndolos furtivamente cada tres días para meter dentro las nuevas letras que le mandaban los poetas de España, no fueran a dar la nota y se montara la parda.

“Las guardaba en un cajón donde guardo el corazón”, que diría Sabina. Y conste que no era por dejadez, no, sino por amor patrio: por salvar a España del mal de “autoenaltecimento”, que bien es sabido que es nuestro defecto principal.

“Tampoco le deberíamos de dar mayor pábulo”, porque no es algo en lo que “a España le vaya la vida”, Carmen dixi (y pixi). No, no. Mejor darle sólo un poquito de pábulo, lo justo, no vaya a ser que se nos suba a la cabeza esto de ser españoles y qué cosa tan fea. Que “mucho nos ha costado que arraiguen los símbolos nacionales después de cuarenta años de dictadura; mejor no tocarlos”.

Con lo saludable, molón y tolerante que queda ese “chunta-chunta”, compatible con todas los modelos de nación, que igual se puede cantar con “ch” que con “x”, para “vivir la bandera con absoluta normalidad”…

El talante de Rosa Díez

6 Sep

Me gusta el talante de Rosa Díez. Albergo la esperanza de que, con ella, llegue la redención del manido término, que no es otra cosa que el “modo o manera de ejecutar algo”.

Propiamente, no indica calificación moral el vocablo. Se puede tener buen o mal talante, pero no cabe tener talante a secas.

Rodríguez Zapatero ha conseguido lo que nadie, y hay que reconocer que eso es un logro: primero hinchó de apariencia la palabra y después la conjugó de la peor manera, que es mediante la “ejecución” en su sentido más dramático.

O sea, que, al fin, encontró su propio modo o manera de ejecutar algo… o a alguien. Y así, han ido pasando por la cuchilla, y con talante, la familia, el derecho a la vida, la identidad sexual, la libertad de enseñanza, la paz social, el orden territorial, etc.

El talante de Rosa Díez se puede llamar también temple, que en su acepción sexta del DRAE significa: “Fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos”.

Me parece bastante definitorio. Ambas virtudes le han hecho falta a Rosa, tanto para salir con la cabeza alta de un PSOE que no deja margen a la discrepancia y a la libertad, como para arrostrar la puesta en marcha de un proyecto político basado en la honradez que sea una alternativa a la bipartitocracia.

Las voces de la prudencia carnal alertan de lo descabellado de la idea pero a mí –mientras voy leyendo los fines de la Plataforma PRO y las opiniones que ha suscitado la noticia, me invade la prisa porque el embrión adquiera pronto los contornos de un verdadero partido que colme los anhelos de los ciudadanos de bien.

Y también, un secreto placer al ver el miedo a perder votos que la entrada en escena de Rosa Díez ha despertado en uno y en otro partido. Y el hecho de que Rosa Díez sea socialista.

Me daría tanto gusto votarla…

Cría cuervos y te sacarán los ojos

6 Jun

 cuervos

Hoy resuena en mis oídos el graznido de los cuervos al lanzarse sobre los cadáveres.

El corvus corax, símbolo de muerte, demonio y engaño, es fiel a sus inquietantes costumbres –habita en los acantilados, ataca sin razón aparente y se alimenta de carroña-, y aún hay gentes ilusas, insensatas o malvadas que se empeñan en alimentarlo. Quizá sean, por ello, doblemente culpables, y acaso merecedoras del mismo fin que aquellos beefeaters de la Torre de Londres, que, al parecer, dieron origen al refrán “Cría cuervos y te sacarán los ojos”:

La Torre de Londres siempre estuvo a cargo de los Guardias Yeomen, conocidos popularmente como beefeaters, por la ración diaria de carne a la que tenían derecho.

Según manda una antigua tradición, un número determinado de cuervos se mantiene en la Torre. Se les alimenta con fondos gubernamentales ya que existe la leyenda de que, mientras los cuervos permanezcan en la Torre, Inglaterra estará a salvo de las invasiones.

La mayoría de los criminales comunes eran ejecutados en sitios públicos en el exterior de la Torre. Cuando los criminales eran ejecutados por alta traición a la Corona, normalmente eran degollados y sus cabezas, clavadas en postes, eran expuestas al pueblo como advertencia de lo que le podría suceder a aquel que osase cometer el mismo delito.

Los cuervos que habitaban la torre, devoraban los ojos de los sentenciados, por ser la parte más blanda y sabrosa de aquellas cabezas colgadas.

Al parecer, algunos guardianes de la Torre fueron acusados de alta traición y posteriormente degollados. Sus cabezas quedaron exhibidas al pueblo. A nadie resultará extraño saber que los mismos cuervos que criaron esos desdichados se encargaron de comerles los ojos sin remordimiento alguno.

Qui potest capere…

Esclerosis democrática

28 May

La presentadora insistía a los contertulios: “Hablemos del mapa del hoy, no del de mañana”. El mapa de hoy es azul casi entero. Parece el océano en lugar de tierra firme. Mar voluble, sujeto a fuertes marejadas. Expresionista. 

Hoy azul, mañana rojo. Duele este empeño en las dos españas. Pero, ¿qué dos españas? La de los votos y la de los escaños; la de la ciudadanía y la de la burocracia; la de la soberanía popular y la de los pactos post-electorales; la de la democracia y la de su perversión.

Hoy azul, mañana rojo. Carpe diem! Y del expresionismo al surrealismo. Hoy todos contentos: unos por los votos, otros por los escaños; unos pensando en esta noche, otros en la de mañana. Todos ganan.

Al parecer, somos los electores los únicos que mantenemos el compromiso para los próximos cuatro años. A esto se reduce la soberanía popular: votamos a un partido -por convicción, por mal menor o por revanchismo- y al final acabamos sometidos a la dictadura del pacto y las minorías.

Con manifiesto descaro

11 Abr

caperucita 

Leía esta mañana el libelo panfletario que la maquinaria pseudocultural del Gobierno ha presentado en el Círculo de las Bellas Artes de Madrid.

Por aquello de sacar algo positivo, y no caer en el error que denuncio, destacaré los puntos I, II y IX, a los que casi me adhiero con fervor. Yo también “observo con creciente inquietud el grado de crispación y enfrentamiento en que discurre la vida política española” y  considero que “el debate político argumentado esté siendo suplantado por la descalificación y el insulto”, y que hemos de evitar “dividirnos ante cuestiones en las que debemos mantenernos unidos como la paz, la libertad y la lucha contra el terrorismo”. 

Lo inquietante está en el interior de ese ropaje que todos reconocemos como familiar e inofensivo -casi como el camisón de la abuelita-lobo para Caperucita Roja-, que hace que la inocente declaración se transforme por arte de-ma(go)gia en el “Manifiesto por la crispación y frente a la convivencia”.  No me molesta tanto que el libelo sea de izquierdas -a pesar de que abomino de la politización del arte, sea del signo que sea- cuanto que esté escrito de forma tan manipuladora y tan poco respetuosa con la inteligencia del ciudadano. Y aún me enerva más pensar que habrá muchos que alabarán el engendro sin advertir lo más mínimo las orejas de lobo que asoman por encima del gorro de dormir. El problema, como siempre, estriba en la falta de interés y de curiosidad, en el laissez faire, en el dolce far niente y en el no passssa ná, más hispano y paternalista, que diría Burgos.

No se trata de desconfiar, de ser maniqueo o de anatemizar a la izquierda, simplemente es recomendable -por higiénico- que el ciudadano ejercite la costumbre de cuestionarse, de indagar sobre lo que se le presenta como suyo, con el fin de conocer las verdaderas intenciones que subyacen, como hacía Caperucita de manera sutil y muy femenina (“¡qué brazos más grandes tienes!, ¡qué ojos más grandes tienes!”), a pesar de haberse entretenido peligrosamente en el bosque. 

Y aun y todo, puede acabar la historia como la Caperucita de la versión de Perrault -no la de los Grimm-, siendo Caperucita la democracia y el lobo, la demagogia disfrazada de ropajes tan premeditada y alevosamente inocentes como la Asamblea de Intervención Democrática, autora del manifiesto de marras.