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La panacea del feminismo

20 Jun

En La revolución silenciosa de Jesús Trillo-Figueroa se exponen sin morbo pero sin parquedad las truculencias sexuales -preferencias, dirían las feministas- de Jean Paul Sartre y su amante, compañera y madame de aficiones Simone de Beavoir, como ejemplo de la fatalidad a la que conduce el existencialismo.

 

Hace unos días la Junta de Andalucía se comprometía a garantizar por decreto que todas las mujeres, con independencia de su estado civil, de su orientación sexual y de su fertilidad, puedan someterse a la fecundación ‘in vitro’. (Lo cuento en Aceprensa, para suscriptores).

 

Encaja a la perfección con el pensamiento de Sartre: “Si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido, y este ser es el hombre, o como dice Heidegger: la realidad humana”. O dicho de otro modo por él mismo: “un ser que empieza por no ser nada, no hay naturaleza humana porque no hay Dios para concebirla”.

 

Así que solteras, separadas, viudas y lesbianas están de enhorabuena y podrán fabricarse hijos cuyo destino es crecer en un hogar monoparental o sin referente paterno y materno, o sea sin familia, que es la panacea de la liberación feminista: supresión de la diferencia, supresión de la maternidad, supresión de la familia.

 

La Junta de Andalucía viene a cumplir el sueño de Shulamith Firestone: “asegurar la eliminación de las clases sexuales. Lo que requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a las mujeres la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino sobre la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de los niños”, es decir el matrimonio y la familia.

 

Con ese argumento también se entiende que el actual gobierno -mascarón de proa del feminismo socialista- haya suprimido las ayudas a las asociaciones provida. 

 

Es coherente. Como el hecho de que Shulamith Firestone resida desde hace años en un hospital psiquiátrico.