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¡Qué modernos!

23 Mar

Mariscal Cifuentes, portavoz del grupo parlamentario de IU, durante el debate final del mal llamado Proyecto de Ley Andaluza de la muerte digna:

La modernidad, si se caracterizaba por algo, era porque lo que ha sido considerado pecado dejase de ser considerado como un delito. Y eso produce avances, sin duda, en las sociedades modernas. Como digo, frente a esa fuerte resistencia a que algunas cuestiones legales sean legisladas por aquellos… Me refiero a las resistencias que han detentado el poder de las conciencias durante siglos”.

Y se queda tan fresco. A ver, repasando las Tablas de la Ley, de qué nos libramos en aras de la Modernidad. Por ejemplo del delito y de la culpa de matar al padre, y al hijo, y a otros prójimos; de robar, de extorsionar, de quitar la fama y la honra, de mentir, de engañar a Hacienda, de conducir en sentido contrario, de prostituir, de violar.

Qué suerte. Si lo moderno es la delincuencia organizada y la anarquía, para qué los gobiernos y la justicia y cualquier forma de organización humana. Habría que desear compasivamente “eso” para la política, tan caquéxica, tan agónica, tan irreversible, tan terminal:

UNA MUERTE DIGNA.

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Matar a un padre

25 Jun

juramento_hipocratico

Leo con estupor que, en la graduación de los licenciados en Medicina por la Universidad de Sevilla, el decanato eliminó la parte del Juramento Hipocrático que dice: “A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma forma, no daré a ninguna mujer pesarios abortivos”.

Lo hizo de una forma burda, casi alevosa, diciendo apresuradamente a los estudiantes que el pergamino original era antiguo, que había un error de imprenta y que debían omitir esa frase.

Conozco a la decana. La tenía por una mujer sensata y admirable, por un ejemplo de superación. Me hunde en el desánimo ver a una profesional que no se conformó con su limitación física, y que en su día debió recitar con devoción el texto venerable, decir que el juramento es «desfasado» y «obsoleto».

Y más: que “sólo se lee para dar un marco solemne al acto”, que “hace unos años nos enteramos de que Hipócrates no hizo realmente el juramento”, y que «cuando no se tiene la intención de hacer una declaración de principios sobre algo, mejor se elimina”.

Es toda una declaración eutanásica de la ciencia médica. Viejos, desahuciados, impedidos… Cuánto más Hipócrates, anciano padre de la Medicina deberá ser compasivamente envenenado por sus ingratos vástagos.

Abuelita, qué boca tan grande tienes

10 Jun

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado el proyecto de Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de las Personas en el Proceso de la Muerte. La norma de título largo y eufemístico no regula, según la consejera, “ni la eutanasia ni un suicidio asistido”, actos que reconoce catalogados como delitos en el Código Penal, sino el respeto a la voluntad y dignidad de los pacientes durante su última etapa de vida, cosas muy loables que todos suscribimos.

Luego, dice la consejera que aunque esto ya está incluido en la Ley Estatal de Autonomía del Paciente no se regula adecuadamente y que el motivo de la ley es impulsar los cuidados paliativos y evitar el encarnizamiento terapéutico. “El derecho a una vida humana digna no se puede truncar con una muerte indigna”, reza la oración de Perogrullo.

Nos creeríamos el cuento de Caperucita si no fuera porque ya llueve sobre mojado. A Mª Jesús Montero se le sale un colmillo y se le ven las orejas cuando mezcla casos tan variopintos como el de Inmaculada Echevarría y las sospechosas sedaciones de Leganés, cuando dice que habrá que evitar que los médicos “impongan sus creencias morales y religiosas”, y cuando sabemos como sabemos que Andalucía es la probeta de los experimentos nacionales de quienes nos otorgan el marchamo de seres humanos, seres vivos o meros despojos cuando y como les place.  

Es para comerte mejor.

Aire volador

15 Mar

Una noche de resaca al tratar de despertar/
note que por el ombligo me empezaba a desinflar/
que mi cuerpo se arrugaba como un papel vegetal/
e iba pasando, que curioso, al estado gaseoso.

Me ha venido a la cabeza esta canción de Mecano, ahora que el musical de Nacho Cano nos resucita los iconos de nuestra adolescencia. Y he pensado, no sé porqué, en ese último aliento de Inmaculada Echevarría que se fue por el ombligo de la traqueotomía y la ha dejado transformada toda ella en “aire volador”.

Cuantas más vueltas le doy, cuantos más análisis de expertos leo -con sus extrañas y contradictorias conclusiones-, más paralelismos encuentro entre la canción y el caso. Aquella canción era la narración eufemística de un suicidio, y la eutanasia, un eufemismo llevado al extremo del absurdo: un suicidio asistido por quien supuestamente se dedica profesionalmente a proteger las vidas de los demás.

Este cuarto es muy pequeño/ para las cosas que sueño, decía Ana Torroja en su canción y probablemente lo diría también Inmaculada después de nueve años encadenada a su respirador. No la culpo. Los seres humanos respiramos unos 500 millones de veces en la vida. ¡Si tuviéramos que pensar en ello cada vez que lo hacemos!: “Ahora inspiro. El oxígeno penetra en la nariz, desciende por la traquea hasta los pulmones, entra en los alvéolos donde se produce el intercambio entre los alvéolos y la sangre y regresa al exterior convertido en dióxido de carbono. Otra vez. Inspiro…”.

Inmaculada debía pensar en ello cada vez que el aire entraba por el orificio de su garganta. Y soñaría con ser aire, libre, “sin forma definida” y sin respiradores artificiales.

La pregunta que me ronda todo el tiempo como un viento recurrente de levante es: ¿quién soñaría con Inmaculada? ¿Por quién podría ella decir te amo cada vez que respiro?

No la culpo. Culpo a su entorno, a quienes no supieron quererla y darle motivos de esperanza. Culpo a los gobiernos hipócritas que autorizan retirar un medio vital para conservar la vida de una enferma al tiempo que se pliegan al chantaje autolesionador de un etarra irredento.

Aire. Pienso en el estertor de Inmaculada y en el suspiro de alivio de De Juana Chaos al conocer la decisión del Gobierno de concederle prisión atenuada y en el aire enrarecido que se respira en España.

Y me ahogo.

Muerte perra

5 Feb

Ante amenazas como ésta, además de resistirme como gato panza arriba, sólo me queda remitir a las palabras de Benedicto XVI en el Ángelus de ayer y a este texto de Dorothy Sayers:

“Si queremos que nuestro Estado emprenda una reforma, hemos de aprender a controlar el Estado para que el Estado deje de controlarnos a nosotros. Si queremos una reflexión seria, debemos reflexionar por nosotros mismos, o bien otros lo harán en nuestro lugar. Para cambiar el mundo sólo existen dos caminos: el camino del Evangelio y el camino de la Ley, y si no seguimos el primero, acabaremos sometidos al segundo. De un modo otro hemos de encontrar el principio integrador de nuestras vidas, el poder creativo que mantiene nuestro equilibrio en funcionamiento, y hemos de encontrarlo pronto… La tarea es urgente; no deberíamos dejarla para el futuro, ni dejarla en manos de otros; somos nosotros quienes tenemos que hacerlo y tenemos que empezar aquí y ahora”.

(Dorothy Sayers. Begin Here, 1940).

El dictamen del Comité Autonómico de Etica de la Junta de Andalucía es delirante. Lo importante ya no es proteger la vida del paciente sino “dar mayor protección jurídica a la viabilidad de la desconexión”. Pablo Simón, vocal del comité, asegura que esta acción no viola ningún precepto de deontología y que es coherente con la teología moral actual católica, que condena el encarnizamiento terapéutico.

Si así fuera -en caso de que se agravara su estado y fuera inconsciente, etc., etc.-, ¿a qué tanto pronunciamiento si no es para reabrir un debate inexistente? Si todos queremos una muerte digna, humana, y no perruna, dediquemos el tiempo y las energías a mejorar los cuidados paliativos, que es más coherente con el progreso humano y con el juramento hipocrático.