Del cerdo, hasta los andares

8 Dic

El jamón ibérico ha entrado con buen pie en Estados Unidos, con pata negra de cinco jotas para ser exactos.

Ayer tuvo lugar su presentación en sociedad en el restaurante “Jaleo” de Washington y hoy la aduana de Nueva York recibe los primeros trescientos ejemplares de lo que algún hortera con denominación de origen ha llamado “el Rolls Royce de la gastronomía española”.  

Yo sé que los cochinos de Higuera de la Sierra a los que anteayer mismo tiraba bellotas por el camino aquel de Las Tobas no estarán de fiesta precisamente, y habrán echado a correr por las dehesas a trote de cuto invocando a San Martín nada más enterarse. Ya ven ustedes. Pero yo estoy contenta porque ha llegado la hora de rehabilitar la fama del Sus scrofa domesticus, que así se llama el cerdo en términos científicos, después de tantos siglos de vilipendio y deshonra.  

Cochino, guarro, puerco, cerdo, marrano. No habrá especie en el reino animal con más sinónimos ni más útil para insultar a los humanos. Su nombre ha sido tradicionalmente asociado a la impureza; su carne, prohibida por judíos y musulmanes. 

Suerte que Jesús la redimió cuando dijo: ‘No es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que le hace impuro’. Así el mundo cristiano ha podido dar gracias al Cielo por el manjar del jamón, recogiendo y sublimando las más sabias tradiciones de fenicios y romanos, como siempre. 

Pobre cerdo. De él se dice que es un animal sucio, el señorito de la mirada baja, que gusta de revolcarse en el cieno, cuando bien sabe Dios, su Creador, que es una de las bestias más escamondadas de la granja y que buenos baños se daría si tuviera agua limpia a su alcance, como su dueño. Ni Popea. 

“Del cochino, hasta los andares”, reza el refrán. Para todo vale el cerdo, tan sufrido, hasta para transplantes de corazón. Carnes, embutidos, cepillos de cerda (perdón), abrigos… Todo se aprovecha. Un poco de respeto, pues, para alguien tan entregado.

Por eso me alegra que reciba las bendiciones de EE.UU y que salte a la fama. Será una fuente de salud para los yanquis, rebajará los índices de colesterol y de obesidad, y mejorará las relaciones diplomáticas entre EE.UU y España a partir de ahora, por mucho que se empeñen Moratinos y ZP en estropearlas.

(Habrá quien considere impropio del día hablar de estas cosas. Para esos, mis entradas de los días anteriores, que constituyen casi una novena).

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