Rai

30 Jul

Rai se ha echado en mis pies. No ante, ni bajo, ni entre, ni tras, sino exactamente sobre ellos.

No lo soporto y lo sabe. Aquí el espacio es reducido, y en verano me pesan las piernas. Ahora mismo, por ejemplo, tengo unas ganas imperiosas de estirarlas y no puedo.

Noto su ronroneo entre apacible, burlesco y turbador. No sabría decir de dónde procede; no es del estómago, ni de la garganta, sino de algo así como el centro de toda ella.

En cuanto a su significado, supongo que es placentero, pero basta que empiece a pensarlo para que Rai abra súbitamente un solo ojo verde fluorescente, enarque el lomo,  y, como por obra de física cuántica, aparezca enroscada en el asiento del copiloto.

Cuando hace esas cosas parece un cruce entre Lauren Bacall y Plutón, el felino negro de Allan Poe, aunque ella sea una hermosa gata somalí de pelo anaranjado y largo.

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