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De aquellos polvos, estos lodos

7 Abr

La muerte de la chica de trece años de Seseña, Cristina Martín, a manos de una compañera tan sólo un año mayor que ella, no sólo invita sino que obliga a una reflexión social seria y profunda.

El crimen es similar al de Marta del Castillo en Sevilla por varias razones: por la juventud de los implicados, por el concurso de las nuevas tecnologías -en especial las redes sociales- en el trato entre víctimas y presuntos asesinos, y por la frialdad que han demostrado los agresores, impropia de una edad temprana.

En todas las épocas se han cometido crímenes horrendos. Quizá lo distinto ahora sea la rapidez con que los conocemos. Pero también hay una serie de miserias con las que hemos experimentado irresponsablemente en los últimos tiempos y que han generado comportamientos sociales agresivos y marginales en nuestra juventud que empiezan a despertar como el monstruo del doctor Frankenstein en la mesa de operaciones. Y sentimos que si no ponemos remedio rápidamente para controlar a la criatura se nos escapará de las manos e irá cometiendo desatinos por ahí.

La culpa no es de los adolescentes, cuya inseguridad personal siempre buscará el amparo de las conductas grupales, y cuestionará la autoridad de sus padres y profesores, sino del marco de referencias que los mayores les proporcionamos.

La falta de un entorno familiar estable y acogedor que los quiera, exija y estimule; la ausencia continuada de los padres o, aún peor, la falta de referencia paterna o materna por causa del divorcio y demás experimentos; el recurso a la niñera tecnológica (el ordenador, la televisión), hacen que nuestros jóvenes crezcan pensando que este mundo es un lugar inhóspito, una jungla donde vence el que ataca primero.

Cuando la fuerza no proviene de la inteligencia y del esfuerzo sino de la violencia como enseñan tantos videojuegos quasi delictivos y series de televisión deformantes…, cuando parece que ser bueno es lo mismo que ser tonto, que hay que probarlo todo y dar rienda suelta a los demonios que se desaten por dentro, entonces pasan cosas tan tristes e incomprensibles como éstas.

Es molesto ser mayor, ejemplar y responsable. La revolución del 68 vendió a los que ahora son padres de los adolescentes la alucinación psicodélica de la pasión de la destrucción y el prohibido prohibir. Y eso sólo vale para vivir en una isla desierta. De aquellos polvos posmodernos, estos lodos.

Quizá haga falta llegar, otra vez, hasta el tope del péndulo para iniciar una vuelta a la sensatez: que los padres se interesen por lo que hacen sus hijos, que los medios de comunicación sean conscientes de su función educadora, que los profesores recuperen su autoridad y que se recompense el esfuerzo. Ya se oyen voces -la de Ángel Gabilondo, últimamente- y ya va siendo hora.

(Publicado aquí)

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Colegios desconcertados

18 Jun

Esto de los conciertos educativos es un desconcierto.

En cuestión de uniones “igual da” hombres con mujeres que hombres con hombres, o mujeres con mujeres. Todo vale y para géneros los colores. Pero que exista una exigua representación de colegios sólo de niños o sólo de niñas en Andalucía atenta contra la igualdad más sagrada.

La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía envió ayer a los colegios de enseñanza diferenciada los contratos que deben firmar para renovar sus conciertos cuatro años más. El documento les exige que hagan campaña para matricular tanto a niños como a niñas el próximo curso, y la subvención está condicionada a que “la enseñanza mixta sea real en 2010”.

“No basta –dice la consejera Mar Moreno- con esperar a que se matriculen, deben informar a las familias, ser proactivos. Las subvenciones se mantendrán cuando Educación compruebe que la enseñanza mixta es real, cuando esos colegios hayan admitido a un niño y a su hermana. Si termina la matriculación como ahora, será el fin de sus convenios”.

¿En qué quedamos? ¿Somos plurales o no somos plurales?

Si esos colegios que la Junta dice que “segregan” instalaran un cartel en su fachada que dijera “Centro de Formación en Igualdad de Género”, serían superprogres y gozarían de subvenciones a gogó.

Cuando la Junta obligue a los matrimonios a ser mixtos me plantearé yo la coherencia de esta medida.

Populismo punitivo

26 Feb

A propósito de Marta, este comentario en Aceprensa.

 

El infierno de los réprobos

14 Ene

Once colegios concertados en toda Andalucía ofrecen educación diferenciada. Y esto supone un riesgo para la comunidad autónoma. Más aún, una provocación, un desafío, casi un delito que merece un castigo ejemplar por parte de la Junta: la no renovación de las subvenciones públicas por discriminación de sexo.

Al gobierno socialista, que tanto se preocupa de miembros y miembras afectados y afectadas de la comunidad escolar, poco le importa que esos centros -cuya formación espiritual casualmente está encomendada al Opus Dei- impartan una educación de calidad a chicos y chicas de zonas desfavorecidas. Le trae al pairo el derecho de los padres a elegir el modelo educativo que les venga en gana o que ya estén sufragando con sus impuestos la enseñanza pública y esos mismos centros concertados con el dinero de todos los andaluces.

Se cumple lo que dice Juan Manuel de Prada en este enlace que recomiendo:

“Están triunfando una serie de clichés ideológicos que se han impuesto como si fueran una especie de dogmas de una nueva fe o una nueva idolatría de lo políticamente correcto, del pensamiento progre, contra los cuales parece imposible revelarse, y si te rebelas eres condenado al infierno de los réprobos”.  

La Junta represalia a estos once centros por discriminación, varios de ellos de chicas, cuando sus enseñanzas no son exclusivistas y sus estudios pueden encontrarse en otros colegios, pero luego diseña y otorga cursos de FPO dirigidos a mujeres, y eso, en cambio, no es discriminación: eso es feminismo. Que me lo expliquen.

Quizá la solución sea rotular los colegios de chicas como “centro feminista x”. Pero me temo que ese no es el problema.

El problema es de falta de libertad, de totalitarismo: “el chillar de los ineptos para acallar al sabio”, que diría Leonardo Castellani.

La rebelión de los porqués

15 Oct

Antes los niños eran filósofos y poetas; interrogaban con su mirada a la fila de hormigas afanosas y a las cochinillas peloteras y a un trozo de plastilina lleno de potencialidades, y a todo lo que se les pusiera por delante; nombraban el mundo con palabras inventadas y probaban la ciencia y la paciencia de sus padres con preguntas metafísicas: ¿por qué el sol?, ¿por qué la luna?, y la más terrible de todas que sobrevenía después de un silencio incómodo: …¿Y POR QUÉ?

Los mayores abrían primero los ojos y luego los cerraban con fuerza, como cuando uno se encuentra al borde de un abismo, y, después, no se sabe bien por qué, se enfadaban y gritaban: “porque sí”, “porque lo dice tu padre” o algo parecido, y llenaban los cuartos de los niños de juguetes sofisticados y su tiempo de actividades extraescolares. Hasta que llegó un momento en que los niños dejaron de decir por qué y empezaron a preguntar para qué 

Entonces, los mayores respiraron aliviados porque los niños empezaban a crecer y a madurar y respondieron muy seguros y orgullosos: para tener más dinero, para salvar al hermanito enfermo, para tener una casa más grande, mejores estudios, más juguetes, más felicidad, MÁS, MÁS, MÁS.

Curiosamente, cuanto más cosas acumulaban los niños, cuanto más preguntaban para qué, más solos y más tristes estaban, menos sabían y menos se les ocurría hacer. Y más tranquilos estaban los mayores.

De vez en cuando, en el colegio salía algún niño díscolo que se atrevía a preguntar POR QUÉ. Los padres se reunían, acordaban desaconsejar a sus hijos el contacto físico, como cuando hay un brote de sarampión o varicela o una epidemia de gripe.

El disidente, por algún extraño motivo, ejercía una poderosa atracción entre los demás niños. Y los porqués comenzaban a germinar en sus cabezas hasta hacerse tan grandes que el cerebro ya no los podían contener y salían a borbotones por la boca: ¿por qué a algunos niños los dejan nacer y a otros no?, ¿por qué es mejor tener una casa más grande que un hermanito?, ¿por qué ser economista y no bombero?, ¿por qué se muere la gente?, ¿por qué papá y tú ya no vivís juntos?

Entonces los mayores, muy preocupados decían: “el niño se hace preguntas raras”. Y lo llevaban al psicólogo.

Pero por muchos esfuerzos que hicieran, por más medios que pusieran los mayores, cuando un niño llegaba a ese punto ya no había nada que hacer. Los porqués echaban raíces en su alma y no había medicamentos ni esperanza de frenar su extensión y su transmisión.

Lágrimas de cocodrilo

5 Oct

Me juré a mí misma que no iba a hacerlo: “No escribirás una entrada en el blog sobre el vídeo de las Juventudes Socialistas”. No merece un mísero byte, se descalifica por sí mismo, es cutre, maniqueo: un insulto a la inteligencia de la juventud española.

También me había impuesto otro mandamiento: “No escribirás sobre políticos durante una temporada”, pero ya se sabe que la cabra tira al monte y la rebeldía puede más que la obediencia en esta tierra de Adán.

Me impulsan a hacerlo el cocodrilo, con lágrimas en los ojos de las auténticas, y las reacciones que he leído en la prensa. Yo esperaba un poco de sonrojo, un silencio condescendiente y algo incómodo. Pero no.

Dice ZP que “el vídeo es simpático y puede ser útil para la defensa de la asignatura de Educación para la Ciudadanía y eleva el debate”. Y Diego López Garrido añade que “el vídeo famoso lo único que pretende es denunciar que un sector de la derecha más rancia no quiere que se enseñe a los niños en las escuelas la Constitución y los valores democráticos”.

Parece olvidar el portavoz socialista en el Congreso que la Constitución reconoce en su artículo 27.3 el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. Y que la sentencia 15/1982 del Tribunal Constitucional sentó que la objeción de conciencia forma parte del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida en el artículo 16 de la Constitución. Muy mal se sabe la lección. Vamos a tener que suspenderle.

En cuanto a la zapatiesta…, de provocar en la juventud la reacción que debería generar, sí que se elevaría gozosamente el debate. Todos los chavales se harían objetores de conciencia –que mira que ha cambiado el concepto en la opinión pública en sólo una década: con lo progre que era antes ser objetor- y lincharían al autor del vídeo y a sus corifeos por daños y perjuicios a la imagen de toda una generación.

Pero, claro, esto hubiera pasado hace veinte años, ahora nuestros retoños son más hijos del sistema que hijos nuestros.