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De dónde vienes y a dónde vas

17 dic

 

“El hombre moderno es semejante al viajero que olvida el nombre de su destino y tiene que regresar al lugar del que partió para averiguar incluso dónde se dirigía”, dice Chesterton (en G.K. Chesterton. Sabiduría e inocencia, de Joseph Pearce).

Entiendo ese “tiene” por un “debería” porque de momento no se le ve muy dispuesto a regresar al punto de partida. Es más, carece de todo interés de dirigir sus pasos a ningún lugar preciso que le dicte la razón y que limite su capricho de probar.

Y algo más aún: ni siquiera entiende porqué deben existir caminos y no campo a través. Ni cuál es su nombre de pila, lo que dificulta enormemente poder rescatarlo del laberinto que él mismo se ha construido. 

Puestos a seguir un camino, seguirá muy ufano la senda por donde trota la piara azuzada por el lobo, aunque acabe en el borde de un precipicio.

La nueva tiranía

10 jun

El lunes recibimos el puñado de libros que habíamos encargado en la librería. Del montón asoma La nueva tiranía, de Juan Manuel de Prada.

Ojeo la solapa por si se trata de un libro inédito o más bien de la recopilación de sus artículos publicados en prensa. Me desilusiono al ver que el contenido no es  novedoso, al tiempo que escamoteo el libro antes de que nadie le eche los tejos. Leo la introducción dudando si no será demasiada sobredosis de Prada, de su látigo, de sus epitetonianos excesos.

Cuando me percato, he terminado el capítulo que desgrana las señas de identidad del mátrix progre, como acierta a denominar la telaraña donde la corrección política anestesia a la ciudadanía con sus promesas edénicas.

Sin comerlo ni beberlo he recorrido medio libro sonriendo ante cada ferocidad, asintiendo eufórica a referencias de escritores y cineastas de común aprecio.

La nueva tiranía, editada por Libros Libres, no es una mera convocación de textos, tiene su propio hilo conductor, que trae a la memoria aquel sedal del Pescador del Padre Brown cuyo tirón decisivo está presente en una primavera romana; ahonda en las raíces de la traditio universal y personal, fustiga sin piedad a los profetas del pseudoparaíso.

 Merece la pena leerlo. Os dejo un anticipo:

 “Las tiranías siempre han mirado con suspicacia la dimensión intelectual y espiritual del hombre. Alguien que se sabe ser pensante y traspasado de trascendencia es más consciente de su vocación de libertad. Pero a la tiranía le interesa el hombre esclavizado: despojado de libertad, en el caso de las tiranías más rudimentarias y antediluvianas; o, mejor todavía, el hombre que ha olvidado que la libertad es una posesión consustancial a su condición humana y que, en su lugar, la considera algo que graciosamente se le concede desde una instancia de poder. Pero para que este espejismo resulte efectivo primero hay que lograr, mediante una minuciosa labor reeducadora, que el hombre reniegue de su libertad intrínseca; y para ello la tiranía contemporánea dispone de poderosas herramientas propagandísticas. En esta labor de mutilación humana, la tiranía emplea dos métodos muy eficazmente quirúrgicos: por un lado, la “desvinculación” del individuo, que lo torna mucho más vulnerable e inconsistente, al obligarlo a romper lazos con toda forma de tradición cultural que sirva para entender sus orígenes y su lugar en el mundo; por otro lado, su “fisiologización” salvaje, su conversión en un pedazo de aburrida carne que no tiene otro anhelo sino la satisfacción de unos cuantos apetitos y pulsiones, como un perro de Paulov.

Mediante la “desvinculación” se trata de borrar del “disco duro” del individuo todo sentido de pertenencia, quebrando aquellos vínculos que le sirven para hacerse inteligible. Por supuesto, la primera víctima de este proceso desvinculador es la educación: todas aquellas disciplinas que nos proponen un explicación de nuestra genealogía intelectual y espiritual, proporcionándonos una explicación unitaria de las cosas, son expulsadas de los planes de enseñanza, o condenadas a la irrelevancia. La historia, la filosofía, el latín y, en general, cualquier otra disciplina que postule una forma de conocimiento basado en la traditio (esto es, en la transmisión de saber de una generación a otra) son arrumbadas en el desván de los armatostes inservibles. Se transmite a los jóvenes la creencia absurda de que pueden erigirse en “maestros de sí mismos” y convertir sus impresiones más contingentes y caóticas en una nueva forma de conocimiento. Al privarlos de un criterio explicativo de la realidad, la nueva tiranía los condena a zambullirse en la incertidumbre y la dispersión; carentes de un criterio que les permita comprender la realidad, se les condena a ceder ante el barullo contradictorio de impresiones que los bombardean, a dejarse arrastrar por la corriente precipitada de las modas, por la banalidad y la inercia.

La tiranía, sin embargo, presenta esta amputación bajo un disfraz de libertad plena. Sabe perfectamente que las personas a las que no se les proporciona un criterio para enjuiciar la realidad son personas mucho más manipulables; por ello se esfuerza en presentar esa “desvinculación” como un espejismo de libertad”.

 

No hay bien que por mal no venga

21 may

Tal y como está el patio hay que ir pensando en invertir el refrán para conservar el ánimo. Todas las irrazones de “LA” ministra ponen el dedo en la llaga del problema, y eso es positivo.

La pregunta del millón se formula así: ¿el embrión es un qué o un quién? Es decir, ¿hablamos de un cotiledón de haba o de un ser humano?

La verdad es que no recuerdo que la cuestión haya tenido tanto eco mediático como ahora. En segundo plano, aunque omnipresente en la intención, está el derecho de la mujer a hacer con su cuerpo lo que quiera… o a que otros hagan con su cuerpo lo que quieran sin impunidad, abogando por su libertad -tan desinteresados ellos- y ahorrándose la co-responsabilidad.

Eso permite que los pocos que aún no hemos abdicado de la capacidad del hombre de razonar sobre las cosas que parece que existen dialoguemos acerca de ellas, en lugar de despachar, como Aído, a los científicos: “todo eso no es más que demagogia”.

En el fondo no hay que culpar tanto a la ministra de Igual Da (como la llama Burgos) sino a postmodernos como Vattimo, padre “intelectual” de esta generación de pensantes débiles, que al respecto dice: “No tiene sentido defender el derecho de cada concebido a la vida sin considerar cuáles son sus posibilidades concretas de tener una vida “digna de ser vivida” (…) La vida humana comienza cuando nace un objeto capaz de reivindicar derechos y cumplir deberes”.

Según esto, y a cuenta de la irresponsabilidad que nos circunda, ni la ministra a sus 32 años alcanza el estatus de ser humano. Lo que me lleva irremediablemente a sospechar de su condición de ministra.

La rebelión de los porqués

15 oct

Antes los niños eran filósofos y poetas; interrogaban con su mirada a la fila de hormigas afanosas y a las cochinillas peloteras y a un trozo de plastilina lleno de potencialidades, y a todo lo que se les pusiera por delante; nombraban el mundo con palabras inventadas y probaban la ciencia y la paciencia de sus padres con preguntas metafísicas: ¿por qué el sol?, ¿por qué la luna?, y la más terrible de todas que sobrevenía después de un silencio incómodo: …¿Y POR QUÉ?

Los mayores abrían primero los ojos y luego los cerraban con fuerza, como cuando uno se encuentra al borde de un abismo, y, después, no se sabe bien por qué, se enfadaban y gritaban: “porque sí”, “porque lo dice tu padre” o algo parecido, y llenaban los cuartos de los niños de juguetes sofisticados y su tiempo de actividades extraescolares. Hasta que llegó un momento en que los niños dejaron de decir por qué y empezaron a preguntar para qué 

Entonces, los mayores respiraron aliviados porque los niños empezaban a crecer y a madurar y respondieron muy seguros y orgullosos: para tener más dinero, para salvar al hermanito enfermo, para tener una casa más grande, mejores estudios, más juguetes, más felicidad, MÁS, MÁS, MÁS.

Curiosamente, cuanto más cosas acumulaban los niños, cuanto más preguntaban para qué, más solos y más tristes estaban, menos sabían y menos se les ocurría hacer. Y más tranquilos estaban los mayores.

De vez en cuando, en el colegio salía algún niño díscolo que se atrevía a preguntar POR QUÉ. Los padres se reunían, acordaban desaconsejar a sus hijos el contacto físico, como cuando hay un brote de sarampión o varicela o una epidemia de gripe.

El disidente, por algún extraño motivo, ejercía una poderosa atracción entre los demás niños. Y los porqués comenzaban a germinar en sus cabezas hasta hacerse tan grandes que el cerebro ya no los podían contener y salían a borbotones por la boca: ¿por qué a algunos niños los dejan nacer y a otros no?, ¿por qué es mejor tener una casa más grande que un hermanito?, ¿por qué ser economista y no bombero?, ¿por qué se muere la gente?, ¿por qué papá y tú ya no vivís juntos?

Entonces los mayores, muy preocupados decían: “el niño se hace preguntas raras”. Y lo llevaban al psicólogo.

Pero por muchos esfuerzos que hicieran, por más medios que pusieran los mayores, cuando un niño llegaba a ese punto ya no había nada que hacer. Los porqués echaban raíces en su alma y no había medicamentos ni esperanza de frenar su extensión y su transmisión.

Huracán Palin

9 oct

Me gusta Palin. No tanto como a Sánchez Dragó que estaría dispuesto a entregarle sus ahorros y dejarle poner el cepillo de dientes en su lavabo; no hasta el aturulle, el embeleso y la hipnosis, ni como Dante a Beatriz en el Puente del Arno, pero me gusta esta hockey mom, alaskiana y madre de cinco hijos. Por su estilo, etiquetado de puritano-sexy, y por la frescura con que defiende sus ideas hasta el punto de sumir en la perplejidad a las feministas, que ya no saben si han de temblar por que una mujer así pueda convertirse en vicepresidenta o aplaudirle por romper el techo de cristal.

La admiro porque se fugó para casarse con su novio a los veinticuatro años, lleva veinte años felizmente casada y la vida no le ha ahorrado sinsabores; porque está en contra de equiparar las uniones homosexuales al matrimonio y reconoce que su mejor amiga es lesbiana; porque se autodenomina feminista y está en contra del aborto y porque no es pro-life de las que luego, cuando el problema llama a su puerta, aborta a escondidas, sino que se siente –y lo dice- “bendecida por Dios por tener un hijo Síndrome de Down” -¡toma ya!-, y es la primera en salir a los leones de la opinión pública para anunciar que su hija de 17 años está embarazada, que le tocará madurar antes de tiempo pero que contará con todo el apoyo familiar. Y por muchas cosas más, entre las que no se encuentran ni su posición favorable a la pena de muerte y a la guerra de Irak ni sus insultos a Obama. Pero nadie es perfecto. Tampoco los candidatos demócratas a la presidencia y a la vicepresidencia.

Creo que lo que más me gusta de Sarah Palin es que acierta en la línea de flotación de lo que Taylor denomina “el relativismo débil”, al apuntar en su discurso y en su vida hacia ese “horizonte de significado por el que algunas cosas valen la pena y otras algo menos y otras no valen en absoluto la pena”. 

Que muestra que, lo bueno de nuestra sociedad, es que “siempre habrá un escenario de lucha entre formas superiores e inferiores de libertad”. Que “por medio de la acción social, el cambio político y la captación de corazones y mentes, pueden ganar terreno formas mejores, al menos durante algún tiempo”. Y, lo mejor, que esta forma de autenticidad es capaz de despertar pasiones en un ambiente cansado de principios descafeinados y egocéntricos.

Por eso entiendo que muchas mujeres americanas, al ver a Sarah Palin, se sientan identificadas y digan: “Es como si yo pudiera mandar en la Casa Blanca”; que alcen sus pintalabios en los mítines como si fueran mecheros y concluyan que la mejor cualidad para dirigir el país es el sentido común de cualquier madre de familia. Aunque no sea perfecta.

La panacea del feminismo

20 jun

En La revolución silenciosa de Jesús Trillo-Figueroa se exponen sin morbo pero sin parquedad las truculencias sexuales -preferencias, dirían las feministas- de Jean Paul Sartre y su amante, compañera y madame de aficiones Simone de Beavoir, como ejemplo de la fatalidad a la que conduce el existencialismo.

 

Hace unos días la Junta de Andalucía se comprometía a garantizar por decreto que todas las mujeres, con independencia de su estado civil, de su orientación sexual y de su fertilidad, puedan someterse a la fecundación ‘in vitro’. (Lo cuento en Aceprensa, para suscriptores).

 

Encaja a la perfección con el pensamiento de Sartre: “Si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido, y este ser es el hombre, o como dice Heidegger: la realidad humana”. O dicho de otro modo por él mismo: “un ser que empieza por no ser nada, no hay naturaleza humana porque no hay Dios para concebirla”.

 

Así que solteras, separadas, viudas y lesbianas están de enhorabuena y podrán fabricarse hijos cuyo destino es crecer en un hogar monoparental o sin referente paterno y materno, o sea sin familia, que es la panacea de la liberación feminista: supresión de la diferencia, supresión de la maternidad, supresión de la familia.

 

La Junta de Andalucía viene a cumplir el sueño de Shulamith Firestone: “asegurar la eliminación de las clases sexuales. Lo que requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a las mujeres la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino sobre la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de los niños”, es decir el matrimonio y la familia.

 

Con ese argumento también se entiende que el actual gobierno -mascarón de proa del feminismo socialista- haya suprimido las ayudas a las asociaciones provida. 

 

Es coherente. Como el hecho de que Shulamith Firestone resida desde hace años en un hospital psiquiátrico. 

Como si nada

13 jun

El matrimonio Sarkozy-Bruni puede ser una bomba de fusión o de fisión, cualquiera sabe. Pero bomba al fin y al cabo. Carla, con sus cuarenta años, sus treinta amantes, su condición feminista, hedonista y libertina, es la reencarnación de mayo del 68. Y Nicolás –que representa el pensamiento anti-68- prometió que, de ser elegido presidente, “pasaría la página de la revolución estudiantil”, “acabaría con su espíritu”, y “liquidaría su herencia”.

 

“En estas elecciones, se trata de saber si la herencia de mayo del 68 debe perpetuarse o si debe ser eliminada de una vez por todas”, dijo Sarkozy en abril de 2007.  En mayo ganó las elecciones, pero en diciembre los rotativos publicaban los rumores de noviazgo con la Bruni y en febrero de 2008 sonaban campanas de boda. Cualquiera diría que con aquella frase, el entonces candidato deshojaba margaritas.

 

L’amour! Todo es posible. Para Nicolas Sarkozy, el “Mayo del 68″ francés es la fuente de prácticamente todos los problemas del país. Y en esa fuente ha ido él a beber con ansia adolescente.  

 

“Tú eres mi droga. Más letal que la heroína de Afganistán y más peligroso que la cocaína colombiana”, dice una de las canciones del último álbum de Carla Bruni. Según la primera dama no pensaba en Sarkozy al escribirla. Es más que probable. Pero lo seguro es que bien podría decirlo de ella el presidente galo.

 

Para empezar, la canción ya ha generado el malestar del canciller colombiano. No quiero ni pensar en la reacción de Al Qaida desde Afganistán.

 

Je suis une enfant/ Malgré mes quarante ans/ Malgré mes trente amants/ Je suis un enfant (Soy una niña/ A pesar de mis 40 años/ A pesar de mis 30 amantes, / Soy una niña).

 

Y todo “comme si de rien n’était”.

 

 

 

 

 

La muerte de una madre

21 may

Sigo andando detrás de Casiopea por la calle de Jamás. En su caparazón leo estos días los brillantes ensayos del filósofo Alain Finkielkraut recogidos en Nosotros, los modernos, cuya lectura me recomendaron hace algunos meses.

  

En ‘El Moderno y el superviviente’, el autor explica el giro copernicano del pensamiento del escritor y semiólogo francés Roland Barthes a propósito de un suceso luctuoso y lacerante:

 

“Barthes dejó de considerarse moderno y de ir y venir de sus criterios a sus gustos cuando vio morir a su madre. ‘De repente, se me ha vuelto indiferente no ser moderno’: su cambio de actitud no proviene de una reflexión doctrinal, sino de un acontecimiento. Un acontecimiento íntimo e ínfimo con respecto a los valores indisolublemente políticos y artísticos que estaban en juego en su adhesión a la modernidad. (…)

 

No sé cómo caería esta frase en el entorno y en la época del escritor, pero lo encuentro una provocación para el sistema que da algunas pistas de los motivos por los que esta sociedad se empeña en huir a toda costa del dolor y camuflar como sea el hedor de la muerte.

 

Y esa idea de ‘acontecimiento’ me lleva a pensar en el suceso histórico de la muerte de Cristo por amor a nosotros y, desde esa perspectiva -locura y necedad sumas-, entiendo también a qué viene tanto revisionismo histórico y tanto laicismo belicoso.

 

Continúo con Finkielkraut y su análisis de la vivencia de Barthes:

 

¿Por qué? Porque el duelo le convirtió en un superviviente y no es posible ser a la vez superviviente e integralmente moderno. Porque en el simple hecho de sobrevivir a los seres que amamos existe un desmentido a la representación del tiempo que transmite la idea misma de moderno.

 

El Moderno es alguien a quien le pesa el pasado. El superviviente e alguien a quien le falta el pasado. El Moderno ve en el presente un campo de batalla entre la vida y la muerte, un pasado que ahoga y un futuro liberador. El impulso del superviviente hacia el futuro está roto, porque ama a un muerto. El moderno es alguien que corre más rápido que el viejo mundo porque tiene miedo de que éste le atrape –‘Corre, Camarada, el Viejo Mundo está detrás de ti’, decía uno de los eslóganes más famosos del 68-, el superviviente corre detrás del viejo mundo, sabiendo que no tiene ninguna posibilidad de atraparlo”.

 

Porque “lo peor de todo”, lo absolutamente perturbador e inquietante para el sistema, es que el cristiano no es ni siquiera un superviviente, pues no ama a un muerto sino a la misma Vida, que era, que es y que será. No tiene necesidad de correr: ya ha llegado. Todas las cosas -pasadas, presentes y futuras- son suyas, y él, de Dios.

 

Todo excepto el ruido

14 may

¿Qué verán Nicolás Grimaldi y su esposa desde el ancien far de San Juan de Luz? “Del 68 queda todo excepto el ruido. Lo que antes era ruido se han hecho silencioso, lo estrepitoso se ha hecho trivial (…) Lo que más caracteriza al hombre contemporáneo es, en mi opinión, su gusto por la inmediatez. El orden del día era y aún es: ‘Todo enseguida”.

 

Ojeo NT después de la llamada del subdirector de Radio Universidad de Navarra que quiere hacerme una entrevista sobre el reportaje de las damas. Intento excusarme con que quizá no encuentre hueco en mi apretada agenda…, pero al final sale uno pequeñito entre las llamadas de Carla Bruni y Sarah Brown. Por ser “la Uni”.

 

Leyendo me entero de que se cumple el centenario de Ortodoxia y de lo de Grimaldi y su faro, que es como Diógenes y su tonel pero con toda la magnitud del mar por delante contagiando de azul la mirada, que no es poco; toda la intrahistoria con sus tormentas pasajeras, con su aparente quietud, sin ruido, pero surcada de peligrosas corrientes marinas. Y me acuerdo -caprichos de la memoria- de aquellos dibujitos del pensador cínico que pintaba Rosa para aligerar nuestras vigilias de estudio, chocolate y coca-colas robadas de la despensa.

 

Lamento no haber sabido antes esto del faro para ir a visitar al pensador francés y lamento enterarme de que en abril hubo un homenaje a D. Gonzalo Redondo, aquel profesor que dividía la clase en dos: los que sabían responder a las preguntas de la profesora Montero y los que sabían responder a sus preguntas. Yo era de los segundos. Me fascinaba aquel piélago inmenso de cuestiones: ¿por qué es importante preguntarse porqué? Todavía conservo aquellos apuntes de Filosofía de la Historia.

 

La conversación con Iñaki me trae también recuerdos de los caminos como corrientes en el mar verde del campus, con la Olivetti y las hojas de calco para las prácticas de radio en la vieja torre del central que se levantaba como un faro sobre el rumor de los álamos. 

 

Cuarenta años después de aquellas revueltas estudiantiles, y pasado el ruido del maremoto, aún llegan cadáveres a las costas de la postmodernidad. Afortunadamente yo no estuve en el lugar ni en el momento preciso, aunque soy sensible a las réplicas. A mí la travesía universitaria me dejó la mirada glauca del campus de Navarra, el eco de la pregunta del profesor Redondo y la certidumbre de que todavía queda demasiado por saber como para andarse con tantas prisas.

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