Archivo | Amistad RSS feed for this section

Codo con codo

21 Dic

Ayer M y yo volvimos a vestirnos igual. Nos pasa a menudo. A veces nos damos cuenta nada más llegar al trabajo y otras no caemos hasta media mañana. 

El rito, en todo caso, se desarrolla de esta manera: una de las dos mira de reojo y dice algo así como: ¡noooo!, ¡otra vez!, y la otra, de inmediato, adivina qué es lo que pasa. Entonces nos reímos y salimos de la oficina improvisando un baile en plan Las Sisters. 

Si el trabajo es de mesa, el asunto no reviste mayor gravedad, pero si viajamos, entonces la prudencia exige consultar sobre la indumentaria prevista para que el asunto no pase a mayores. 

Con M tengo una relación que se puede definir como “codal” y que nos ha costado ocho años de vecindad estrecha. Al cabo de ese tiempo me he percatado de que M es algo así como la hermana que no tuve.

No es que nos parezcamos físicamente pero tenemos lo que se llama un aire. En lo profesional nos complementamos y suplimos nuestras mutuas carencias (yo le suelo preguntar dónde he metido algo y ella cómo expresaría una idea). Y sobre todo tenemos el mismo humor, cosa harto difícil hoy día: una socarronería familiar, entreverada de tonos marrones de diversa intensidad y  plagada de juegos verbales y sobreentendidos. 

Hay jornadas en que apenas hablamos. En esos días onomatopéyicos nos gruñimos, suspiramos, intercalamos algún monosílabo o expresión malsonante y poco más. Por lo general no coincidimos en este lamentable estado y cuando lo hacemos nos decimos alguna barbaridad para rematar y nos quedamos la mar de tranquilas. Pero lo normal es que nos alternemos y repartamos la carga para que no se vaya a pique el barco. 

Sea como sea, nunca pasa nada. No existen muchas personas con las que me ocurra esto y M es una de ellas. Supongo que a la mayoría de la gente le pasan estas cosas con sus hermanos. 

Luego al terminar la mañana de trabajo cada una tira por su lado. Rara vez compartimos camino de vuelta y aún menos conseguimos irnos de cañas, aunque podemos pasar meses intentándolo.

En eso, nuestro consorcio es una empresa abocada al fracaso.  

(Quizá hoy lo consigamos, M, después de terminar el clásico resumen del año en el que a esta hora aún nos hallamos sumidas. En todo caso, y ya que no hemos escrito todavía ni un triste Christmas, Feliz Navidad).

Flores para el invierno

26 Nov

-Ese es el sitio de mi tío Jorge.

-¿Qué? -la que me habla con ese aplomo es una niña rubia de unos cinco años.

-Que te vas a sentar en el asiento de mi tío Jorge.

A su lado, la hermana más pequeña asiente. Seguro que son hermanas porque las dos visten pantalón y jersey rojo rematados por un lazo también colorado en la cabeza.

-¿Ah, sí?, ¿y quién te dice a ti que tu tío Jorge no se ha equivocado?

Las dos niegan con la cabeza al unísono y añaden con un punto de irritación –Mi tío Jorge no se equivoca.

Miro mis billetes y compruebo que ese no es el sitio que me corresponde en el vagón. Los niños siempre tienen la razón. A mi lado un señor joven mira divertido.

-Disculpe, Ud. debe ser el tío Jorge.

-No se preocupe. Desde aquí veo a las niñas mejor. Así pueden ocupar Uds. asientos contiguos.

Inma y yo nos sentamos. Las niñas juegan a las palabras encadenadas detrás de nosotras. Pienso que son muy despiertas para su edad. De cuando en cuando el tío les llama la atención sobre todo si alzan la voz razonándoles como si fueran mayores. Inma y yo charlamos, dormitamos. Ella lee y yo veo una peli un poco mala que trata sobre las industrias tabaqueras: “Gracias por fumar”.

Las niñas callan tanto que me olvido de que están ahí.

A las dos horas, ya en Tudela, las oigo de nuevo. Colorean un cuaderno de dibujos, juegan a las casitas…

Asomo la cabeza entre los dos asientos.

-Hola. Se me había olvidado que estabais detrás.

Interviene la pequeña. -¿Sabes por qué no nos oías? Porque estábamos durmiendo la siesssta.

Luego dice la mayor: -Cierra los ojos y pon la mano aquí.

-Uy, qué miedo.

-¡Que nooooo!

Jugamos a adivinar quién de las dos es la que me golpea con el lápiz.

-Cómo os llamáis?

-Ella, Alejandra y yo, Carlota.

-Tenéis nombre de princesa.

-Y tú?

-Yo, Cristina.

-Ese no es nombre de princesa.

-¿Cómo que no? -Ahora la que protesta soy yo.

En mi mano derecha llevo el anillo negro de cristal con dos flores blancas dentro a modo de ilusión óptica que compré por dos duros este verano en Algeciras.

Alejandra hace la pregunta esencial: -¿Por qué tienes esas flores encerradas ahí dentro?

Me indigno: -No están encerradas, están protegidas. ¿No ves que estamos en invierno? Si estuvieran fuera se habrían muerto, como las demás flores del campo. No tienes más que mirar por la ventanilla.

Carlota me contempla incrédula e Inma mira por la ventana con un poco de vergüenza. El tío Jorge disimula pero no pierde ripio. Las niñas han salido al pasillo y ahora están a mi lado.

-¿A ver? -me cogen la mano. -No es verdad. Nos estás engañando.

-Que no. Están ahí dentro hasta que llegue la primavera. Entonces saldrán. ¿Tú no tienes frío y estás calentita en este vagón? Pues ellas también tienen sus derechos.

-Diles que salgan. Si no, no te creemos -me chantajean.

No puedo. Se morirían.

-¡Porfaaaaa!

-No puedo, de verdad.

-¡Inténtalo! –suplican.

-Bueeeno, pero no garantizo nada.

Hago como que les hablo a las flores en secreto. Espero un poco: –Nada, no quieren salir.

-Déjame a mí -dice Carlota: –¡Salid, florecitas!

Así no te harán caso. Les tienes que hablar en idioma floril.

-A ver. Flo,flo,flo,flo…

Inma ha adquirido un tono similar al de la indumentaria de las niñas. Creo que todos los vecinos de vagón nos miran. Estamos llegando a Pamplona, a la misma estación decrépita de mis años mozos.

-¿Me regalas el anillo?

-Te queda grande.

-No. -Se lo prueba y le está inmenso.

-Te doy el anillo si me das tu lazo rojo.

Duda. El tío Jorge interviene un poco abochornado y aprovecho para despedirme amistosamente de las dos pequeñas.

No vuelvo a pensar en el anillo hasta el sábado en el tren de vuelta a Sevilla. Ha pasado casi una semana desde el episodio anterior. En ese tiempo he acumulado vivencias felices, conceptos filosóficos, paisajes otoñales; he puesto a prueba mi inglés, he visto a colegas de trabajo y he compartido muchas horas de intensa amistad con profesores y amigos queridos de Pamplona y de Madrid. 

Miro el anillo de cristal. Doy gracias a Dios por el regalo de estas flores que abren sus pétalos fragantes, tan blancas, sobre el fondo negro, como la rosa que el Principito guardaba en un fanal en la superficie del asteroide B612.

Flores blancas para contemplar “in the bleak midwinter”.

Señores pasajeros

18 Nov

El tren con destino Pamplona efectuará su salida mañana domingo a las 9 horas.

Visito con ilusión en estos días al alma mater, con ocasión del Congreso Internacional “Culturas y Racionalidad. Líneas de diálogo y convergencia en la sociedad pluralista.”

El origen de este congreso se remonta a 2004, y en concreto a una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida al rector de la Universidad de Navarra y firmada por el entonces Prefecto de la Congregación, Cardenal Ratzinger.

“El objeto de la carta –explica la presentación del congreso- era solicitar la colaboración de la Universidad de Navarra para ampliar algunos estudios emprendidos tiempo atrás por la Congregación, sobre un “tema importante y urgente” para la Iglesia y la sociedad, como es el de “evaluar la presencia de los contenidos esenciales de la ley moral natural en la sociedad contemporánea”, en la que parecen haberse oscurecido verdades morales naturales, indiscutidas y vigentes desde antiguo”.

Además de alimentar mi mente espero llenar las alforjas del cuerpo y del espíritu en compañía de viejas amistades –profesores, compañeros- y al calor de un buen chuletón y/o chistorrica.

El tren me devolverá a Sevilla el día 24, previo paso por Madrid donde permaneceré  tres días por motivos laborales y donde también quiero ver a algunos amigos en el poco tiempo que me quede disponible.

Así que, mis queridos lectores, no tendréis noticias en el blog hasta el próximo domingo.  

Brindis

13 Sep

El capitán y la tripulación de este batiscafo se complace en invitarles a la celebración del primer aniversario de su botadura y agradecen las expediciones conjuntas efectuadas a lo largo del año, fruto de las cuáles ha podido descubrir ricos pecios y obtener tesoros de incalculable valor.

Patrimonio

9 Sep

Es hermoso volver. Calzarse las zapatillas de siempre, abandonar la mochila del verano y pisar otra vez las viejas trochas de la propiedad de una sin más equipaje que un par de ojos nuevos.

Esto días hago recuento de mi rico patrimonio al que he de sumar algunas nuevas adquisiciones de los primeros días de septiembre: ciertas gárgolas de la catedral, el antiguo cine Coliseo desde la avenida, un helado de nueces de Macadamia, trajes de novia coloraos –“te recuerdo Amanda, la calle mojada, la sonrisa ancha”-, varias llamadas tan sorprendentes como esperadas, un vestido de Hello Kitty para la pequeña Leyre, un collar regalo de Araceli, cierta sonrisa de Luna llena y varios vestidos de H&M que me recuerdan que pronto volverá Rocío. 

Hasta pronto, Peter

13 Ago

Me golpea el punch de la marcha de Peter. Lo temiamos, pero la muerte siempre viene por la espalda de la esperanza humana. Si todo acabara aqui…

Que extragno entrar ahora en Letras Enredadas y no encontrarse con una cronica de su propia defuncion, o con un palindromo, acaso, con ese estilo tan suyo: laconico, humoristico, relativista para lo relativo… tan vasco.

Ah!, como palidecen los juegos humanos ante la Palabra Creadora. Estaras disfrutando ahi Arriba, maestro. Recuerdanos.

Recuerdos a pespunte

1 Jul

De la visita a Enrique este sábado me quedo con el parchís de nuestros vestidos agitados dentro de aquel tren vagón y resacoso, los ojos verde-mar de Leonor, la playa de La Puntilla inundada por el tsunami de nuestras risas, la bienvenida de Pukka y Carbón sobre las piernas blanquísimas de Amanda, la biblioteca escalonada, preñada y generosa del anfitrión, el vino de Anacó que nos trajo su presencia dorada y tropical; Luca, el camarero genovés, y su amigo cubano –aquí lo que hase farta es la cubeteeeeera-, el adobo que llegó a la cuarta, los güisquis de naranja de Rocío, la conversación, la conversación, la conversación… 

Y un diálogo pescado al vuelo entre Rocío y Amanda, a la que Adaldrida se empeñaba en llamar Olimpia, como bien relata en su blogg: 

-“Bueno, no me importa que me llames Olimpia, aunque Amanda también es bonito. A mí me costo que me gustara mi nombre, pero no pasa nada”. 

-Vale, Olimpia, entonces te llamaré Amanda.