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Quis contra nos?

28 Dic

En El hombre eterno, de Chesterton, hay un capítulo titulado “El dios de la cueva” que es dinamita pura.

Me resulta doloroso elegir algunos párrafos como regalo, casi una amputación o una partición salomónica, pero comprendo que sería un abuso colocar aquí el texto completo. Me voy a exceder, en todo caso.

Animo a leerlo y a rendirse una vez más ante este Dios capaz de encarnarse en un infante tan pobre como todopoderoso que quiere necesitar del ofrecimiento de unos pastores indigentes para confundir a los tiranos de la tierra.

Desde entonces no hay situación humana por oscura y miserable que parezca que escape a su amorosa e infinita incondicionalidad. No lo merecemos y sin embargo podemos decir con gozosa seguridad Si Deus nobiscum, quis contra nos? …Y Deus nobiscum.

    “La Navidad en el cristianismo se ha convertido en algo que, en cierto sentido, es muy simple. Pero, como todas las verdades de esa tradición es, en otro sentido, algo muy complejo. No se trata de una única nota sino del sonido simultáneo de muchas notas: la humildad, la alegría, la gratitud, el temor sobrenatural y, al mismo tiempo, la  vigilancia y el drama. No es un acontecimiento cuya conmemoración sirva a intereses pacifistas o festivos. (…) Hay algo en ella desafiante, algo que hace que las bruscas campanas de la medianoche suenen como los cañones de una batalla que acaba de ganarse.  

    Por la misma naturaleza de la historia, los gozos de la cueva eran gozos en el interior de una fortaleza o una guarida de proscritos (…) No se trata sólo (…) de que las hordas de Herodes podían haber pasado como le trueno sobre el lugar donde reposaba la cabeza de Cristo.

    En esa divinidad enterrada se esconde la idea de minar el mundo, de sacudir las torres y los palacios desde sus cimientos, igual que Herodes el Grande sintió aquel terremoto bajo sus pies y se tambaleó con su vacilante palacio. Este es, quizás, el más poderoso de los misterios de la cueva. Es evidente que, aunque se dice que los hombres han buscado el infierno bajo la tierra, en este caso es más bien el cielo el que está bajo la tierra. Y de ello se sigue en esta extraña historia la idea de un levantamiento del cielo.

    Ésa es la paradoja de todo el asunto: que de ahora en adelante lo más alto sólo puede alcanzarse desde abajo. Los derechos sólo pueden volver a ser propios por una especie de rebelión.

    (…) La cueva, en cierto modo, es solamente un agujero o un lugar en el que se arrincona a la gente proscrita como si fuera basura, y, sin embargo, resulta a la vez un escondrijo para ocultar algo valioso que los tiranos andan buscando como un tesoro. Están allí porque el mesonero ni siquiera los recordaría y, a la vez, porque el rey no podía olvidarse de ellos.

    (…) Era importante mientras todavía era algo insignificante y, ciertamente, mientras todavía era inerme. Era importante únicamente porque era intolerable y, en ese sentido, se puede decir que era intolerable porque era intolerante. Sentaba mal porque, de una forma pacífica y casi desapercibida había declarado la guerra. Se había levantado de la tierra para arruinar el cielo y la tierra del paganismo.

    (…) Los que acusaban a los cristianos de incendiar Roma con antorchas eran calumniadores, pero al menos estaban más cerca de la naturaleza del cristianismo que esos modernos que dicen que los cristianos fueron una especie de sociedad ética, sometida a un lánguido martirio por decir que los hombres tenían una obligación con respecto a sus prójimos, y que resultaban ligeramente molestos porque eran mansos y humildes.

    (…) Ninguna otra historia, ninguna leyenda pagana, anécdota filosófica o hecho histórico, nos afecta con la fuerza peculiar y conmovedora que se produce en nosotros ante la palabra Belén.

    (…) La verdad es que hay un carácter bastante peculiar y propio en la dependencia de esta historia sobre la naturaleza humana (…).

    Es algo así como si un hombre hubiera encontrado una habitación interior en el mismo corazón de su propia casa, un lugar que nunca había sospechado, y hubiera visto salir luz de su interior. Es como si encontrara algo en el fondo de su propio corazón que traicioneramente lo atrajera hacia el bien. Algo que no está hecho de lo que el mundo llamaría un material fuerte; más bien está hecho de materiales cuya fuerza reside en la levedad alada con la que nos pasan rozando. Es todo lo que hay en nosotros salvo una breve ternura que allí se hace eterna. Todo eso no significa más que un momentáneo debilitamiento que de una forma extraña, se convierte en fortalecimiento y en descanso. Es el discurso quebrado y la palabra perdida que se hacen positivas y se mantienen íntegras mientras los reyes extranjeros desaparecen en la lejanía y las montañas dejan de resonar con las pisadas de los pastores. Y sólo la noche y la cueva yacen pliegue sobre pliegue sobre algo más humano que la Humanidad.

Europa y Cristianismo

11 Sep

Pensaba escribir acerca del libro que pronto se editará sobre la relación de Chesterton con España, y me venía a la cabeza un fragmento de Ortodoxia que releía anteayer y que muestra la luz que reflejan los países de tradición cristiana “los únicos donde todavía se baila y se canta, y donde hay todavía trajes pintorescos y arte al aire libre”. Bien podría mantener su vigencia la descripción –entiéndase en su contexto- para nuestra país.

“La doctrina y la disciplina católicas –añade el maestro de la paradoja a propósito de su defensa del cristianismo- son muros, si se quiere; pero son los muros de un teatro de regocijos. Sólo dentro del contorno cristiano pueden conservarse las alegrías del Paganismo”.

En medio de este pensamiento se me ha cruzado la noticia de que los ingleses temen que la Unión Europea, cuya reforma se aprobará en octubre, se reduzca a un conciliábulo cristiano -¡qué cosas!-; la explicación de Mons. Blázquez al “bobierno español” sobre el papel dialogante de la Iglesia y la cita de Habermas –ya se sabe, gran católico- que Benedicto XVI ha utilizado en Austria para salir al paso de quienes reprochan la posición “moralizadora” del Vaticano: “El Cristianismo no ha sido tan solo un catalizador de la naturaleza normativa de la época moderna. El universalismo basado en la igualdad, del que han surgido las ideas de la libertad y de la convivencia solidaria, es una herencia directa de la concepción judía de la justicia y de la ética cristiana del amor. Sin modificar la sustancia, esta herencia ha ido siendo incorporada y reinterpretada”.

Me parece una cita deslumbrante. Con toda la carga de errores históricos que llevamos encima, aún permanecemos junto al lago, perplejos, mirando el estáter y sin saber qué corresponde a Dios y qué al César. O frenamos la libre circulación del cristianismo, por considerarlo opio del pueblo, o lo reducimos a los limitados contornos de una papeleta electoral con la que obligamos a votar al mismísimo Dios. Como si éste fuese un embaucador, como si estuviera a la derecha o a la izquierda.

No nos damos cuenta de que por encima de la efigie del César que adorna la moneda hay Alguien que sabe dónde está el pez y qué ha comido. Es más, que es el dueño del pez y del metal con que se hizo el estáter, y dueño del lago, y dueño de quien lo pesca.

Claro. Para muchos a lo largo de la Historia eso es más peligroso que lo anterior. Dios como competidor. Se nos olvida que Dios no sólo no aplasta al hombre con su ideología sino que ama al hombre hasta el punto de hacerse como él, o mejor: él. Por eso, precisamente, el Cristianismo es inexpugnable. Paradojas.

Para quienes siguen engrosando la lista de candidatos a aniquilarlo, va este aviso de navegantes del gran Gilbert: “Al que dice, pues, que la fe ha brotado del salvajismo y la ignorancia, hay que contestarle que no: que nació de la civilización mediterránea, en la plena germinación del gran Imperio Romano. La tierra hormigueaba escépticos y el panteísmo lucía tan claro como el sol, cuando Constantino clavó en el mástil la cruz. Cierto que después se hundió el barco; pero no es menos cierto y asombroso que resurgió después, y recién pintado y deslumbrante y siempre con la cruz en lo alto. Y este es el asombro de la religión: haber transformado un barco hundido en un submarino”.

Ninots indultados

20 Mar

 

Las calles de Valencia habrán despertado hoy con la conciencia limpia, como un niño en el día de su Primera Comunión. 

El fuego purificador de la Cremá se llevó el mal -con su pompa y su culpa-, y los operarios del servicio de limpiezas, antiguamente barrenderos, aplicaron la indulgencia plenaria y borraron de madrugada hasta la pena de daño y de sentido. 

Leo en la prensa que este año en las Fallas fueron indultados los ninots de Joaquín Sorolla y sus “Pescadoras valencianas”  y una escena bucólica de hadas y gnomos,  lo que me confirma –con Chesterton- en el poder salvador del arte y del misticismo: 

“El misticismo es el secreto de la cordura. Todo el secreto del misticismo consiste en esto: todo puede entenderlo el hombre, pero sólo mediante aquello que no puede entender. El lógico desequilibrado se afana por aclararlo todo, y todo lo vuelve confuso, misterioso. El místico, en cambio, consiente en que algo sea misterioso, para que todo lo demás resulte explicable.” 

¡Ah, el mundo de la fantasía y de los ritos! Vuelvo a ser niña en un flashback vertiginoso y llego hasta la costura entre el no-ser y el ser. 

Mi afición a las Fallas tiene algo de visceral, aunque haga siglos que no las vivo in situ. No en vano, la primera vez que sentí una mascletà fue en el seno de mi madre. Decir que se me conmovieron las entrañas sería decir muy poco. Aquello debió ser un terremoto de grado 8 en la escala de Richter. 

Los recuerdos de la infancia están poblados de sonidos, de imágenes y de olores y de magia. En mi caso, de castillos de fuegos artificiales, petardos, calor y olor a pólvora que me hacen vibrar de emoción cada 19 de marzo y sentirme también necesitada de indulto.

“¿Qué padre, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?”

7 Mar

Me ha hecho sonreír esta oportuna y consoladora cita de G.K. Chesterton en Correr tras el propio sombrero, a mí tan poco tocada por la divinidad para la abstracción matemática:

 

“Cada vez que pedimos que nos paguen en metálico, cumplimos casi hasta el último detalle con las palabras de la parábola: pedimos pan y recibimos una piedra”. 

 

 La sociedad de trueque, sin duda, tendría sus limitaciones pero seguro que daba más juego poético.

 

P.S.: Para muestra, un botón con tintes apocalípticos. Nada más colgar la entrada de hoy leo en un periódico el siguiente titular: Tres de cada cuatro trabajadores menores de 25 años de Sevilla son “mileuristas“. Esto es más grave de lo que yo pensaba. 

“Señal del camino para los libres caminantes”

16 Feb

“Así como hemos tomado el círculo para simbolizar la razón y la locura, podemos ahora escoger la cruz como representación del misterio y de la salud. El budismo es centrípeto; pero el cristianismo, centrífugo: se derrama hacia fuera. Porque el círculo podrá ser perfecto e infinito por naturaleza, pero cerrado para siempre en su órbita; ni aumenta, ni disminuye jamás. Y en cambio la cruz, aunque tenga en el corazón una intersección contradictoria de líneas, pude eternamente alargar sus brazos, sin cambiar de contorno. Como tiene una paradoja en el centro, por eso le es dable crecer sin transformarse. El círculo se revuelve sobre sí mismo, siempre opreso. La cruz se abre a los cuatro vientos: es como la señal del camino para los libres caminantes”.

G.K. Chesterton. Ortodoxia

Nadie es perfecto

31 Ene

En atención a un comentario de Carlos Rodríguez Morales en la entrada de ayer, dejo esta interesante reflexión de Chesterton acerca de las imperfecciones de la democracia que reafirma, o quizá supera, esa definición que Churchill propuso: “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos conocidos”. O dicho de otra manera: “la democracia es el peor de los regímenes, con excepción de todos los demás que se han probado”.

“El auténtico peligro del bipartidismo es que los dos partidos limitan en exceso la opinión del ciudadano corriente, haciendo a éste estéril en lugar de creativo, porque nunca se le permite otra cosa que no sea preferir una política ya existente sobre otra también existente” (…)

La democracia tiene derecho a contestar preguntas, pero no a formularlas. Aún continúa siendo la aristocracia política la que hace las preguntas. Y no somos exageradamente cínicos si suponemos que la aristocracia política será siempre muy cuidadosa a la hora de preguntar… La clase dirigente elegirá entre dos líneas de actuación, ambas seguras para ella, y a la democracia le hará el favor de dejarle escoger entre una y otra”.

(Artículos sobre la Democracia publicados por Chesterton en el Daily News).

Pickwick, pura masa de luz

29 Ene

Ayer almorcé en casa de mis padres, como cada domingo. Siempre que voy a verlos regreso bien nutrida en el cuerpo y en el espíritu, casi oronda. En el cuerpo, por esos arroces que me retrotraen a mi infancia valenciana, y en el espíritu, por el derroche de amor paterno y materno y por los tesoros que albergan la biblioteca del cuarto de estar y los alrededores del sillón del mirador, donde suele sentarse mi madre a devorar libros con frenesí adolescente.

Da igual que haya repasado cientos de veces las estanterías y los montones que se apilan por el suelo. Cada vez que voy, mis dedos recorren morosos los lomos tocando la vieja sinfonía que siempre suena distinta.

A veces, la tecla que da la nota clave es una nueva adquisición que mi progenitora A me muestra como un trofeo, y otras, alguna vieja gloria en la que no había reparado antes. Ayer, por ejemplo, me traje Tierra baldía, de Eliot; Por qué leer los clásicos, de Calvino; y Los documentos póstumos del Club Pickwick, de Dickens, en una edición de 1956 que perteneció a mi abuelo materno y que “robé” con temblor de estudiante de arqueología en prácticas.

Hace unos día hablaba con alguien que admira a Dickens y a otros escritores ingleses sobre el proceso de creación literaria. Discutíamos acerca de la génesis de una historia, del nacimiento de los personajes… Anoche, al leer el prólogo que Chesterton le dedica a Los documentos póstumos del Club Pickwick hallé una respuesta luminosa:

Pickwick es en la carrera de Dickens la pura masa de luz antes de la creación del sol y de la luna. Es la espléndida e informe substancia de que han salido después todas las estrellas. Podéis dividir Pickwick en innumerables novelas, como podéis dividir la luz primitiva en innumerables sistemas solares. Los Documentos de Pickwick constituyen ante todo una viva promesa, una visión prenatal de todos los hijos de Dickens. Todavía no ha adquirido el hábito sencillo y profesional de trazar una intriga y un argumento, de atender a cada cosa a su tiempo, de escribir una novela discreta e independiente y mandarla a los editores. Aún está en el juvenil caos del mundo que le gustaría crear. Aún no ha decidido qué novela escribirá, pero sí la clase de la misma. Trata de contar diez historias a un tiempo, tira a la olla todas las fantasías caóticas y crudas experiencias de su infancia, prende, desatinadamente y sin vergüenza alguna, relatos breves, como en un álbum de estampas; adopta diseños y los abandona, empieza episodios que no termina; pero desde la primera a la ultima página hay un indescriptible y elemental encanto; el de un hombre que está haciendo lo que sabe hacer. Dickens, como todo escritor honrado y eficaz, llegó por fin a cierto grado de cautela y freno. Aprendió a poner a sus personales al servicio de su drama, aprendió a escribir historias llenas de divagaciones y malicias, pero que eran historias. Mas antes de escribir una sola historia, tenía una cierta visión. Era la visión de un mundo de Dickens: un laberinto de caminos polvorientos, un mapa lleno de fantásticas ciudades, carruajes estrepitosos, bulliciosos mercados, posadas ruidosas y tipos fanfarrones. Esta visión es Pickwick”.