La rebelión de los porqués

15 Oct

Antes los niños eran filósofos y poetas; interrogaban con su mirada a la fila de hormigas afanosas y a las cochinillas peloteras y a un trozo de plastilina lleno de potencialidades, y a todo lo que se les pusiera por delante; nombraban el mundo con palabras inventadas y probaban la ciencia y la paciencia de sus padres con preguntas metafísicas: ¿por qué el sol?, ¿por qué la luna?, y la más terrible de todas que sobrevenía después de un silencio incómodo: …¿Y POR QUÉ?

Los mayores abrían primero los ojos y luego los cerraban con fuerza, como cuando uno se encuentra al borde de un abismo, y, después, no se sabe bien por qué, se enfadaban y gritaban: “porque sí”, “porque lo dice tu padre” o algo parecido, y llenaban los cuartos de los niños de juguetes sofisticados y su tiempo de actividades extraescolares. Hasta que llegó un momento en que los niños dejaron de decir por qué y empezaron a preguntar para qué 

Entonces, los mayores respiraron aliviados porque los niños empezaban a crecer y a madurar y respondieron muy seguros y orgullosos: para tener más dinero, para salvar al hermanito enfermo, para tener una casa más grande, mejores estudios, más juguetes, más felicidad, MÁS, MÁS, MÁS.

Curiosamente, cuanto más cosas acumulaban los niños, cuanto más preguntaban para qué, más solos y más tristes estaban, menos sabían y menos se les ocurría hacer. Y más tranquilos estaban los mayores.

De vez en cuando, en el colegio salía algún niño díscolo que se atrevía a preguntar POR QUÉ. Los padres se reunían, acordaban desaconsejar a sus hijos el contacto físico, como cuando hay un brote de sarampión o varicela o una epidemia de gripe.

El disidente, por algún extraño motivo, ejercía una poderosa atracción entre los demás niños. Y los porqués comenzaban a germinar en sus cabezas hasta hacerse tan grandes que el cerebro ya no los podían contener y salían a borbotones por la boca: ¿por qué a algunos niños los dejan nacer y a otros no?, ¿por qué es mejor tener una casa más grande que un hermanito?, ¿por qué ser economista y no bombero?, ¿por qué se muere la gente?, ¿por qué papá y tú ya no vivís juntos?

Entonces los mayores, muy preocupados decían: “el niño se hace preguntas raras”. Y lo llevaban al psicólogo.

Pero por muchos esfuerzos que hicieran, por más medios que pusieran los mayores, cuando un niño llegaba a ese punto ya no había nada que hacer. Los porqués echaban raíces en su alma y no había medicamentos ni esperanza de frenar su extensión y su transmisión.

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16 comentarios to “La rebelión de los porqués”

  1. rosario octubre 15, 2008 a 14:00 #

    ¿Y por qué los únicos modelos lícitos de femineidad propuestos por algunos sectores de la Iglesia se reducen exclusivamente al celibato o a la maternidad numerosa? ¿Por qué, me pregunto, la doctrina oficial de la Iglesia en estos temas hace recaer el peso de la familia en la mujer, a la que se la aboca de facto a renunciar a otros cauces en los que desarrollar su femineidad -porque también en la vida laboral somos mujeres y como tales contribuimos a la sociedad-? ¿Por qué ese empeño en retratar como poco generosas o poco entregadas o egoístas o, lo que me parece más grave, culpar de no estar abiertas a la vida a tantas mujeres generosas, entregadas y abiertas a la vida a las que, pura y simplemente, no les llega el aliento cada día? ¿Porque de acuerdo con su capacidad física, síquica y económica deciden tener dos o tres hijos? ¿Por eso?

    Podemos dirigir los por qués en tantas direcciones… ¿No se está siendo desde algunas posiciones de la Iglesia tan injustos con la mujer como lo es la misma sociedad y sistema económico en que nos ha tocado vivir?

    Creo que simplificas las razones por las cuales las familias no pueden o no desean tener más hijos.
    Que estamos en una sociedad egoísta o materialista, no lo negaré. Pero quien da el paso de fundar una familia, quien se compromete, ya está rompiendo con eso. Yo a mi alrededor sólo veo mujeres sacrificadas, en su trabajo y en su casa, con unos niveles de exigencia muy superiores por parte de la sociedad de los que tuvieron nuestras madres y nuestras abuelas… Me duele ver que desde la Iglesia -o desde algunas posiciones de la Iglesia- no se valoren suficientemente estas circunstancias.

  2. batiscafo octubre 15, 2008 a 14:00 #

    Hola, Rosario. Gracias por pasar por aquí.

    Mi entrada pretendía ser una crítica a la utilización del ser humano y a la mentalidad pragmática y “omnipotencial” de nuestro tiempo, y viene a cuento de la noticia del primer bebé medicamento español.

    Por muy buenas que sean las razones que lo traen a este mundo, un niño es un don, no un derecho ni un medio “para”. Si hay algo hermoso en este mundo es tener un lugar donde se te quiere porque sí, por lo que eres no por lo que haces: la familia. Eso era lo que quería decir.

    No sé a qué te refieres con sectores de la Iglesia o con doctrina oficial. Creo que la doctrina de la Iglesia es unánime y clara: la del Papa en comunión con los obispos. En todo caso, yo no he hablado de Iglesia y, desde luego, no la represento en mis entradas.

    En todo caso, ya que la citas, creo que, alabando el celibato y la maternidad numerosa, lo que pide la Iglesia a los conyuges es que su amor sea humano, total, fiel, exclusivo y fecundo (cfr. Encíclica Humanae Vitae, 9).

    Que ejerzan una paternidad responsable, a veces significa tener más hijos, pero otras, espaciar su nacimiento: “En relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad
    responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una
    familia numerosa ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley
    moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido”. (Humanae Vitae, 10).

    Cuando hablas de mujeres abiertas a la vida y generosas a las que no les llega el aliento por dificultades físicas, psíquicas y económicas, ¿no estaríamos en estas circunstancias? ¿Qué le achacas entonces a la Iglesia?

    Creo que no he simplificado las razones por las que las familias no pueden o no desean tener más hijos, por la sencilla razón de que no las he expuesto en esta entrada.

    En cuanto a la función de la mujer en la sociedad y en el mundo laboral, te remito a los estudios de Santa Edith Stein y te dejo con uno de los párrafos más feministas que conozco, y es de la encíclica Mulieres Dignitatem:

    “La Iglesia, por consiguiente, da gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios en la virginidad; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan profesionalmente, mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social; por las mujeres “perfectas” y por las mujeres “débiles”. Por todas ellas, tal como salieron del corazón de Dios en toda la belleza y riqueza de su femineidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno; tal como, junto con los hombres, peregrinan en esta tierra que es “la patria” de la familia humana, que a veces se transforma en “un valle de lágrimas”. Tal como asumen, juntamente con el hombre, la responsabilidad común por el destino de la humanidad, en las necesidades de cada día y según aquel destino definitivo que los seres humanos tienen en Dios mismo, en el seno de la Trinidad inefable”.

  3. rosario octubre 15, 2008 a 14:00 #

    Sí, he entendido la razón de tu último post. Mi comentario, reconozco, partía del tuyo para hacer una reflexión más general, ya que el modo en que introducías tus preguntas me daba pie y he presumido, en una presunción construida a partir de la lectura de otros posts tuyos, que entendías que la principal razón que explica el descenso de la natalidad en nuestras sociedades es el egoismo y el materialismo (quizás presumí demasiado, si es así, te pido me excuses)

    El párrafo de Mulieres Dignitatem es muy hermoso. Lo que me duele es que en el terreno de la vida concreta, ordinaria… la Iglesia en sus manifestaciones oficiales no sea coherente con esas grandes manifestaciones en favor de la mujer. Por ejemplo, Humanae Vitae: creo que es muy difícil ser sensible con la realidad de la mujer contemporánea, madre y trabajadora, en tanto sólo se admitan como medios anticonceptivos lícitos los llamados “naturales” -dicho sea de paso, tan poco natural es andar haciendo números en un calendario o con el termómetro vaginal para “programar” los encuentros amorosos, como usar un preservativo o la píldora-. No sé si la fuerte controversia y división de pareceres que hubo en los expertos y obispos consultados y en los trabajos previos de la comisión puede ser indicativo de una reformulación de la doctrina oficial en el futuro, espero que así sea.

    No te atribuyo la representación de la Iglesia, pero obviamente te inscribes en una línea muy específica. A pie de terreno, en otros ámbitos eclesiásticos, me consta que las posturas y las sensibilidades no son unívocas: conozco mujeres que, afortunadamente para ellas porque no se sienten culpables-no deberían tener que sentirse- por utilizar otros medios anticonceptivos, tras haber sido autorizadas por sus confesores y directores espirituales a la vista de sus circunstancias personales y familiares. ¿Es esto relativismo? Yo prefiero llamarlo equidad.

    Y también conozco casos de mujeres que, en su dirección espiritual se sienten fuertemente presionadas para tener muchos hijos. Y que, cuando sin desearlo quedan embarazadas del sexto, no pueden evitar echarse a llorar mientras te dan la noticia…

  4. batiscafo octubre 15, 2008 a 14:00 #

    Excusas aceptadas y gracias por el tono y el estilo.

    Como dices, hay muchas más causas del descenso de la natalidad: la maternidad tardía, el alto precio de los pisos, los sueldos basura y la precariedad laboral, la crisis económica, la incorporación de la mujer al trabajo (con todos sus aspectos positivos)…, por no citar la disminución en la calidad del semen masculino, que trae últimamente muy preocupado al Gobierno, y las dificultades de muchas mujeres para quedarse embarazadas.

    Dices que, obviamente me inscribo en una línea muy específica de pensamiento. Yo creo que todos tendemos a suscribir alguna línea específica de pensamiento. Lo importante es saber si la línea en cuestión responde o no a la verdad del hombre.

    Hoy por hoy no encuentro mayor garante de la libertad y de la dignidad humanas que la Iglesia Católica. De hecho fue la Iglesia la primera en proclamar la igualdad de todos los seres humanos y en ello sigue. Sustentando esa igualdad está la creencia en que todos somos criaturas de Dios, pero para un no creyente lo mismo darían los motivos siempre que, de hecho, se preserve esa dignidad, ¿no?

    La Iglesia proclama que ningún ser humano tiene poder sobre la vida de otro; que todos los niños concebidos, independientemente de que se encuentren en estado embrionario o en el octavo mes de gestación, tienen derecho a nacer; que los países no pueden tomarse la justicia por su mano interviniendo en otra nación so capa de guerra justa; que la pena de muerte difícilmente es legítima en nuestros días; que no se pueden alimentar guerras con el comercio de armas y dejar continentes enteros sumidos en la pobreza, ni impedir que tratamientos de enfermedades mortales lleguen al tercer mundo, etc.

    No conozco nadie que destine más recursos económicos y pesonales para esas causas que la Iglesia Católica.

    Creo que la Iglesia es sensible a las necesidades de la mujer de hoy, lo que ocurre es que no todos los derechos valen lo mismo y no se pueden contraponer los derechos de unos a los derechos fundamentales de otros, más aún cuando estos últimos son los más débiles e inocentes de la sociedad.

    Para empezar, muchos de esos medios anticonceptivos a los que te refieres son, en realidad, medios abortivos porque impiden la anidación del óvulo fecundado, con lo cual, en esos casos, defender el supuesto derecho de la pareja a mantener relaciones sexuales sin asumir las posibles consecuencias significa matarlo, lo cual es muy injusto, digo yo.

    Hoy todos los científicos saben que un óvulo fecundado es un niño, del mismo modo que todos saben que un huevo de buitre leonado es un buitre en estado embrionario y no un pre-buitre o un cúmulo de células sin orden ni concierto, y por eso se limitan las visitas en las Hoces del Duratón de enero a junio. Parece que tienen más derecho los buitres que los niños…

    Y para seguir, en el caso de medios anticonceptivos realmente anticonceptivos, sucede lo que tú misma reconoces, que son muy poco naturales, ecológicos, diría yo. No parece muy consecuente con la idea de fusión, con ese “ser una sola carne”, que ande una gomita de por medio o un trozo de metal en el útero, cosa que encuentro absolutamente agresiva, o anovulatorios que alteran el ciclo menstrual.

    Casi siempre sale perdiendo la mujer, casi siempre es ella la que se sacrifica y me sorprende que las feministas no clamen al cielo. ¿Cuántos hombres están dispuestos a someterse a una vasectomía o a usar espermicidas? ¿Cuántos se sienten satisfechos por usar condón?

    En cambio en los medios naturales el sacrificio es compartido, lo cual no deja de ser un modo de amar (tampoco todos los días de la mujer son fértiles), no median artilugios extraños y agresivos y no se cierra de golpe la puerta a uno de los fines que, junto al unitivo, da sentido por naturaleza a la relación sexual: el procreativo (por cierto, que hay un buen puñado de hijos de DIU descolocados y de preservativos rotos o perforados). Con mil perdones, a menos que te mutiles o que uses un abortivo, margen de error hay en todos. Me gustaría insistir en que este punto debe analizarse en todo su conjunto.

    Lo que subyace es la gran pregunta: ¿existe o no una verdad de las cosas? Yo creo que sí. Luego está el consejo en los confesionarios, sí, con toda la caridad y toda la comprensión, pero sin lesionar los derechos de otros.

    En fin. No quería ser agresiva -aunque creo que lo he conseguido bastante- sino gráfica. Tampoco pretendía convencerte, sólo exponerte por qué pienso lo que pienso.

    Por cierto: no soy hija de familia numerosa. Soy hija única.

    Un saludo.

  5. rosario octubre 15, 2008 a 14:00 #

    Te agradezco tu respuesta Cristina. Releído mi primer mensaje suena también bastante contundente, me ha podido más jugar con los por qué que partían de tu texto, puro efectismo, que la sereninad en la literalidad de la exposición.

    Primero aclarar – aunque supongo que no es necesario- que mi reflexión estaba al margen de la cuestión del aborto que, en mi opinión, es otro debate.

    Entiendo por qué piensas lo que piensas, pero en muchos aspectos no puedo compartirlo. Te puedo asegurar que, proscribiendo el uso de todo medio anticonceptivo, se impone un sacrificio mayor a la mujer: el miedo a un nuevo embarazo cuando no se pueden asumir más cargas familiares o por cuestiones de salud es una fuente de angustia muy importante para la mujer, en esas condiciones la unión con el marido queda despojada de toda hermosura… En fin, comprendo que en este punto nuestras visiones no podrán conectar.

    Es posible que en mis planteamientos esté demasiado condicionada por un librito que anda aún por casa de mis padres, una edición de los años 60 “Para salvarte (ellas)”, escrito por un jesuita (de los de antes), Jorge Loring. El planteamiento de la condición femenina, el modelo a seguir, es verdaderamente abracadabrante. Es, de todo, menos un mensaje liberador. Supongo que en ediciones sucesivas habrá adaptado los requerimientos para la salvación a los nuevos tiempos (y a los nuevos pronunciamientos de la Iglesia). Pero, precisamente, es eso lo que me asusta, lo que me lleva a preguntarme ¿hasta dónde llega la verdad? ¿acaso no ha cambiado la formulación de la verdad a lo largo del tiempo? Fíjate que no es tan antigua la edición, es de los años 60, de la misma década que Humanae Vitae.

    También estoy condicionada por la noticia que lei hace poco, en la sección testimonios Alfa y Omega, de la muerte de una mujer joven en el parto de su séptimo hijo. Era su opción vital, enteramente digna y respetable (pero ni más ni menos, en mi opinión, que otras opciones). Su marido es una de las personas que encabezan el movimiento de objeción de conciencia contra EpC en Castilla y León. De la lectura de la reseña se infería que ella en los últimos tiempos prácticamente afrontaba la crianza de su familia sin la asistencia de su marido, dados los múltiples compromisos y charlas a las que éste debía asistir. Me impresionó mucho saber de esa muerte, no podía evitar pensar cuánto debía estar sufriendo su marido. Una frase de la noticia, expresada como paradoja, me golpeó: “Estaba tan abierta a la vida que no le importó entregar la suya”. Humanamente, porque somos meros seres humanos, ¿es razonable que se nos exija tanto?

    Lo dicho ahora y arriba no obsta a que reconozca la labor social de la Iglesia en favor de la mujer, en especial en el tercer mundo.

    Saludos

  6. batiscafo octubre 16, 2008 a 14:00 #

    Hola de nuevo, Rosario. No había leído hasta ahora el caso de Lourdes Gil-Cepeda. Y, aun leyéndolo, me parece que faltan datos para valorar éticamente la cuestión.

    Me da mucha pena, pero una muerte por parto, siendo algo cada vez más infrecuente, es un riesgo que toda madre corre al dar a luz. Toda madre está dispuesta a dar la vida por su hijo en el momento del parto. Todas las madres son valientes, aunque no todas mueran en los partos, como Lourdes.

    Por lo que se deduce de la semblanza de sus amigos que aparece en Alfa y Omega, la opción vital de tener una familia numerosa era algo que hacía feliz a este matrimonio. Parece que ella estaba contenta de estar en casa con sus niños, dedicándose a ellos, y no queda claro que el marido no se preocupara de sus hijos. Se trata de una nota necrológica, no de un caso de estudio.

    En todo caso, ser madre de familia numerosa y no trabajar fuera del hogar es una opción tan legítima como otras, que ellos no imponen a los demás, creo, ¿no?

    Me parece que cuantas más posiblidades tenga la mujer de elegir, mejor: trabajar fuera o no, compartir tareas a medias o no, etc. Detecto una cierta tendencia a hacer pasar por el aro del trabajo fuera del hogar a todas las mujeres que no me parece bueno.

    En cuanto al libro de Jorge Loring, no puedo opinar porque no lo he leído. En todo caso, no es magisterio de la Iglesia sino su opinión y en un momento que no es el actual.

    Me preguntas sobre la verdad. Los pronunciamientos que hace la Iglesia en cada momento, su magisterio, no es algo aleatorio. Se basa en la Revelación y en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia.

    Lo que la Iglesia hace es aplicar al momento presente esa doctrina imperecedera de Cristo contando con la asistencia del Espíritu Santo. Es decir, la Iglesia dice al mundo qué significa hoy “no matarás”, qué significa “no cometerás actos impuros” o “no robarás”. Obviamente en tiempos de Cristo no existían los medios anticonceptivos artificiales ni la piratería informática, ni tantas otras cosas que hoy existen y que tienen conexión con los mandamientos. No sé si me explico.

    Lo mejor para no liarse es ir a las fuentes originarias. Qué dice el Magisterio, no qué dice tal autor o tal otro.

    Además de los textos citados, te recomiendo que leas la Carta de Juan Pablo II a las Familias, a partir del punto 12 sobre “Paternidad y maternidad responsables”. La tienes aquí: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/documents/hf_jp-ii_let_02021994_families_sp.html

    Y aquí tienes varios enlaces interesantes (me voy a esta web porque tiene una buena recopilación): http://www.arvo.net/pdf/Maternidad_paternidad_responsables.htm
    http://www.arvo.net/secciones.asp?sec=1237

  7. rosario octubre 16, 2008 a 14:00 #

    Sí,Cristina, te explicas perfectamente. Gracias por el esfuerzo y por dedicar tu tiempo a contestarme.

    Un saludo

  8. batiscafo octubre 16, 2008 a 14:00 #

    A ti por entrar. Vuelve cuando quieras. Serás bienvenida.

  9. José Sanz Aguilar noviembre 11, 2008 a 14:00 #

    Hola soy Pepe el marido de Lourdes que falleció el pasado 16 de Septiembre, es curioso que hoy haya encontrado tu blog, al poner en google el nombre de mi esposa,
    No quiero interferir en vuestra discusión pero por alusiones.

    me gustaría que le hicieses llegar a Rosario una testimonio que he hecho sobre Lourdes y que lo puede escuchar durante esta semana en la web de Radio Libertad, en la pestaña de programas en el recuerdo de 7:30 a 8. no por lo que pueda decir yo sobre mi matrimonio y como lo viví, sino sobre lo que Lourdes descubre escrutando la escritura a solas con Dios Mt 11,29-30, te transcribo textualmente,
    “veo que el yugo de Cristo que debo tomar para alcanzar el verdadero descanso, lo que me une a Él, la misión; mis hijos, tratarles con amor, con paciencia, transmitirles la fe, ver que esa es la misión de mi vida, que para eso estoy aquí, que para eso me los ha concedido el Señor, no caer en el engaño de ser una ama de casa avergonzada, sentirme inferior ( si inferior por mi inutilidad y mis pecados) pero no por mi misión; que los que nos vean y como nos queremos mi marido y yo sepan que es porque Dios está con nosotros, no por lo majos que somos”
    Por cierto a las charlas siempre me acompañó ella, como lo haciamos…, pues bien solia decir Lourdes “donde yo no llego, llega el Señor” pero para eso hace falta que esté y en nuestro matrimonio estaba y eso nos ha dado una felicidad grandisima en todos los aspectos del matrimonio,del resto me parece que ya has contestado perfectisimamente tu.

    Un Saludo

  10. batiscafo noviembre 11, 2008 a 14:00 #

    Querido Pepe, aunque no nos conozcamos. Le haré llegar tu comentario a Rosario, pero lo pondré en la entrada de hoy porque un testimonio así no merece estar tan abajo.

  11. rosario noviembre 11, 2008 a 14:00 #

    Hola Pepe,
    antes de nada transmitirte mi pésame y desearte que puedas encontrar consuelo para la pérdida de tu esposa en Dios y en el amor de tus hijos y de todos los que os quieren.

    Claro que no tenía por qué sentirse avergonzada tu mujer por la opción vital que tomó. “Una opción enteramente digna y respetable”, dije cuando hice referencia a la muerte de tu esposa. Máxime cuando se toma en plena libertad y entendiendo que esa es tu misión, lo que da sentido a tu vida. Y así debía de ser porque vi fotos de tu mujer y aparecía radiante.

    Debiera haber puntualizado a raíz de la respuesta que Cristina me remitió que yo no cuestionaba que Lourdes pudiera ser feliz o que no fuera una opción legítima. En ese momento, descarté responder porque no me gusta entrar en debates en los que he de justificar no haber dicho algo que no he dicho. Pero a la vista de tu mensaje pienso que debería haber expuesto más extensamente mi pensamiento, por si no había sido bien entendido en una primera lectura.

    Sí dije que la impresión que me produjo la lectura del testimonio en “Alfa y Omega” era que los compromisos derivados de las actividades contra EpC la hacían pasar más tiempo alejada de su marido del deseado, nunca que no te preocuparas por tus niños. Esta fue la frase que leí que me indujo al error:

    “[…] Las madres de familia numerosa con niños pequeños siempre estamos deseando que nuestros maridos lleguen a casa y nos echen una mano con los niños, compartan con nosotras los problemas de cada jornada, etc. Pues bien, durante muchos meses, con niños pequeñitos y embarazada, ella ha posibilitado que Pepe se preparara todas las conferencias que hemos dado en tantos centros de Valladolid (y provincia) […]”

    No era mi intención ofenderte ni herirte, si fue así, te pido perdón.

    La referencia a la muerte de tu mujer -me sobrecogió cuando leí la reseña, pensaba en ti y en los niños- la hice en el contexto de un debate sobre los modelos de femineidad en el seno de la Iglesia, defendía la licitud de otros modelos. Que esta fuera la opción que dio sentido a la vida de tu mujer y que os permitió vivir un matrimonio pleno y feliz, no evita que siga pensando que determinados planteamientos exigen más a la mujer, que es, al fin y al cabo quien pone su vida en juego en cada parto. Pero es posible que me falten luces.

    Recibe un cordial abrazo,

    Rosario

  12. Pepe noviembre 11, 2008 a 14:00 #

    No son necesarias las disculpas, pues no me he sentido ofendido, pero pretendía aclarar lo que ahora parece claro.
    Por otra parte como creo que nada pasa por casualidad, y mucho menos este encuentro en el batiscafo, al que me trajo la cruz como rosa de mis vientos;
    permitidme que me atreva a pediros que receis por mi,
    que Dios me de el don de fortaleza y me ayude con la cruz de cada dia,
    que tal y como el mismo nos invita, tome mi cruz de cada dia y le siga,
    le siga con la misma alegría y entusiasmo, amor y seducción, libertad y fe razonada con la que lo hizo mi esposa Lourdes cada día en su historia concreta de cristiana , esposa y madre.
    Un Abrazo y La Paz

  13. rosario noviembre 11, 2008 a 14:00 #

    Cuenta con mis oraciones, un fuerte abrazo

  14. batiscafo noviembre 11, 2008 a 14:00 #

    Con las de todos los que pasen por aquí, seguro. Gracias a los dos.

  15. María noviembre 19, 2008 a 14:00 #

    Muy bueno Cristina
    un abrazo desde Huelva

  16. Maria noviembre 19, 2008 a 14:00 #

    Pepe cuenta con mis oraciones, y te mando muchos animos.
    un abrazo

    PD:El libro al que se refiere Rosario lo podemos leer:
    http://www.arconet.es/loring/

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