Misteriosa urdimbre

2 Feb

“Puede sonar absurdo y heterodoxo decir que Rilke me ha enseñado a orar y a escribir poesía de oración, pero así fue”. (Ibáñez Langlois, en el prólogo de “Oficio”, antología editada por Enrique García Maiquez).

Me ha cegado el fogonazo de esta luminosa coincidencia y me maravillo al descubrir, una vez más, el hilo sutil que traba los espíritus sensibles de épocas y latitudes tan distantes.

No hay placer intelectual comparable al de seguir, siglo tras siglo, los movimientos de las agujas que entretejen esta urdimbre humanística, hasta llegar a mí por alguna providente y misteriosa razón. Bueno, sí, el gozo de compartir cada día con vosotros esta secreta comunión.

Y encuentro que, como a Juan Manuel de Prada, a mí también me fascinaron de niña los diez negritos de Agatha Christie, y Edgar Allan Poe –con su gato negro y otras narraciones terroríficas-. Y, más adelante, Dostoievsky, San Agustín y otros grandes escritores de los que tanto hemos hablado por estos lares y que configuran mi geografía interior: Luis Rosales, Miguel d’Ors, Claudio Rodríguez, Saint Exúpery, Evelyn Waugh, Chesterton, Lewis, Jiménez Lozano, Bernanos, etc., etc.

Dejo aquí un poema de Rilke leído y orado en mis tiempos mozos, que me ha venido a la mente a propósito de la cita inicial. Y recomiendo vivamente la lectura de dos artículos muy oportunos de Alfa y Omega que podéis encontrar aquí.

Estoy demasiado solo en el mundo, pero no lo bastante
para santificar cada hora.
Soy demasiado insignificante en el mundo, pero no lo bastante pequeño
para ser como una cosa ante ti,
oscura e inteligente.
Quiero mi voluntad y quiero acompañar a mi voluntad
por los caminos, hacia la acción;
y quiero en tiempos silenciosos, como vacilantes,
cuando algo se acerca,
estar entre los sabios,
o estar solo.
Quiero reflejarte siempre de cuerpo entero
y quiero no ser nunca ciego o demasiado viejo
para guardar tu densa y oscilante imagen.
Quiero desplegarme.
No quiero quedar doblegado en parte alguna,
porque allí donde estoy doblegado, estoy falseado.
Y quiero mi sentido
verdadero ante ti. Quiero describirme
como una imagen que he visto
largo tiempo y de cerca,
como una palabra que he comprendido,
como mi jarra cotidiana,
como la cara de mi madre
como un barco
que me llevó
a través de la tormenta más mortal.

(Rainer Maria Rilke. El libro de horas)

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4 comentarios to “Misteriosa urdimbre”

  1. Carlos RM febrero 2, 2007 a 14:00 #

    Grande también la entrada de hoy, eso de la urdimbre humanística y los espíritus sensibles. Y los versos de Rilke, un autor al que empiezo ahora a conocer (¡tan tarde!). Gracias.

  2. Terzio febrero 2, 2007 a 14:00 #

    No sé…

    Pero cada vez dudo más de qué creía o cómo creía Rilke.

    Poeta, sí; europeo del XX que adelanta el XXI, de los mejores; recapitulador de toda una tradición de la mejor literatura “intimista”, sin duda.

    Pero “maestro de oración”…???

    Porque, tantas veces, Rilke habla consigo, sólo con él mismo; es un soliloquio aparentemente trascendente, pero realmente existencialista.

    Rilke nos gusta mucho a los cristianos, pero no es tan cristiano lo que escribe Rilke.

    Es mi impresión, claro.

    +T.

  3. batiscafo febrero 2, 2007 a 14:00 #

    “Puede sonar absurdo y heterodoxo”…
    Ya ves. Dios escribe derecho con renglones torcidos. A I.L y a mí nos sirvió. 🙂

  4. Terzio febrero 2, 2007 a 14:00 #

    Sí.

    Y aprovechar espiritualmente a Rilke es una exquisitez que pocos disfrutan de verdad.

    +T.

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