Spe Salvi

1 Dic

Ayer, fiesta de San Andrés, vio la luz la segunda encíclica de Benedicto XVI. Si la primera estuvo dedicada al amor, sin el cual somos címbalo que retiñe, ésta tiene por objeto la esperanza que salva, Spe Salvi. 

La bajé a la PDA y me la leí de un tirón junto al Sagrario. No fue mi propósito inicial, pero la tarde estaba serena y el texto me atrajo desde el primer párrafo.

Sin darme cuenta, asistí a una hora y media de lección magistral con el Maestro y su buen vicario, servus servorum Dei 

Como en sus largos años de docencia, el Papa pone en juego en esta carta toda su capacidad magisterial, amplificada por la asistencia del Espíritu Santo, aplicando el método socrático. Es él quien pregunta y responde pero con tal respeto a la inteligencia del destinatario que el texto se podría considerar un auténtico diálogo.  

Ratzinger parte del corazón del interlocutor y no elude las preguntas incómodas ni deja cabos sueltos, no ahorra las premisas ni las objeciones necesarias: “¿de qué género ha de ser la esperanza para poder justificar la afirmación de que a partir de ella, y simplemente porque hay esperanza, somos redimidos por ella?, ¿de verdad queremos vivir eternamente?, ¿es individualista la esperanza cristiana?, la razón del poder y del hacer ¿es ya toda la razón?, ¿es tan importante para mí la verdad como para compensar el sufrimiento?, ¿es tan grande la promesa del amor que justifique el don de mí mismo?, ¿qué sucede con estas personas (las malvadas) cuando comparecen ante el Juez?, ¿quién no siente la necesidad de hacer llegar a los propios seres queridos que ya se fueron un signo de bondad, de gratitud o también de petición de perdón?”. 

Como Virgilio acompaña a Dante en su periplo por las verdades eternas, el Papa nos guía en el tránsito por este preludio del más allá que los hombres somos capaces de convertir en trasunto del Cielo o en un infierno terrenal.

En el recorrido nos topamos con personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, padres de la Iglesia, santos, héroes, filósofos, teólogos, herejes. Platón, Bacon, Lutero, Kant, Engels, Marx… 

Al hilo de la historia del pensamiento, Ratzinger explica la relación entre esperanza y fe en la primitiva cristiandad, en qué momento de la historia se trocó la esperanza en Dios en confianza ciega en el progreso humano, cuándo se escindieron razón y libertad, cómo se produjo el trueque de la búsqueda del reino de Dios por la búsqueda del reino del hombre, para concluir, al hilo de las atrocidades de los regímenes totalitarios: “Un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza. Nada ni nadie garantiza que el cinismo del poder –bajo cualquier seductor revestimiento ideológico que se presente– no siga mangoneando en el mundo”.  

Benedicto XVI termina mostrándonos los lugares donde podemos hallar el bagaje de esperanza que necesitamos para resistir en el viaje y para alcanzar el destino que nos ha sido reservado: la oración, el sufrimiento, el juicio, María. 

Es difícil leer al Papa sin sentir despertar en el alma la nostalgia de infinito. Resulta casi imposible sustraerse al atractivo de su lenguaje, al reto que propone a la razón que en todo hombre subyace por encima de la irracionalidad reinante.

Con él, la verdad se impone suavemente no con la violencia del rayo sino bañándolo todo en una luz cálida que da sentido a todo lo que nos rodea.

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4 comentarios to “Spe Salvi”

  1. carmencarrion diciembre 2, 2007 a 14:00 #

    Unas pocas palabras. Me encanta tu blog y tus reflexiones. Me ayudan mucho. Te he puesto en los enlaces del mío. Gracias de verdad.
    Un abrazo: Carmen

  2. batiscafo diciembre 3, 2007 a 14:00 #

    ¡Bienvenida y gracias a ti! Ya sabes que tienes un camarote a bordo. He querido visitarte pero no me aparece tu blog. ¿Me lo puedes indicar? Gracias, Carmen.

  3. Agus A-G diciembre 5, 2007 a 14:00 #

    “Es difícil leer al Papa sin sentir despertar en el alma la nostalgia de infinito”, dices. Qué gran verdad.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Debe y haber (I) « batiscafo - diciembre 31, 2007

    […] Reyes y muy bueno); Sol de noviembre, de Miguel d’Ors; Sir Tomas Moro, de Vázquez de Prada, y Spe Salvi, de Benedicto XVI. Suerte que en este terreno no hay amores excluyentes ni […]

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