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Brindis

13 Sep

El capitán y la tripulación de este batiscafo se complace en invitarles a la celebración del primer aniversario de su botadura y agradecen las expediciones conjuntas efectuadas a lo largo del año, fruto de las cuáles ha podido descubrir ricos pecios y obtener tesoros de incalculable valor.

Patrimonio

9 Sep

Es hermoso volver. Calzarse las zapatillas de siempre, abandonar la mochila del verano y pisar otra vez las viejas trochas de la propiedad de una sin más equipaje que un par de ojos nuevos.

Esto días hago recuento de mi rico patrimonio al que he de sumar algunas nuevas adquisiciones de los primeros días de septiembre: ciertas gárgolas de la catedral, el antiguo cine Coliseo desde la avenida, un helado de nueces de Macadamia, trajes de novia coloraos –“te recuerdo Amanda, la calle mojada, la sonrisa ancha”-, varias llamadas tan sorprendentes como esperadas, un vestido de Hello Kitty para la pequeña Leyre, un collar regalo de Araceli, cierta sonrisa de Luna llena y varios vestidos de H&M que me recuerdan que pronto volverá Rocío. 

Hasta pronto, Peter

13 Ago

Me golpea el punch de la marcha de Peter. Lo temiamos, pero la muerte siempre viene por la espalda de la esperanza humana. Si todo acabara aqui…

Que extragno entrar ahora en Letras Enredadas y no encontrarse con una cronica de su propia defuncion, o con un palindromo, acaso, con ese estilo tan suyo: laconico, humoristico, relativista para lo relativo… tan vasco.

Ah!, como palidecen los juegos humanos ante la Palabra Creadora. Estaras disfrutando ahi Arriba, maestro. Recuerdanos.

Recuerdos a pespunte

1 Jul

De la visita a Enrique este sábado me quedo con el parchís de nuestros vestidos agitados dentro de aquel tren vagón y resacoso, los ojos verde-mar de Leonor, la playa de La Puntilla inundada por el tsunami de nuestras risas, la bienvenida de Pukka y Carbón sobre las piernas blanquísimas de Amanda, la biblioteca escalonada, preñada y generosa del anfitrión, el vino de Anacó que nos trajo su presencia dorada y tropical; Luca, el camarero genovés, y su amigo cubano –aquí lo que hase farta es la cubeteeeeera-, el adobo que llegó a la cuarta, los güisquis de naranja de Rocío, la conversación, la conversación, la conversación… 

Y un diálogo pescado al vuelo entre Rocío y Amanda, a la que Adaldrida se empeñaba en llamar Olimpia, como bien relata en su blogg: 

-“Bueno, no me importa que me llames Olimpia, aunque Amanda también es bonito. A mí me costo que me gustara mi nombre, pero no pasa nada”. 

-Vale, Olimpia, entonces te llamaré Amanda.

Nocturno de Amistad (entreacto)

27 Jun

Hace rato que las golondrinas de la Avenida dejaron sus notas prendidas de las catenarias, como niñas cansadas de solfear un pentagrama mutilado.

Riela la luna en los raíles sin estrenar del tranvía. Se vierte dadivosa en el vestido de Rocío, moja sus dedos en la espuma de mi cerveza y tropieza con las mesas metálicas de la Torre de la Plata donde brinda con nuestra risa salpicando el aire de arpegios de amistad.

Atrás queda el tintineo argentado de las copas. Es casi medianoche y tomo un tranvía inexistente que me devolverá a la orilla de tus palabras interrumpidas.

En la Torre Norte las sombras de los murciélagos cincelan el sueño escultural de las palomas. Antes de entornar los párpados, los bustos de la Plaza de España despiden al último coche de caballos y reprueban el beso de unos novios recordando las reglas añejas del cortejo amatorio.

La noche contiene por un momento su latido. Es la extrasístole, el silencio de una nota blanca premonitoria como esta luna casi llena.

Los murciélagos frenan en el vacío su vuelo espectral y la calesa se paraliza junto a una  fuente cristalizada.

Bajo la nívea mirada de las estatuas, la silueta de un gato negro acepta el amago de mi caricia.

En ese preciso instante tu voz enciende la noche.

Gracias por su visita

15 Jun

Una de mis pequeñas rutinas diarias consiste en revisar el libro de visitas de la casa. Esta actividad entraña sus riesgos porque el ego tiene la boca grande y un estómago elástico que se complace pero jamás se satisface.

Quisiera una que los amigos le frecuentaran más y que los ocasionales pasaran del zaguán y se acomodaran en la sala de estar o en cualquier otra estancia mientras dura su ausencia, pero nunca llega a tiempo y ha de contentarse con estudiar las huellas de la entrada y el polvo del felpudo.

Estos dos últimos meses se han duplicado las visitas. No debería causarme vanidad, pues se trata de un número discreto, pero una también tiene derecho a cultivar sus miserias, sin ignorar por ello que muchos llamaron al timbre por confusión y al abrirles la puerta balbucieron: disculpe, he debido equivocarme de piso.

No obstante, este mediocre orgullo no esta reñido con la gratitud, en primer lugar hacia los amigos de Pamplona, Madrid, Canarias, Sevilla, Valencia, Galicia, Barcelona, etc., por su fidelidad y sus animosas palabras; en segundo lugar hacia los desconocidos frecuentadores de Fort Worth (Texas), Santiago de Chile, Marruecos, Italia (mi tía, sospecho), Cundinamarca (Colombia), Lima (Perú), Buenos Aires y Entre Ríos (Argentina), que vienen, miran y se van silenciosos para regresar mañana, dejándome sumida en la nostalgia del eco de sus pasos; pero también hacia quienes, aun no interesándose en absoluto por mí, me hacen creer que lo que escribo es interesante y aumentan mi ranking de visitas.

Uno de los momentos más reconfortantes es éste primero de la mañana. Saber que, mientras una parte del mundo, y en un pequeño punto esta casa, yacía cubierta por las sábanas, alguien en los antípodas velaba su sueño. Gracias.

Diario de a bordo

7 Jun

El cuaderno de bitácora de la última semana recoge algunos de los hallazgos encontrados por nuestro batiscafo tanto en las incursiones por los fondos marinos como en los ascensos a la superficie.

Los primeros constituyen pecios más valiosos que los del Odissey, entre los que brillan paisajes del tiempo pasado, curas para la locura, remedios para las penas y caballos de cartón con alas.

También nos han llegado insólitos mensajes embotellados que vamos almacenando en la bodega, cuyo aspecto se asemeja al de un mercadillo. Algunos contienen interrogantes y otros aseveraciones y/o deseos de orígenes remotísimos.

Entre las preguntas más variopintas destacamos: ¿Tiene masa la luz?, ¿qué es saber?, ¿qué es amar?, ¿qué flacos no pueden engordar?, busco un hombre soltero suizo, ¿cómo puedo tener una doble vida virtual?, ¿cómo perder la curva de la felicidad?, ¿cómo duermen los insectos?, ¿qué causa el color de las rosas? o ¿dónde te metes, batiscafo?, lo que no hemos sabido si interpretar como declaración de guerra o de amor.

Entre las aseveraciones y/o deseos: me sigue lloviendo, narrar con palabras que duelen, sentir amor por ramas o árboles secos y quien canta me cambia.

La tripulación del batiscafo aprovecha la parada técnica de hoy (aquí aún queda algún jueves que reluce más que el sol) para abrir el rastrillo al público.

Quizá algún artesano de las palabras pueda confeccionar algo útil con esta heterogénea mercancía. Sería hermoso verlo.

Cosquillas en el alma

21 Mar

Se te escapó. Algo dije sin querer que abrió de un golpe la armadura de tu alma. Bajaste la guardia un instante y salió una risa franca y desarmada. Un gesto gozoso en el punto medio entre la sonrisa y la carcajada. El vuelo de la celebración, diría Claudio Rodríguez, el milagro de una campana de bronce, rotunda y solemne, que voltea como un niño.

Me cautivó tu risa, su timbre, su ritmo, su cadencia de poema, de repique, de canción de agua en la fuente, de juego en un patio de recreo, que no es otra cosa que mera alegría de vivir.

Deja que vuelva a hacerte reír, que te busque otra vez las cosquillas del alma. Aquí, en el sur, ya es primavera. Ayer vi por primera vez estallar los naranjos en flor y su aroma anuncia la fiesta en su doble rito de muerte y resurrección. Reír, así, en infinitivo, hasta que sea un modo de ser, como vivir, como amar, que, al fin y al cabo, son la misma cosa.

He ganado a causa del color del trigo

23 Nov

Hoy la inspiración alienta a otros espíritus y esta lluvia y la mala vida me invitan a la deriva mental, pero por no dejar el blog desasistido y en homenaje a la amistad cuelgo aquí algunos fragmentos de “El Principito”, de Saint Exúpery.

 

(…) 

-No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.

-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ”

-¿Crear lazos?

-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…

-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.

-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

-¿En otro planeta?

-Sí.

-¿Hay cazadores en ese planeta?

-No.

-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

-No.

-Nada es perfecto -suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

-Por favor… domestícame -le dijo.

-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no fienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.

-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

El principito volvió al día siguiente.

-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejempló, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la feliçidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.

-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando eI día de la partida:

-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.

-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…

-Ciertamente -dijo el zorro.

– Y vas a llorar!, -dijo él principito.

-¡Seguro!

-No ganas nada.

-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

-Adiós -le dijo.

-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.

 -Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.

-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

-Yo soy responsable de mi rosa… -repitió el principito a fin de recordarlo.