La naranja del pequeño Chaplin

24 Ene

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No hay fruta más perfecta que la naranja. Su esfera, símbolo de infinitud; la exactitud del colorido -sin matiz ni degradación posible- la brillantez simétrica de sus radios al partirla transversalmente, la tersura de los gajos cuando el corte es longitudinal. Por no hablar de su sonido radical al desgajarlos (qué hallazgo de onomatopeya).   

Tan plena y definitiva es que no hay otra fruta cuyo nombre le corresponda con tal propiedad que genere un color universal. No existen ‘las verdes’, ni ‘las azules’, ni ‘las rojas’, pero existen las naranjas. Y existen en todos los idiomas.  

Podría decirse en mi contra: fruta no, pero así es la rosa. Ah, más la flor es compleja y así vemos rosas blancas, amarillas, rojas, mientras la naranja es simplicísima, es naranja y nada más, es naranja per se y per accidens, si se me permite la licencia ontológica. 

Esta reflexión insustancial y absurda surge a propósito de Charles Chaplin en el 30 aniversario de su muerte. El pequeño Chaplin era tan pobre que por Navidad sólo recibía una naranja como obsequio; así lo recuerda su hija Geraldine y así lo recoge Luis María Anson hoy en la tercera de El Cultural de El Mundo.  

¿Qué vería en la naranja el niño Charles?, ¿qué haría con ella?, ¿en qué medida contribuyó al desarrollo de su genio creador? No lo sé. Pero aventuro que quizá guarde alguna relación la creatividad con la profundización en el ser de las cosas, que incluye no sólo lo que las cosas sean en sí sino lo que son con relación a Adán que las nombró y lo que son para nosotros que las usamos, también y sobre todo en ese preciso instante en que los días no nos parecen azules sino verdes, negros o naranjas, como el cielo de la Sevilla Reinventada de Toi 

Y eso sin caer en el error de pensar que “todo depende del color del cristal con que se mire”, sabiendo que el cristal es cristal y el color es color, pero que a veces necesitamos jugar a ser Dios y divertirnos o expresar nuestra confusión cambiando el orden y la utilidad de las cosas que nos fueron dadas, como tan bien saben hacer los niños cuando aún son pequeños, y más los niños pobres, como haría el pequeño Charlie con su naranja, seguro, antes de comérsela aunque tuviera hambre o precisamente por ello. Lo que supo seguir haciendo de mayor.

En eso, quizá, consista el Arte.  

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5 comentarios to “La naranja del pequeño Chaplin”

  1. Terzio enero 24, 2008 a 14:00 #

    No me gusta Chaplin…

    Pero venía a felicitarte el Santo Patrón y desearte que seas una excelente profesional (y una ejemplar Filotea).

    Pero no me gusta Chaplin.

    (las naranjas sí).

    +T.

  2. batiscafo enero 24, 2008 a 14:00 #

    ¿Cómo has podido resistirte a la diatriba de dos entradas más abajo? ¿Estabas enfermo? Me preocupa… 🙂

  3. batiscafo enero 24, 2008 a 14:00 #

    Gracias por la felicitación. Muchas.

  4. Alfonso enero 24, 2008 a 14:00 #

    Por si no lo conoces, te pongo este enlace de Compostela donde se recoge el precioso poema de Peñalosa: Receta para hacer una naranja (http://compostela.blogspot.com/2007/09/una-naranja.html)

  5. batiscafo enero 25, 2008 a 14:00 #

    Gracias por la referencia, Alfonso. Es precioso.

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