Cuestión de gusto

18 May

La entrada de Anacó me ofrece la oportunidad de abundar en el concepto de vulgaridad, aunque esto entraña el riesgo de acabar de bruces en lo que una pretende denunciar.

Lo hago por motivos diversos y contradictorios: 1) resulta más fácil que abordar un post sobre “El Tercer Hombre” que llevo varios días retrasando; 2) no logro sustraerme a la  envidia malsana que me produce imaginar a Anacó y Adaldrida por las calles de mi Pampaluna… y 3) creo que es una frase sugerente que merece ser desglosada, razón que espero me salve de la vulgaridad de las dos primeras.

La ráfaga “cazada al vuelo” por Anacó decía: ” I don’t know which of these two shows man’s vulgarity more: When he gets accustomed to ugliness or when he gets accustomed to beauty.”

Al leerla me quedo suspendida entre dos abismos, el de la belleza y el de la fealdad, porque no sé qué es peor. Acostumbrarse a lo feo supone haber estragado el gusto, pero acostumbrarse a lo bello, eso sí que es triste, triste y desagradecido, y conlleva una pérdida del sentido de la estética, por ende.

Encuentro un puente que une ambas simas al que me alza la mano de Chesterton: “Vulgar es aquél que se encuentra ante algo grande y no se da cuenta”. Y me acuerdo de tantas veces en que mis padres y yo, cuando vivíamos frente al mar de Cádiz, nos asombrábamos de que la gente no contemplara las puestas de sol.

El rito se repetía cada tarde: ¡Ven, Cris, ven! ¡Mira qué puesta de sol! Y los tres nos quedábamos abobados en la terraza o en el paseo hasta que el mar incandescente engullía aquella yema dorada y perfecta dejando el cielo todo deshilachado de malva. Porque lo que nosotros sabíamos y otros no percibían es que no había una puesta de sol igual a la anterior. Ahora que vivimos en Sevilla sucede lo mismo. Cada domingo mi madre me recibe con las mismas palabras: ¿has visto cómo está el jardín?

Y pienso, gracias a esta herencia recibida, ¿no será que la vulgaridad por el acostumbramiento a lo bello es la causa del acostumbramiento a lo feo? Porque siendo ya uno vulgar puede caer en el acostumbramiento a todo, digo yo: a los bogavantes y a la Giralda lo mismo que a las “setas” de la plaza de La Encarnación o a la canción del verano.

Así que concluyo que lo verdaderamente pernicioso, aquello de lo que uno tiene que huir como de la peste, es de la vulgaridad.

Salvaguardados el bueno gusto y la gratitud por lo que se nos otorga como un don de lo Alto es imposible caer en cualquiera de los dos extremos, que como todos los extremos, acaban tocándose, porque… ¿no es acaso un poco feo acostumbrarse a lo bello?

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7 comentarios to “Cuestión de gusto”

  1. Enrique mayo 19, 2007 a 14:00 #

    Olé

  2. AnaCó mayo 19, 2007 a 14:00 #

    Muy bien resuelto Cris. Respecto a Pampaluna, todavía no se ha visto a este par por sus callejas. Y no es envidia mal sana, no es que no quieras que nos lo pasemos en grande Rocío y yo, ¡sino que querrías añadirte al plan! Y en eso coincidimos, yo también querría que te pasearas con nosotras por Pampaluna. Todo llegará. Y si no me iré yo a veros a Sevilla (¡eso sí que da envidia!)

  3. Maria mayo 21, 2007 a 14:00 #

    Hola! Vuelvo… ¿Coincidimos en profesión? ¡que bien! Estoy descubriendo que la blogosfera es un pañuelo!!!. jejeje.
    Lo que dices de Chesterton me ha recordado a un chiste de Mingote que tengo en la carpeta. Son dos señores enfrente de una fuente. Es de noche y uno de ellos le dice al otro: ¡Mira la luna!. Y… el otro se queda mirando el reflejo de la luna en el agua de la fuente… Muy triste no?

  4. piliap mayo 22, 2007 a 14:00 #

    ese chiste de Mingote… los pelos de punta como en una gravísima tragedia. Tu entrada, batiscafo, me ha encantado y, como cada vez que se habla de la puesta de sol, viene a mi memoria el principito… y el poder consolador de la belleza cuando todo llama al naufragio en la vulgaridad

  5. Quevedo mayo 22, 2007 a 14:00 #

    La relatividad lo inunda todo y el arte no iba a ser menos. Una de las primeras cosas que te quieren meter en la cabeza en arquitectura es que no existe lo bello o lo feo. Que no puedes decir que te gusta tal edificio por su belleza, que eso es estética y depende del sujeto que lo observa.

    La verdad…por mucho que digan, el Taj Mahal es un edificio bello y las viviendas sociales de la M30 de Oiza son feas, aunque este último edificio gane al primero en muchos otros parámetros de comparación.La belleza existe!!!

  6. Quevedo mayo 22, 2007 a 14:00 #

    Otra cosa bien diferente es descubrir belleza dónde a primera vista parece que sólo existe vulgaridad y fealdad.

  7. batiscafo mayo 22, 2007 a 14:00 #

    Esto último me da a mí que depende del trascendental bondad.

    Hay cosas aparentenmente vulgares que por ser buenas contienen una cierta belleza en la que pocos reparan. Descubrirla es un arte y manifiesta la sensibilidad del espectador. En cambio, hay otras cosas que son vulgares y malas, y por tanto más feas que picio.

    Pero para esto hay que reconocer la existencia del bien y del mal, y eso es otro cantar en estos mundos de Dios tan relativistas.

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