El retrato de Oscar Wilde

15 Jun

Como Dorian Gray, el hedonismo que adoran los personajes de la novela de Oscar Wilde conserva intacto su diabólico esplendor un siglo después.

La diferencia con nuestro tiempo estriba en que el escritor libertino tuvo la valentía de autorretratarse en el espantoso cuadro de Basil Hallward.

Quizá fue por arrostrar la verdad de sus excesos por lo que pudo al fin volver la mirada hacia su hogar y encontrar reposo en aquel hotel de París donde moría enfermo:

“Mi falta de rectitud moral –reconoció- se debe en gran medida al hecho de que mi padre no me permitiera convertirme al catolicismo. La faceta artística de la Iglesia y la fragancia de su magisterio quizá hubieran podido curar mis vicios. Hace mucho tiempo que deseo ser recibido en ella”.

 

Aquí dejo algunas “pinceladas” del retrato. Esta primera, del cínico lord Henry, que no puede ser más actual:

Sólo dispone de unos pocos años en los que vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecerá la belleza, y entonces descubrirá de repente que ya no le quedan más triunfos, o habrá de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor hará más amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco más a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volverá cetrino, se le hundirán las mejillas y sus ojos perderán el brillo. Sufrirá horriblemente… ¡Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee. No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares. Ésos son los objetivos enfermizos, las falsas ideas de nuestra época. ¡Viva! ¡Viva la vida maravillosa que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada… Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted puede ser su símbolo visible. Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece durante una temporada.

 

Y esta otra, de Dorian, aplicando él solito los primeros trazos tenebrosos a la obra de su autodestrucción:

En lo más íntimo de su alma deseaba ser algo más que un simple arbiter elegantiarum, a quien se consulta sobre la manera de llevar una joya, de cómo anudar una corbata o sobre cómo manejar un bastón. Dorian Gray trataba de inventar una nueva manera de vivir que descansara en una filosofía razonada y en unos principios bien organizados, y que hallara en la espiritualización de los sentidos su meta más elevada.

El culto de los sentidos ha sido censurado con frecuencia y con mucha justicia, porque al ser humano su naturaleza le hace sentir un terror instintivo ante pasiones y sensaciones que le parecen más fuertes que él, y que es consciente de compartir con formas inferiores del mundo orgánico. Pero Dorian Gray consideraba que nunca se había entendido bien la verdadera naturaleza de los sentidos, que habían permanecido en un estado salvaje y animal sencillamente porque el mundo había tratado de someterlos por el hambre y matarlos por el dolor, en lugar de proponerse convertirlos en elementos de una nueva espiritualidad, en la que el rasgo dominante sería un admirable instinto para captar la belleza.

Su objetivo, efectivamente, era la experiencia misma y no los frutos de la experiencia, tanto dulces como amargos. Prescindiría del ascetismo que sofoca los sentidos y de la vulgar desvergüenza que los embota. Pero enseñaría al ser humano a concentrarse en los instantes singulares de una vida que no es en sí misma más que un instante.

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6 comentarios to “El retrato de Oscar Wilde”

  1. alejops junio 15, 2009 a 14:00 #

    Magnífico lo de lord Henry. Ojalá un texto así hiciera reflexionar a tantos…

  2. Rosario junio 16, 2009 a 14:00 #

    Yo no concedería demasiado crédito al primer párrafo que transcribes. Personalmente me parece una manifestación de cinismo absoluto (por otra parte, muy característico del genial Wilde).

    Con que su falta de rectitud moral se debe en gran medida a que su padre no lo dejó convertirse… ¡ja! Manifiesta ser consciente de que su comportamiento es inmoral pero la falta de enmienda se justifica por una causa ajena a él: su padre, que le impidió abrazar la fe católica. Seguro que su padre en plena época victoriana aprobaba su comportamiento, seguro, sí…

    Wilde fue un esteta toda su vida y es lo que está presente tanto en la descripción de Dorian como en la propia confesión de Wilde (“la faceta artística de la Iglesia”, por delante de la “fragancia” del magisterio -supongo que también admirado por la “belleza” de la construcción más que por el fondo-).

    Por otra parte, cientos de ejemplos acreditan que la mera adscripción al catolicismo no es garantía de rectitud moral. Algún prelado fundador de un conocido movimiento eclesial de origen mexicano hubiera pasado en aquella época bastante más tiempo en la cárcel de Reading que Wilde…

  3. batiscafo junio 16, 2009 a 14:00 #

    Rosario, ya te echaba de menos.

    Concedo crédito al párrafo primero en cuanto es de su autor. Me ahorro hacer un juicio sobre su veracidad porque no tengo el don de discernir los espíritus.

    Que Wilde es un esteta no lo dudo, pero, precisamente por ello, me resulta coherente que Dios escogiera el camino de la belleza para atraerlo a Sí.

    Entiendo que una conversión de última hora suscite sospechas y cierta sensación de injusticia, pero es Dios quien llama a la primera hora o a la undécima y, a fin de cuentas, la sinceridad del arrepentimiento sólo la conoce él, así como el rechazo o la aceptación de las gracias actuales.

    Estoy contigo. La mera adscripción al catolicismo no es garantía de rectitud moral. No basta la fe, son necesarias también las obras. Para los que viven, para cuando vivimos, de las apariencias hay unas palabras duras en el Evangelio: “Me honran con los labios pero su corazón está lejos de mí”, o toda la retahíla de los sepulcros blanqueados y otras lindezas.

    Sobre todo esto de la justificación y de la fe con obras hay una encíclica de Benedicto XVI muy reveladora que te recomiendo: la Spe Salvi.

    Un saludo cordialísimo.

  4. Rosario junio 16, 2009 a 14:00 #

    Anticipo los saludos que antes olvidé.

    Te leo cotidianamente aunque no escriba.

    Por cierto, grandísima película “Hace mucho que te quiero”. Sólo una minipega: aunque efectivamente no trata de “eso”, que “eso” se deslice al final creo que la descafeína un poco. Es como si se pretendiera hacer más comprensible la acción de ella, una especie de “¿Ves cómo no podía ser tan mala, ves cómo tiene una explicación razonable y tenía sentido que su hermana confiara plenamente en ella?”. Resta fuerza a los personajes, a la culpa de la hermana mayor y al gesto de la hermana menor, para mi gusto. En cualquier caso, excelente, y las actrices, las dos, extraordinarias.

    Saludos
    Rosario

  5. batiscafo junio 16, 2009 a 14:00 #

    Sí, yo también lo pensé. Incluso te puede llevar a comprenderla demasiado, sobre todo en esta sociedad que tolera mal el sufrimiento y que considera que existen vidas menos dignas de ser vividas.

    Aun así, creo que es más creíble, más verosímil una mala actuación fruto de la debilidad que una acción netamente cruel y despiadada que desentonaría con el tono de la película.

    En ese sentido, no me parece que el final haga perder peso específico a las protagonistas. Eso sí, el hecho de que suscite polémica al final puede significar que sobra el elemento perturbador. O que nuestra sociedad está enferma y no sabe ver que “eso” ya es suficientemente malo. No acabo de saberlo. Y quizá no haya que empeñarse en saberlo. Tampoco lo sé.

  6. osmarlin noviembre 9, 2010 a 14:00 #

    lo unico sobre lo cual debo comentar, es para concretar que una persona dotada de tanta sabiduria no pude ser cautivado por la desicion que otra persona a querido recarcar en el.

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