Tarjeta roja

22 Ago

No contento con prohibir a los jugadores rezar y vestir camisetas con mensajes religiosos, el presidente colocó un potente detector para interceptar las oraciones de los aficionados, y obligó a los futbolistas a someterse a un control ‘antipraying’, no fuera a ser que alguna oración se escapara de la grada y creara interferencias en el resultado.

A la vez, en el Cielo, iba a comenzar otro partido. Dios, vestido de árbitro, hizo sonar el silbato y sacó tarjeta roja. El jugador sin la vestimenta adecuada y sin tan siquiera haber rozado el balón abandonó cabizbajo el campo. En otro lugar se escuchaba un llanto y rechinar de dientes. 

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