La ciudad de Sofía

24 Nov

Como un seductor mañara, nos apostamos penitentes frente a las tres virtudes de la fachada de La Caridad. Competíamos con el alto copete de una boda donde los invitados aguardaban a los novios, que debían andar entretenidos casándose dentro del templo.

Cerca del río burlábamos a Don Juan Tenorio por Zorrilla, y la pequeña Sofía nos recitaba su versión inasible y poética, como el verdor y la risa del agua en la fuente de la Plaza del Triunfo por donde continuamos nuestro paseo literario.  

Sus párpados guardaban toda la gracia e intelijencia de la inefable Giralda juanramoniana. Los hoyuelos de sus mejillas, la picaresca de Rinconete bajo el postigo del Alcázar. Y a la luz de su risa sabatina palidecieron todos los versos sevillanos.

En la calle Acetres oímos el piano de Ocnos, y las notas cristalinas y puras de la melodía nos transportaron al convento de Santa Inés convertidas en virtuosismo fantasmal de Maese Pérez, el Organista.  

Caía implacable el sol del mediodía y el aroma a matalahúga de los dulces de las monjas. Sofía dormía en su cuna con una flor de leche sobre el labio.

5 comentarios to “La ciudad de Sofía”

  1. AnaCó noviembre 24, 2008 a 14:00 #

    “los invitados aguardaban a los novios, que debían andar entretenidos casándose dentro del templo.” Esto es un microcuento, Cris.

  2. Qamar noviembre 24, 2008 a 14:00 #

    Aunque me conecto para teletrabajar en horas libres, sin saber muy bien si alegrarme por la confianza que han depositado en mi mis jefes para dejarme asumir nuevas responsabilidades, desde luego me alegro de leer esto ^_^

    Es precioso, Cris, lo aparto para el álbum de casa ^_^

    Un abrazo y gracias por este regalo ^_^

  3. CarlosRM noviembre 24, 2008 a 14:00 #

    Qué gran paseo por la preciosa ciudad de Sofía; y de Cristina, y de Cernuda y de…

  4. adaldrida noviembre 24, 2008 a 14:00 #

    esta entrada es un proema, cris. chapeaux.

  5. batiscafo noviembre 25, 2008 a 14:00 #

    Gracias a todos.

    Adaldrida, quizá te contrate para una segunda parte.

    Qumar, te lo debía. Y aunque no te lo debiera… Creo que voy a nombrar musa a tu niña.

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