Think before you post

6 Jun

La conocida frase de Oscar Wilde: “hay solamente una cosa en el mundo peor que el hecho de que hablen de ti, y es que no hablen de ti”, viene  a cuento de tanto afán por ser famoso a costa de lo que sea, por frívolo o perverso que parezca.

No es una novedad. Aquel hombre primitivo que cazó un antílope ya quiso estampar su graffiti en las paredes de la cueva para reconocimiento de la posteridad; y en las novelas y películas policiacas el asesino deja siempre su impronta: una carta, una mariposa, algún distintivo que cause espanto y genere en la pasma la convicción de estar ante un auténtico depredador en serie que pone a prueba su pericia. Desear perpetuarse es humano. Y hablar de los demás, también. 

El hombre siempre ha estado sujeto a la opinión ajena, por hacer las cosas bien, por hacerlas mal o, independientemente del motivo, por entretenimiento de los murmuradores. Lo característico de nuestro tiempo es lo fácil que resulta que hablen de uno.

Ser famoso está al alcance de cualquiera gracias a las nuevas tecnologías, y forrarse a costa de ello también. Basta con estar presente en una red social, contar las intimidades en un reality show o mostrar alguna habilidad en público, cuanto más excéntrica mejor, y uno se convierte en famoso a secas sin mayores esfuerzos.

Cuando a los niños de antaño les preguntaban qué querían ser de mayores, contestaban: médico, profesor, sheriff o asaltante de diligencias. Con ello pensaban obtener la fama, desde luego, pero con profesionalidad. Ahora te sueltan a la tierna edad de cuatro años: “yo de mayor quiero ser famoso”. A veces los culpables son esos padres que unen a sus cortas luces el empeño por remediar la propia frustración en sus vástagos y los exhiben de sesión en sesión en el circo mediático.

Hay expertos que hablan en estos últimos tiempos del nacimiento de una nueva remesa juvenil: la generación YO, SL: enganchados a las redes sociales en las que se autopromocionan con mente  empresarial, ególatras y necesitados desesperadamente de reconocimiento. No hay más que ver la facilidad que han adquirido para hablar en público cuando hace unos años nos moríamos de la vergüenza por que nos sacaran a la pizarra. Con todas sus matizaciones y con todos los aspectos positivos que entraña la naturalidad, hay algo de inquietante en esto, y no sólo afecta a los más jóvenes.

La característica fundamental de este nuevo modo de manifestarse es la “extimidad”, la necesidad de airear la vida privada, lo que hacemos en el momento presente por insustancial que sea, lo que pensamos o lo que queremos que los demás piensen que pensamos o hacemos. Un espejismo de espontaneidad, pues no se vive del mismo modo sin espectadores que bajo la mirada voyeur o simplemente curiosa del Gran Hermano.

Lo que da verosimilitud a la vida virtual son los datos reales que aportamos, ese inmenso banco que entre todos ponemos a disposición de empresas de publicidad, extorsionadores, hackers y otras gentes de mirada aviesa.

Alerta sobre la cuestión la Campaña del National Center for Missing & Exploited Children (Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados) con el lema: “Think before you post” (piénsalo antes de publicar): una vez que cuelgas un contenido en Internet ya no lo puedes retirar. Cualquiera puede verlo, cualquiera puede conocer tu vida privada, incluso personas indeseables. El reciente caso de Marta del Castillo podría ser el de cualquiera de nosotros.

Al margen de estos peligros nada virtuales, perseguir la fama porque sí entraña el riesgo de volverse frívolo, tontorrón o cutre y los demás lo saben por mucho que aplaudan la gracia de circo. La fama ha requerido siempre un complemento para ser respetable y perdurable.

Es mejor ser famoso por ser muy bueno o por ser muy malo que serlo sin motivo. Si uno no puede destacar por santo o por sabio, que abandone el empeño de ocupar espacio en las revistas, en la tele, en la Red, o que al menos sea un demonio… como Dios manda.

 

(Siguendo con el tema de la ‘extimidad’, publico en el último número de la revista Nuestro Tiempo esta columna).

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Una respuesta to “Think before you post”

  1. bego junio 9, 2009 a 14:00 #

    si, la verdad es que el tema de la exposición virtual de la vida real se está convirtiendo en obsesión… lo de las poses y fotos “tuenti” me llevan frita: en cenas con amigas, en celebraciones…¡uf!

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