Navidades de color

22 Dic

Os dejo un pequeño relato navideño que locuté en mi comentario de COPE Sevilla de todos los meses. No han colgado el enlace, así que tendréis que ponerle la entonación debida. Tampoco tiene calidad literaria, más bien cierto aire periodístico. No, realmente no es muy bueno. Es, sencillamente, mi manera de felicitar la Navidad a los sevillanos).

Cegado por el foco de la patrullera, Yusef buscó con ansia los ojos de su mujer que envuelta en una manta al fondo del cayuco cobijaba a una criatura. En su mirada esperaba encontrar una escapatoria pues no había tiempo ni posibilidad de echarse al agua con un niño recién nacido en los brazos.

Yusef, su esposa, y los demás tripulantes fueron trasbordados. Era 18 de diciembre, la noche negra como boca de lobo y hacía frío. Los guardias civiles los cubrieron con una manta térmica brillante. Hacía ya seis días que habían salido de su tierra como tantos otros, acuciados por el hambre y la violencia que prenden el Norte de África y se ceban con los más pobres. Atrás dejaron familia, y una casa y una vaca vendidas a la mafia.

Al llegar a puerto, recibieron los primeros auxilios y alimentos de la Cruz Roja. Después fueron trasladados a un centro de acogida. El personal se esmeró en la atención de Fátima y del niño, que parecían extenuados pero fuera de peligro. En los días siguientes, los policías tomaron declaración a Yusef y a sus compatriotas, para valorar las excepciones que se salvarían de una expatriación casi segura.

Yusef sabía que la justicia divina es más poderosa que la humana, y temía más a Dios que a los hombres, pero entendía que volver, sin dinero y a merced del tirano, era sinónimo de muerte. El Señor proveerá. Él era un hombre joven, capaz, y estaba dispuesto a trabajar duro en lo que nadie quisiera. También sabía que España y Europa son más pobres y miran cada vez con menos simpatía a los inmigrantes.

——–

Desde la puerta del centro, a la espera de una condena o un indulto, Yusef ve las luces de la ciudad. Las calles están decoradas y se oye una música alegre e íntima. “-Es casi Navidad -le dicen- una de las fiestas más importantes de los cristianos”. A la entrada del puerto, bajo un árbol gigantesco, Jusef distingue una choza habitada por tres figuras. Hasta con eso se apañarían si no hubiera otra cosa.

La escena llama su atención y pregunta. –“En un establo como ese nació hace muchos siglos el Hijo de Dios, que vino a la tierra, nacido de una mujer, para salvarnos”. –“¿Y cómo permitió Dios que su hijo naciera en un lugar miserable en lugar de un palacio? –exclama Jusef horrorizado-. Si yo tuviera poder y dinero, no permitiría que mi pequeño naciera en un sitio para animales”.

–“Porque tuvieron que abandonar su casa de Nazaret para empadronarse en Belén, su lugar de origen, y no hubo sitio en la posada. Y más tarde huyeron a Egipto porque el rey Herodes buscaba al Niño para matarlo”.

Jusef comprendió todo de pronto y esbozó una sonrisa ancha como el mar. ¡Esa familia era como la suya! –“¡Los cristianos creen que el Hijo de Dios fue un inmigrante! Entonces deberán tener piedad de nuestra familia. Pues, ¿qué hubiera sido del mundo si al Hijo de Dios lo hubieran repatriado?”.

Luego dio media vuelta y entró bailoteando en el centro de acogida. En la puerta un cartel grande anunciaba: “18 de diciembre. Día Internacional del Migrante”. De Yusef, de Fátima, de su hijo… y de tantos otros.

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Una respuesta to “Navidades de color”

  1. Miriam diciembre 27, 2011 a 14:00 #

    Historia para reflexionar.
    Muy feliz semana post Navidad¡

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