La vida sigue

11 Nov

Así es la vida de los blogs. La mayoría de las entradas, al apagarse la luz, ocupan silenciosas su puesto, como libros acabados en su estantería, como muñecos tras una tarde de juegos. Al día siguiente, a los dos días, a la semana -cosa que sucede aquí más de lo que quisiera- surgen nuevas conversaciones, con sus comentarios y animadas discusiones.

De vez en cuando en cuando -y esa es la gracia de los blogs- se reanuda un viejo debate, se abre o se cierra una herida -hay libros que también son heridas-, y nadie, salvo el lector ocasional -vía Google- o el propio autor del blog lo sabe. Pocas veces compensa la alusión pero, como en todo hay excepciones.

Ayer, Pepe, el marido de Lourdes Gil Cepeda –aquella joven mamá que murió al dar a luz- buscaba huellas de su esposa en la red, esa red donde, lo confesemos o no, todos nos buscamos o buscamos a quienes queremos, y se encontró con La rebelión de los porqués y su debate. Debió de sufrir Pepe y creo que es justo y merece la pena por el contenido rescatar su comentario para cerrar la llaga, o para dejarla abierta, porque hay llagas que es preciso que no cierren.

Y tampoco estaría mal aplaudirle, a él, a ella, al matrimonio que formaron, a los hijos que han heredado semejante patrimonio de valentía, pero no a la muerte, como algunos retorcidos piensan que hacemos los cristianos:

“Hola, soy Pepe, el marido de Lourdes que falleció el pasado 16 de Septiembre. Es curioso que hoy haya encontrado tu blog, al poner en Google el nombre de mi esposa.
No quiero interferir en vuestra discusión pero, por alusiones, me gustaría que le hicieses llegar a Rosario una testimonio que he hecho sobre Lourdes y que lo puede escuchar durante esta semana en la web de Radio Libertad, en la pestaña de programas en el recuerdo de 7:30 a 8, no por lo que pueda decir yo sobre mi matrimonio y como lo viví, sino sobre lo que Lourdes descubre escrutando la escritura a solas con Dios (Mt 11,29-30). Te transcribo textualmente:

‘Ver el yugo de Cristo que debo tomar para alcanzar el verdadero descanso, lo que me une a Él -la misión: mis hijos (tratarles con amor, con paciencia, transmitirles la fe)…Ver que esa es la misión de mi vida, que para eso estoy aquí, que para eso me los ha concedido el Señor. No caer en el engaño de ser una ama de casa avergonzada, de sentirme inferior (sí inferior por mi inutilidad y mis pecados) pero no por mi misión. Que los que nos vean y vean cómo nos queremos mi marido y yo sepan que es porque Dios está con nosotros, no por lo majos que somos’.

Por cierto a las charlas siempre me acompañó ella, como lo hacíamos… Pues bien, solía decir Lourdes: “donde yo no llego, llega el Señor”. Pero para eso hace falta que esté, y en nuestro matrimonio estaba y eso nos ha dado una felicidad grandísima en todos los aspectos del matrimonio. Del resto, me parece que ya has contestado perfectísimamente tú”.

 

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Una respuesta to “La vida sigue”

  1. batiscafo noviembre 11, 2008 a 14:00 #

    Recomiendo seguir el hilo de los comentarios aquí: https://batiscafo.wordpress.com/2008/10/15/la-rebelion-de-los-porques/
    Merece la pena.

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