Maestros

11 May

Leo con aflicción en el último número de Nuestro Tiempo que en enero murió José Luis Ochoa de Olza, y siento cierto aguijoneo de culpabilidad por mi retraso en el conocimiento de la noticia, aunque bien sé que la nescencia no es culpable sino la ignorancia.

Pensándolo bien, considero que es posible que la conciencia me reproche cierta ausencia de cariño efectivo –no afectivo- que me hubiera permitido tener acceso al duelo por canales más veloces que la revista, aunque, mejor pensado aún, añado para mi coleto que también NT podía haber publicado el obituario en febrero.

Lo evidente, en todo caso, es la habilidad de la conciencia para hallar subterfugios por los que escapar de sí misma.

Ochoa de Olza fue durante más de veinte años el director de la Cátedra de Música de la Universidad de Navarra, de la Uni, para entendernos, y el creador de su Aula de Música. Yo no pertenecía al grupo coral, pero vivía en un colegio mayor y tenía aptitudes musicales, lo que me otorgaba bastantes puntos para ser miembro ocasional del coro de la Novena de la Inmaculada que todos los años se celebraba en el Polideportivo.

Cada septiembre acogíamos en el mayor la sobrada presencia de D. José Luis cuya voz poderosísima anticipaba desde el zaguán su entrada al salón de actos: “viene Ochoa de Olza para seleccionar voces”. Y cada septiembre se sucedían idénticas reacciones: de entusiasmo para las amantes de la polifonía, entre las cuales me encontraba, y de timidez para las detractoras, cuya escasa capacidad auditiva quedaba expuesta a la  evidencia.

La convocatoria tenía cierto aire de consulta médica. A ver, diga Aaaahhh! Faringitis. Allí, en el centro del estrado, el galeno musical pedía a la paciente: A ver diga: Sííííí…; ahora diga ¿Sííííí?; ahora con exclamación: ¡Síííííí!  Luego venía una escala: do-re-mi-fa-sol-la-si-do; y otra más: re-mi-fa-sol hasta llegar al gallo… De esa forma, como en Los Chicos del Coro, iba el maestro Ochoa de Olza seleccionando las voces: soprano, contralto…

Al pensar en Ochoa de Olza me acuerdo de otros grandes profesores que nos brindaron generosamente su saber y que ahora ejercen su magisterio desde las tarimas celestes: D. Luka Brajnovic –que se acababa de jubilar cuando llegué yo a la Uni, pero que tuve la fortuna de entrevistar con devoción estudiantil-; D. Gonzalo Redondo, con sus insuperables clases de Historia y aquellos temidos exámenes en los que cabían preguntas tan sorprendentes como: ¿por qué es importante preguntarse porqué? –y que a mí me fascinaban porque me permitían “pedalear”, que era lo que más me gusta-. Y otros extraordinarios profesores a los que no me atrevería a catalogar en la categoría de jubilados, porque el saber no ocupará lugar pero sí tiempo, y más aún si es saber magnánimo, como es el caso que nos ocupa: Paco Gómez Antón –padrino de nuestra  promoción-; Carlos Soria; García-Noblejas, Vidal-Quadras, tan solícito “desde Faustino”… ¡Ay!

En una ocasión, hablando con José Luis Orihuela con motivo de una visita que hizo a Sevilla, le manifesté mi envidia por las ventajas técnicas de que disponían las nuevas generaciones de estudiantes de Comunicación: el modernísimo edificio, los estudios de grabación, los platós…

Le recordaba nuestra condición nómada: primero, en el Central; segundo, entre el Central y Arquitectura; tercero, en el Central; cuarto y quinto, en Derecho; aquellas idas y venidas Fuente del Hierro arriba y abajo, con las máquinas de escribir portátiles y las hojas de calco para las prácticas de radio.

“Sí, sí, mucha técnica –me dijo Orihuela- pero los maestros que tuvisteis, ellos no los tienen”. Qué razón tan grande.

Dejo un sentido homenaje a Ochoa de Olza de Rafael Alvira.

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4 comentarios to “Maestros”

  1. Terzio mayo 11, 2007 a 14:00 #

    Yes!

    Además el final con la cita vivae vocis oráculo de tu profe, te ha quedado como las golondrinas “…esas no volverán…” de Bécquer, el “…qué se fizo…?” de Manrique y el “…Ubi sunt ?” clásico.

    Y eso que te sale tan natural como el respirar, es por los maestros, entre otras cosas.

    Vivant!!! Los tuyos y los mios: Nuestros maestros!!

    +T.

  2. AnaCó mayo 13, 2007 a 14:00 #

    Mira tú por dónde, me entero aquí del artículo de Rafael Alvira, anda que el mundo no da vueltas. Cuando llegué a la universidad fui directa a preguntar por Ochoa de Olza y su aula de música, pero ya no estaba. (Esto fue en 1996) Ahora hay un buen coro y un grupo de viento y cuerda. ¿Volverán las golondrinas?

  3. batiscafo mayo 14, 2007 a 14:00 #

    ¿Volverán? Los maestros pasan pero su ejemplo y su obra permanecen en la memoria personal y colectiva, y, gracias a Dios, cada época suscita sus guías.

    Pero un maestro necesita tiempo y maduración, no se improvisa. ¿Quién dice, querida Anacó, que tú no llegarás a serlo algún día? Bastan el talento y la humildad de construir sobre la riquísima tradición de los que nos precedieron.

  4. Enrique mayo 14, 2007 a 14:00 #

    Preciosa entrada. Yo que soy de las huestes de la faringitis, me he emocionado. Gracias.

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