Poética aplicada

5 Ago

Diez de la mañana y ya 36ºC. A mediodía llegaremos a 46, como ayer.

Los castaños de indias ensayan su nueva colección de la temporada otoño-invierno. Se diría que sudan como esas modelos obligadas a llevar pesados abrigos en una pasarela anacrónica. Exigencias del mercado. Al paso de un deportista incauto, las hojas crujen y quedan aplastadas en el asfalto derretido.

Yo, mientras, hago mi equipaje, un tanto otoñal y desprovisto de hojarasca también. Mañana temprano salgo para Londres. La compañía Ryanair sólo me permite llevar quince kilos de peso. Lo peor no será ir sino volver.

Para no desanimarme pienso que hacer una maleta en estas condiciones no deja de ser un ejercicio de poética aplicada.

(Ahora que lo pienso, quizá sea éste el único momento en que coincidimos los hombres y los árboles. Pronto, cuando los árboles se desvistan por completo, nosotros comenzaremos a abrigarnos. Es curioso. Ahora hace tanto calor que se comprende que hasta la naturaleza quiera quedarse en paños menores. Me despido hasta pronto. Trataré de llevar un pequeño diario telegráfico de mi estancia en Londres. Se llamará “Cuadernos de Albión”).

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