La curva de la felicidad

15 May

Esta sociedad pretendidamente antidogmática y libérrima está llena de cánones y de reglas asfixiantes. La intuición a la que se llega una vez superada la adolescencia –ay, hace ya tanto- alcanza el rango de verdad demostrable por vía empírica en determinados momentos, por ejemplo ahora que se impone el cambio de temporada.

Un fin de semana cualquiera de primavera comienzan a abandonar pesadamente el armario el punto, el tweed, la franela y la mezclilla, para dejar paso al hilo, el algodón y el lino, más livianos y coloristas.

Nos invade un momentáneo gozo ingrávido hasta que comprobamos que con las nuevas prendas entra también un “yo” de una o dos tallas menos que el año pasado por estas fechas.

En un principio cabe echar las culpas a alguna infausta colada pero pronto la realidad se impone con toda su crudeza.

Y a mí, que hasta ahora me resistía a subir a la báscula, me entra una urgencia tremenda por adelgazar, acuciada por los insultantes anuncios de Corporación Dermoestética, el Cambio Radical, los reportajes del periódico y de las revistas y hasta la publicidad de e-Magister que, a través del correo electrónico, me sugiere, muy poco diplomática por cierto, “cómo perder peso”. ¿Y Ud. qué sabrá lo que yo necesito?

De primeras atribuyo el problema a las consecuencias del pecado original sobre la materia: el desorden en el reparto de los lípidos, el caos celular, las desigualdades norte-sur -que si afectan a los continentes, ¿cómo no van a influir en la anatomía humana?-, las leyes de la genética, etc. Después abomino de los cánones anoréxicos -talla 36- de la Pasarela Cibeles y añoro los trajes de mariñaque y la belleza rebosante de las Tres Gracias, pero acabo rindiéndome a la tiranía del armario para que cada mañana no se convierta en un suplicio. Vale, haré algo para perder esos kilos de más.

Hoy dedicaba parte de la jornada laboral a la ingrata tarea de revisar prensa atrasada cuando me encuentro con dos decálogos: uno para la estética y otro para la felicidad.

El primero de ellos proviene del ámbito de la dietética y reúne una serie de consejos para rebajar peso:

1º Baja en calorías.

2º Fuera grasas. 3º Poco alcohol.

4º Hacer ejercicio.

5º Nada entre horas.

6º Sin bollería.

7º Bebida sin azúcar.

8º De postre fruta.

9ª 1º y 2º plato.

10º Sin salsas.

Constato con remordimientos que en todo el curso sólo he sido capaz de cumplir con el 4º (gracias a que el trabajo me queda a veinte minutos de casa), el 8º y el 9º.

El segundo decálogo, dispuesto en torno a algunos temas centrales de la vida humana, pertenece al monje Matthieu Ricard, el hombre más feliz del planeta según un estudio sobre el cerebro realizado por la Universidad de Wisconsin (como si hubieran entrevistado a todos los hombres de la tierra), que es asesor del Dalai Lama. Dice textualmente:

1º Vejez: cuando la agudeza mental y la acción disminuyen, es tiempo de experimentar y manifestar cariño, afecto, amor y comprensión.

2º: muerte: forma parte de la vida, rebelarse es ir contra la propia naturaleza de la existencia. Sólo hay un camino: aceptarla.

3º: soledad: existe una manera de no sentirse abandonado: percibir a todos los hombres como parte de nuestra familia.

4º Alegría: está dentro de cada uno de nosotros. Sólo hay que mirar en nuestro interior, encontrarla y transmitirla.

5º identidad: no es la imagen que tenemos de nosotros mismos, ni la que proyectamos. Es nuestra naturaleza más profunda, ésa que nos hace ser buenos y cariñosos con quienes nos rodean.

6º conflictos de pareja: minimizarlos. Es muy difícil pelearse con alguien que no busca confrontación.

7º Familia: requiere el esfuerzo constante de cada uno de sus miembros, ser generoso y reducir nuestro nivel de existencia.

8º Deterioro físico: hay que aprender a valorarlo positivamente, verlo como el principio de una nueva vida y no el principio del fin.

9º Relaciones sociales: es más fácil estar de bueno humor que discutir o enfadarse. Lo ideal es seguir siendo como somos y utilizar siempre que podamos la franqueza y la amabilidad.

10º Felicidad: si la buscamos en el sitio equivocado estaremos convencidos de que no existe cuando no la encontremos allí.

¡Así de fácil! 

Todo ello me ha sugerido interminables consideraciones filosóficas en torno a los trascendentales bondad y belleza, y los conceptos estética y belleza, y me ha traído a la memoria el cuento de La Bella y la Bestia con su moraleja: la belleza está en el interior. ¡Sí, sí, pero no vale: al final la Bestia se convirtió en un hermoso príncipe!

Supongo que resolveré el conflicto mediante una fusión entre los dos decálogos que me permita poner en práctica los consejos del monje budista –con motivaciones más elevadas, eso sí- y algunos de los siete puntos del decálogo para perder peso. Sin obsesiones, espero.

Pero antes, una última pregunta: Por favor, ¿me puede indicar por dónde queda la curva de la felicidad?   

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6 comentarios to “La curva de la felicidad”

  1. Maria mayo 15, 2007 a 14:00 #

    Hola!. Navegando por aqui he caido en tu blog y me he reido mucho con esta entrada… es cierto que con esto de la llegada del verano nos bombardean a anuncios de “bajar peso”… y acaba siendo una obsesión. Yo aún no he sacado la ropa de verano (no me acabo de atrever) pero temo el momento de probarme los modelitos del año pasado!!!. Yo del segundo decálogo paso un poco (tengo otras reglas para alcanzar la felicidad) pero intentaré cumplir el primer decálogo.. a ver si funciona!

  2. batiscafo mayo 15, 2007 a 14:00 #

    Hola, Maria. ¡Bienvenida! Veo en tu recién nacido blog que compartimos profesión.

  3. Pedro mayo 15, 2007 a 14:00 #

    Interesante,… compleméntalo con Las 8 Claves para Ser Feliz. Pedro.

  4. Carlos RM mayo 15, 2007 a 14:00 #

    Lo malo de estos decálogos es que suprimen las curvas en el camino de la felicidad: son autopistas tediosas y previsibles. Yo prefiero carreteras secundarias, con sus tramos sin asfaltar, sin duda más emocionantes.

  5. batiscafo mayo 16, 2007 a 14:00 #

    La verdad es que lo que me hizo gracia fue el tema de los decálogos en sí en esta época tan poco dada a la normativa.

    En mi tediosa revista semanal de prensa me topé con algunos hallazgos más interesantes -y ajenos al motivo que me ocupaba-: un original reportaje sobre Catherine Hepburn y John Wayne -juntos tan sólo en una película- a los que une el centésimo aniversario de su nacimiento y el hecho de haber trabajado, aunque por separado, bajo la dirección de John Ford; los 60 años de Cannes, varias semblanzas de Rostropovich y un reportaje sobre Jimmy Fox, editor de la agencia Magnum. Pero eso será otro día.

  6. batiscafo mayo 16, 2007 a 14:00 #

    Una muestra más del lenguaje religioso desacralizado de nuestro tiempo:

    Entro en mi correo y me asalta E-Magister con el siguiente asunto: “¡Si quieres pecar, ven a Yorkshire!”.

    Entro con cierta prevención temiéndome un turismo de orgía y desenfreno y sobre un paisaje maravilloso aparece la siguiente leyenda:

    “Envidia.
    ¿O qué crees que sentirán tus amigos cuando les enseñes esta foto?
    Porque sólo en Yorkshire podrás disfrutar de espectáculos como éste.
    Ven a Yorkshire y dale rienda suelta a tu pecado favorito”.

    No gracias, respondo, para eso me basto yo solita. No necesito pagar.

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