Buena esperanza

20 Dic

Ayer estuve en casa de Blanca, que con siete meses de embarazo vale su peso en oro multiplicado por dos. Blanca tiene un marido conciliador, tres niños en este mundo y Santiaguito, que viene de camino. Un trabajo, un hogar y una gran sensibilidad por los débiles, las mujeres y los niños primero. 

 

Mi amiga está implicada en la defensa de los derechos de la mujer con embarazo inesperado, aunque lo suyo haya sido un embarazo anheladísimo.

 

En estos días prenavideños de buena esperanza para todos, las dos nos sorprendemos al leer en el diccionario la definición de embarazo: dificultad, estorbo, obstáculo, apuro, cohibimiento, vergüenza o turbación, estado de la mujer embarazada, achaque, bombo, gestación, gravidez… Todo un cúmulo de sustantivos deseables.

 

Es cierto que Blanca espera con ansiedad que pasen pronto estos dos meses y mira con envidia a la Virgen María que en el belén del cuarto de estar ya tiene a su Niño en los brazos.

 

Si María viviera en nuestro tiempo, su embarazo se habría considerado de alto riesgo: 16 años, dificultades económicas… Probablemente los vecinos y el Área de Salud del Ayuntamiento de Nazareth le habrían aconsejado “piadosamente” que abortara, pero, además de ser una mujer de bandera, quizá habría tenido también una responsable local de RedMadre para ayudarle a resolver los problemas de verdad: le habrían facilitado un coche para el traslado a Belén y una clínica donde dar a luz, y más adelante una vivienda y un trabajo para José en Egipto.

 

El belén lo pusieron el otro día entre Blanquita, Miguel y Juanito bajo las dirección de sus padres.  Tiene figuras regordetas, huertas y un río de plata que se refleja sobre el portal en forma de estrella.

 

Juanito, el más pequeño, mira al Niño en el portal y mira después el vientre de su madre. Es rubio y tiene cara de ángel, pero la sombra de Caín planea sobre él como sobre cualquier mortal desde la más tierna infancia. Para que luego digan algunos que el pecado original no existe.

 

El rey de la casa ve peligrar su puesto en estos días, como un nuevo Quico, el protagonista de la novela de Delibes “El Príncipe destronado”. Por eso ha llegado del cole hecho una pena y su madre ha tenido que limpiarlo armada de paciencia,  se ha quedado un rato castigado en el baño por negarse a lavarse las manos, ha berreado hasta la extenuación y, por fin, ha claudicado al verse en minoría: se ha plegado al gesto de higiene, eso sí, mojándose el jersey hasta los codos, ha pedido perdón -sin perder la dignidad- y, a continuación, se ha comido cinco chocolatinas como venganza, encaramado a la mesa del cuarto de estar.

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Una respuesta to “Buena esperanza”

  1. eclisada diciembre 20, 2006 a 14:00 #

    Realmente a Blanca se le puede dedicar el poema que Chesterton le dedica a Sta. María.

    Las dos mujeres

    Mira! Muy rubia es la que conoce los caminos de la alegría
    Vieja en la burlona sabiduría del placer,
    Los ojos que podrían ser esquivos a la adulación, tiernos;
    La cabellera que podría ser plateada por el conocimiento, de oro,

    Pero tu eres más que todo esto, Oh mi Reina!
    Porque tu estás vestida de lágrimas y antiguas guerras;
    Y mirando hacia delante, enmarcada por una corona de espinas,
    Vi la cara más joven de todos los planetas.

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