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El talante de Rosa Díez

6 Sep

Me gusta el talante de Rosa Díez. Albergo la esperanza de que, con ella, llegue la redención del manido término, que no es otra cosa que el “modo o manera de ejecutar algo”.

Propiamente, no indica calificación moral el vocablo. Se puede tener buen o mal talante, pero no cabe tener talante a secas.

Rodríguez Zapatero ha conseguido lo que nadie, y hay que reconocer que eso es un logro: primero hinchó de apariencia la palabra y después la conjugó de la peor manera, que es mediante la “ejecución” en su sentido más dramático.

O sea, que, al fin, encontró su propio modo o manera de ejecutar algo… o a alguien. Y así, han ido pasando por la cuchilla, y con talante, la familia, el derecho a la vida, la identidad sexual, la libertad de enseñanza, la paz social, el orden territorial, etc.

El talante de Rosa Díez se puede llamar también temple, que en su acepción sexta del DRAE significa: “Fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos”.

Me parece bastante definitorio. Ambas virtudes le han hecho falta a Rosa, tanto para salir con la cabeza alta de un PSOE que no deja margen a la discrepancia y a la libertad, como para arrostrar la puesta en marcha de un proyecto político basado en la honradez que sea una alternativa a la bipartitocracia.

Las voces de la prudencia carnal alertan de lo descabellado de la idea pero a mí –mientras voy leyendo los fines de la Plataforma PRO y las opiniones que ha suscitado la noticia, me invade la prisa porque el embrión adquiera pronto los contornos de un verdadero partido que colme los anhelos de los ciudadanos de bien.

Y también, un secreto placer al ver el miedo a perder votos que la entrada en escena de Rosa Díez ha despertado en uno y en otro partido. Y el hecho de que Rosa Díez sea socialista.

Me daría tanto gusto votarla…

Cría cuervos y te sacarán los ojos

6 Jun

 cuervos

Hoy resuena en mis oídos el graznido de los cuervos al lanzarse sobre los cadáveres.

El corvus corax, símbolo de muerte, demonio y engaño, es fiel a sus inquietantes costumbres –habita en los acantilados, ataca sin razón aparente y se alimenta de carroña-, y aún hay gentes ilusas, insensatas o malvadas que se empeñan en alimentarlo. Quizá sean, por ello, doblemente culpables, y acaso merecedoras del mismo fin que aquellos beefeaters de la Torre de Londres, que, al parecer, dieron origen al refrán “Cría cuervos y te sacarán los ojos”:

La Torre de Londres siempre estuvo a cargo de los Guardias Yeomen, conocidos popularmente como beefeaters, por la ración diaria de carne a la que tenían derecho.

Según manda una antigua tradición, un número determinado de cuervos se mantiene en la Torre. Se les alimenta con fondos gubernamentales ya que existe la leyenda de que, mientras los cuervos permanezcan en la Torre, Inglaterra estará a salvo de las invasiones.

La mayoría de los criminales comunes eran ejecutados en sitios públicos en el exterior de la Torre. Cuando los criminales eran ejecutados por alta traición a la Corona, normalmente eran degollados y sus cabezas, clavadas en postes, eran expuestas al pueblo como advertencia de lo que le podría suceder a aquel que osase cometer el mismo delito.

Los cuervos que habitaban la torre, devoraban los ojos de los sentenciados, por ser la parte más blanda y sabrosa de aquellas cabezas colgadas.

Al parecer, algunos guardianes de la Torre fueron acusados de alta traición y posteriormente degollados. Sus cabezas quedaron exhibidas al pueblo. A nadie resultará extraño saber que los mismos cuervos que criaron esos desdichados se encargaron de comerles los ojos sin remordimiento alguno.

Qui potest capere…

Esclerosis democrática

28 May

La presentadora insistía a los contertulios: “Hablemos del mapa del hoy, no del de mañana”. El mapa de hoy es azul casi entero. Parece el océano en lugar de tierra firme. Mar voluble, sujeto a fuertes marejadas. Expresionista. 

Hoy azul, mañana rojo. Duele este empeño en las dos españas. Pero, ¿qué dos españas? La de los votos y la de los escaños; la de la ciudadanía y la de la burocracia; la de la soberanía popular y la de los pactos post-electorales; la de la democracia y la de su perversión.

Hoy azul, mañana rojo. Carpe diem! Y del expresionismo al surrealismo. Hoy todos contentos: unos por los votos, otros por los escaños; unos pensando en esta noche, otros en la de mañana. Todos ganan.

Al parecer, somos los electores los únicos que mantenemos el compromiso para los próximos cuatro años. A esto se reduce la soberanía popular: votamos a un partido -por convicción, por mal menor o por revanchismo- y al final acabamos sometidos a la dictadura del pacto y las minorías.

Con manifiesto descaro

11 Abr

caperucita 

Leía esta mañana el libelo panfletario que la maquinaria pseudocultural del Gobierno ha presentado en el Círculo de las Bellas Artes de Madrid.

Por aquello de sacar algo positivo, y no caer en el error que denuncio, destacaré los puntos I, II y IX, a los que casi me adhiero con fervor. Yo también “observo con creciente inquietud el grado de crispación y enfrentamiento en que discurre la vida política española” y  considero que “el debate político argumentado esté siendo suplantado por la descalificación y el insulto”, y que hemos de evitar “dividirnos ante cuestiones en las que debemos mantenernos unidos como la paz, la libertad y la lucha contra el terrorismo”. 

Lo inquietante está en el interior de ese ropaje que todos reconocemos como familiar e inofensivo -casi como el camisón de la abuelita-lobo para Caperucita Roja-, que hace que la inocente declaración se transforme por arte de-ma(go)gia en el “Manifiesto por la crispación y frente a la convivencia”.  No me molesta tanto que el libelo sea de izquierdas -a pesar de que abomino de la politización del arte, sea del signo que sea- cuanto que esté escrito de forma tan manipuladora y tan poco respetuosa con la inteligencia del ciudadano. Y aún me enerva más pensar que habrá muchos que alabarán el engendro sin advertir lo más mínimo las orejas de lobo que asoman por encima del gorro de dormir. El problema, como siempre, estriba en la falta de interés y de curiosidad, en el laissez faire, en el dolce far niente y en el no passssa ná, más hispano y paternalista, que diría Burgos.

No se trata de desconfiar, de ser maniqueo o de anatemizar a la izquierda, simplemente es recomendable -por higiénico- que el ciudadano ejercite la costumbre de cuestionarse, de indagar sobre lo que se le presenta como suyo, con el fin de conocer las verdaderas intenciones que subyacen, como hacía Caperucita de manera sutil y muy femenina (“¡qué brazos más grandes tienes!, ¡qué ojos más grandes tienes!”), a pesar de haberse entretenido peligrosamente en el bosque. 

Y aun y todo, puede acabar la historia como la Caperucita de la versión de Perrault -no la de los Grimm-, siendo Caperucita la democracia y el lobo, la demagogia disfrazada de ropajes tan premeditada y alevosamente inocentes como la Asamblea de Intervención Democrática, autora del manifiesto de marras.

Mal café

29 Mar

El presidente recostó la cabeza en el sillón mientras la maquilladora le aplicaba la esponja en el rostro con toques breves y precisos. Imaginó que cada uno de ellos era una pregunta. Cerró los ojos y exhaló el aliento despacio. Había estudiado a fondo las cuestiones más espinosas. Estaba preparado para cualquier eventualidad.  

¡Listo, Sr. Presidente! Una última ojeada al espejo, el postrer ensayo de un gesto a medio camino entre seguridad en sí mismo y cercanía. Se acomodó la chaqueta, ajustó su corbata y probó el tono de su voz: inspiraba confianza. 

Cuarenta y dos preguntas. Pronto estaría en casa. De Juana Chaos, el 11M, el precio de la vivienda. La economía: eso era lo que verdaderamente preocupaba a los ciudadanos. El presidente se frotó las manos y repasó mentalmente los indicadores macroeconómicos. Al instante se encendió el piloto rojo. Tragó saliva, relajó los codos, humedeció sus labios y sintió el regusto amargo del último café del Congreso en el paladar. 

En las horas siguientes la noticia corrió como la mecha en un reguero de pólvora. ¡Dios, el presidente no sabe cuánto cuesta un café! ¿Cómo puede gobernarnos alguien que no sabe lo que nos cuesta afrontar los gastos más menudos? Los periódicos abrieron con la noticia. Internet ardía: “Tengo un café para usted”, “En la capital, el café a 1.10”, “Café para todos”, “En busca del café de 80 céntimos”… 

En los bares y cafeterías no se hablaba de otra cosa: ¡Póngame un café pero de los del presidente! Los propietarios de los establecimientos, avispados, tuvieron la misma idea y bajaron al unísono el precio del café. Los distribuidores se llevaron las manos a la cabeza; la noticia llegó a los productores. Hubo malestar, piquetes y huelgas. La economía comenzó a resentirse. 

Los asesores del presidente temblaban al recordar que Giscard D’Estaing perdió unas elecciones por no saber cuánto valía un billete de metro en Francia y encargaron encuestas de intención de voto, mientras la oposición lanzaba slogans maliciosos: “Nosotros sí sabemos lo que vale un peine”. 

A las pocas semanas, los pronósticos no eran halagüeños. En los canales de televisión local los videntes escrutaban el futuro en los posos del café. 

A esas alturas, ya nadie daba un euro por el presidente. Ni siquiera 80 céntimos.

Nadie es perfecto

31 Ene

En atención a un comentario de Carlos Rodríguez Morales en la entrada de ayer, dejo esta interesante reflexión de Chesterton acerca de las imperfecciones de la democracia que reafirma, o quizá supera, esa definición que Churchill propuso: “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos conocidos”. O dicho de otra manera: “la democracia es el peor de los regímenes, con excepción de todos los demás que se han probado”.

“El auténtico peligro del bipartidismo es que los dos partidos limitan en exceso la opinión del ciudadano corriente, haciendo a éste estéril en lugar de creativo, porque nunca se le permite otra cosa que no sea preferir una política ya existente sobre otra también existente” (…)

La democracia tiene derecho a contestar preguntas, pero no a formularlas. Aún continúa siendo la aristocracia política la que hace las preguntas. Y no somos exageradamente cínicos si suponemos que la aristocracia política será siempre muy cuidadosa a la hora de preguntar… La clase dirigente elegirá entre dos líneas de actuación, ambas seguras para ella, y a la democracia le hará el favor de dejarle escoger entre una y otra”.

(Artículos sobre la Democracia publicados por Chesterton en el Daily News).

Antes se coge a un mentiroso que a un cojo

9 Ene

Hoy reproduce El Mundo una entrevista a Rubalcaba publicada en el New York Times.

Dice el ministro que “nunca habrá otra tregua creíble de ETA. Que la próxima vez que declaren un alto el fuego todo el mundo dirá: ‘una tregua como la de Barajas’.

También asegura el responsable (¿?) de Interior a la periodista Elaine Sciolino que los terroristas rompieron su palabra, y que los engañaron. Y que “responden a una lógica diferente, una cruel y psicópata lógica”.

Las delirantes palabras de Rubalcaba provocan estupor y vergüenza ajena. Parece como si hablara del cuento de los tres cerditos pero al revés: “¡Que no viene el lobo, que no viene el lobo!”. O del sorprendente caso de la abuelita asesina de la que dicen los vecinos: “Era una anciana muy normal. Nunca lo hubiéramos sospechado”.

Al parecer un currículum vitae como el que ETA ha cultivado en estos cuarenta años, con 10 treguas incumplidas, 817 víctimas y, entre 9.000 y 12.000 millones de euros de perjuicio económico, merece la ciega confianza de los españoles.

A estas alturas uno ya no sabe si este Gobierno es malo, tonto o las dos cosas a la vez, que es lo peor que se puede ser. Porque malo y tonto es quien pretende engañar a los ciudadanos con argumentos tan toscos e inverosímiles.

Otra posibilidad es ser malo y loco. Pero lo que no se puede ser a la vez es tonto, loco y malo. Los tontos locos suelen ser buenos, y los locos y malos suelen ser listos.

Rubalcaba se muestra muy tardo en concluir lo obvio, lo que hace mucho tiempo que todos sabemos: nunca ha habido y nunca habrá una tregua creíble porque los terroristas son criminales y de los criminales no te puedes fiar.

El razonamiento es tan básico, tan de perogrullo, que entran ganas de aplicar al Gobierno el clásico castigo escolar a ver si aprende: escribe cien veces en la pizarra “con ETA no se dialoga”.

El Mundo revela también hoy la noticia de la reunión que tuvieron el PSE y Batasuna tras el atentado de Barajas. Ya está: “donde dije digo, digo Diego”. Parece ser éste el eslogan del partido en el Gobierno. Qué cosas. Luego se sorprenden de que ETA los engañe.

Muchas deudas deben tener nuestros gobernantes cuando no encuentran el modo de salir dignamente del laberinto en el que se han metido y nos han metido a todos. Pero todo acaba por saberse. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse.

Habla Bernanos en Diario de un cura rural de la tentación consistente en rodear la conciencia de un cristal de menudas mentiras, de subterfugios de equívocos. “El caparazón guarda vagamente la forma de lo que recubre y nada más. A fuerza de costumbre y con el tiempo, los menos sutiles acaban por crearse todas las piezas de un lenguaje exclusivo, que permanece increíblemente abstracto. No esconden gran cosas, pero su solapada franqueza se parece a esos cristales opacos que no dejan pasar más que un resplandor difuso donde el ojo no distingue nada”.

Lo que le ocurre al Gobierno a gran escala es lo que le pasa a los niños: que detrás de una mentira viene otra, y luego otra, y otra mayor, hasta que al final ya no saben cómo mantener la coherencia del discurso, caen en el absurdo y acaban por ser descubiertos.

Pero nuestros gobernantes ya no son niños que han roto el valioso jarrón chino herencia familiar, y el volumen de sus mentiras tampoco es menor ni sus consecuencias superficiales. No producen risa ni indulgencia, sólo indignación.

¿Tontos, locos, malos? Que alguien me saque del dilema.